OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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Poemas

 

Rafael Vilches Proenza

 

Poema

A Carlos Manuel Pérez Ávalos.

 

Los amigos mueren
pueden dibujar el ataúd
                                 las lágrimas
                                              la casa vacía
presagian el dolor y las flores
                                             no se despiden
                                                          no hacen las maletas
nos dejan un golpe de playa y parten
no vuelven los ojos
                              saben de su permanencia
no estarán presentes en su despedida de duelo
son palabras previstas desde siempre
en el cuerpo abierto sobre la calle
dejan escapar todas las estrellas
sin un sólo grito
                ni una palabra de arrepentimiento
Los amigos dejan todos los árboles desnudos
y un sabor en la palabra a la hora del café
con un silencio a voces que espanta
                        que nos pone a rotar en la cruz.

 

De Dura silueta, la luna

Y si murmuro

Si mis labios dicen libertad
mi corazón esponjado late
por esta isla que son mis ojos
atravesados por el mar
por los pocos hombres que conozco
o la mujer que amo
y mi voz suena hueca
mis pasos no dan con su destino
me desgarro hasta la deslealtad
disiento
y la mudez de estos años me protege.

Donde crecen los álamos

No hay en mi memoria álamos ni olivos
no he pasado el umbral ni la noche
mi cuerpo es dócil
los días se vienen con dureza
¿Dónde crecen los álamos?
¿Dónde los olivos?
Es duro el viento
en mi portal cae la lluvia
mi pecho quiere comer aprisa
su soledad su miseria
¿Veré los álamos?
¿los olivos?

No os asombréis

A la memoria de Albert Camus

 

En la ciudad han comenzado
a morir las ratas
Que el temor
no se apodere de la ciudad
prisioneros      no importa
no os asombréis
en estos tiempos de peste
morirán
ejemplares mayores.

En casa

¿Qué diré
si se personan lo amigos en casa?
¿Con qué ojos de polvo
le muestro la lluvia
las galerías tejidas en el frío?
Estos árboles
que lanzan sombras sobre el corazón
Si llegan los amigos
¿tendré manos para ocultar los agujeros
que las olas no logran disipar?
¿Y si los amigos
      traen
            manos
                     pasos
                               ojos?

Estoy

Prendo el adiós a la casa
no la heredé de antepasados
la locura
el amor que despierta la sed por la palabra
esta enfermedad
el fuego por penetrar a mis amantes
no sospechan que
sostengo la mentira
soy el sagrado corazón de mi padre
heredero de lo que maldije de él
por lo que mi hijo me ha de crucificar
y esa mujer que
hoy me incinera
en esta casa que no será el buenos días
me dará muerte en la esquina próxima
donde dibujé un corazón
con su nombre
Padre perdón
por no asesinarte el año de mi parto
mi muerte es la soledad el silencio
mis pasos que se alejan sin tu bendición
el adiós que dejo prendido en la casa

Esta es...

Esta es la casa que dejo
donde ha de crecer mi ausencia
mi nombre en alguna pared irá cayendo
sin mi consentimiento
sin la tierna esperanza de recuperar
lo que queda
toda partida implica muertes
los comensales asistirán a mi mesa
ya no estará mi palabra
para prender la lumbre
y agradecer a Dios

 

De El único hombre

Poema

Hay en ti agua del agua petición transparente
cruza dúctil el azul redondos océanos
inquietos abismos escapan sin consentimiento
les veo retozar parejos en el paisaje
pensativos libres
torcazas arriban esta mañana sigo su rumbo jíbaro tras sus cuerpos
alguien irrumpe no asimilo estas estereofonías
maldigo
los cielos bajan me oprimen los soles me humillan
esta es la casa de las luces
voces que chocan contra equipo desquiciante esquizofrénico
hoy lluvia mis rencores nadie toca a mi puerta a preguntar por los amigos
ellos se marchan no escriben
sigo tatuando el árbol con sus palabras
madre acuna estas soledades me disfrazo me alejo
cruzo de la mano de mis náyades adormiladas con sus corazones descubiertos
no me importa la diferencia de su mirar
el asere de enfrente me machuca con su piquera de caballo
subo sobre la casa mis soles de agua
él no sabe de iluminaciones deja que sus animales beban agua con mieles
los veo orinar mis pasos
mi vergüenza cae pestilente floto en luz
nadie observa mi vuelo no hay respeto
me escondo en los gladiolos soy hormiga de las begonias
acuno bajo los astros el cantar de los gallos
se multiplican los secundo como perro en celo
mortifico a la luna soy el agua circular de las constelaciones
aljibe en la memoria marco la pausa
las rejas me separan de las primeras olas
primicia horizontal entorpece la diferencia
me planto nada cambia el jardín es un disfraz vulnerable
los caballos piensan el maíz entre sus molares
tamborileo consumo mi ira contra el dueño de las bestias
disperso entre primaveras rutilantes me fulmino me confundo en su aliento
me dejo ingerir hasta la saciedad
Soy calma en su intuición aguas albañales por donde escapa tu imagen
gorjeo en la orina soy ficha indiferente en tablero del asere
con los arreos en ristre no sabe de pájaros silvestre
lo veo embrutecer a sus congéneres
dibujo en mis begonias avecillas perfumadas
para ser margen de meados circunstanciales
mientras trajina estas comunes disquisiciones
recorren en azul océanos destilados alimenticia estancia vertiginosa la casa
puedo en esta hora circuncidar el ámbito en que sobrevivo
con arma blanca en el paladar distiendo estas profundidades de aromas añejos
me abro paso a sangre y deshago el muro
catapultándome por encima de los caballos
tacho al asere en mi silencio hago de las ninfas un paréntesis de agua
y sumerjo los abismos indispensables al centro de mi existencia múltiple
corroboro el andar nefrítico de mis años convivencia mutilada en esta calle
aquí no prosperan los pastizales ni la divina indecisión de hojaldre
no hay manos para hornear los postres ni el balido canto de enternecer mis horas
los amigos especulan el país y yo muero en sus verdades
el vecino no entiende a esta altura mis muertes
ni mis salidas con niñas uniformadas en sus coletas deposito mis trenes
mi lascivia ante sus navíos tropicales se encumbra
soy grávido a cuerpos en pubertad
y entre tanto hilo el orín proporcional de los corceles
río comunitario de mis espectadores
danger
calle propensa a diluvio de pis
por donde irán como barcazas los gladiolos y las begonias
y el rastro de los vecinos que ignoran mi silencio esta balsa de Noe
labro el jardín restauro las paredes de casa muro occidental
los veo hacer sus horas desde el alba mundo circular
pasan junto al carruaje el asere saluda ellos sortean el artefacto de tracción
los alazanes pastan alimento de contrabando
he despedido a la puerta de mi templo a las náyades
dilapido mi soledad en presencia del propietario del establo
miro a las constelaciones que me invento astros de agua atados al techo de casa
digo buena noche me instalo en la camilla de mi celda
mañana no sé si sea mañana otro día de agua.

Eran mis compañeros de pieza o celda

que a ello y no a otra cosa se asemejaba el cubículo, ...
Tomás Harris

 

El país que somos parece deshacer esta calamidad
nos abruma el diálogo sostenido nos cobija este juego de tierra
de orilla a orilla no hay confesionario santos flotantes
música que denota la noche insular
a quién engaño con estas simulaciones asalariadas
asamblea que retuerce el sistema hidráulico
los grifos no funcionan en mi cabeza quién recibe el jaque
amo las mañanas en que amanezco desorientado
el bullicio me retorna indiscutible a la farsa
mi felicidad es la víspera del nacimiento cuantos años me suman al martirio
quién apuntala mi nombre en listas de extranjería
hace fuego en los deshechos de oficinas
a la puerta del árbol carcomiéndose en sus fueros íntimos
en estos lares donde desembarcan traiciones maquillo mis caras
soy uno más en la mecedora desde el portal escucho las dobleces
en el patio caen las pencas de palma las aves enmudecen
no son animales de turno bestias momificadas
embadurno el discurso engullo gasas algodonales para que mi clamor
no delate la inconformidad de este país viento
estos habitantes ambivalentes el miedo bajo la coraza
sus corazones silvestres sus voces zumbidos de abejas bajo lluvia
este lamento que me atormenta techo de zinc
recibiendo toda el agua del alma y el desamparo
tres calaveras un almirante tirando hacia la cascada más significativa
inmolación en masa frente al paisaje vejado en su totalidad
jamás ves pasar la carroza las flores quedaron en desuso
el abedul del patio fue cercenado lo vi correr aguas abajo
a los niños lanzar inocentes piedras en las noches no poseo árbol para orinar
sentir el vaho subir desde el tronco a mi nariz a la vastedad y sus puntos luminosos
olvidar distraerme ese único instante
el árbol ni su descendencia prosperaron en mi jardín
yo era su perro levantaba mi pierna él recibía mis residuales domesticado
lo vi descender simple madero quise ir en las mismas aguas
sufrir el mismo destino del abedul no ser la permanente impostura
rompimos con el clima y nos instalamos en la primavera de hierro
fuimos irreconocibles al antifaz de adobe
rastrillo en mano nos apropiamos del gozo póstumo
cosechar en casa todo el pánico húmedo disperso y tendencioso
familiares máscara para sobrevivir a la tempestad tala indiscriminada
orino a limpia noche la estatua del abedul metálico
en la plaza donde almaceno las furias de la mar
temo mis hijos vuelen su primer papalote o regalen su primera flor
esas cosas escalabran corazones
ellos no saben de mis odios y esta manera mía de temblar
ahora que la lluvia en su calma sigilosa
me concede el dolor de mis muertos no todos serán sepultados en el patio
hay cuerpos vetados tendrán que asimilar otras ceremonias
hago del barro sus rostros  disentidos que miran el dedo gordo de su huella
vergüenza de sol con agujeros visibles no serán las mismas palomas
posándose en sus hombros de granito rígido
encenderé cirios por una ciudad de paz donde sus muchachas
acaricien la piel de las estatuas a la caída del sol y canten enternecido sus cuerpos
bajo la luz insistente de sus carnes no hay rezo posible aquí no llueve desde siempre
escucho a mi hijo decir hay que compartir cuando la ración potable se agota
y no río mi lástima en sus palabras le sembraré un pino justo donde tuve un abedul
el sanitario precisa del cielo y sus luminosidades
a mi edad un país enferma pone a mecer la zozobra al borde del agua
a fumar la historia hacer mutis ante los mandamientos de Dios
ya no sabemos la sagrada inclinación permanecemos en el viento
es noviembre nada se sabe  cómo culminaremos el año.

Profecías en el país que somos

los vivos oyen, con oído fino,
el silencio insepulto...
Roberto Manzano

 

El último parte sostiene la guerra es simple escaramuza
la reyerta devuelve a casa soldados rompecabezas
novias mutiladas fragmentos cardíacos.
en regazo materno esta tarde se escuchan impactos de fusilería
la aviación ronda nos disturbia
las mujeres son un manojo íntimo rosario de amapolas
allende el hogar todo se distorsiona los hijos asisten no regresan a ser sonrisa
el bullicio las horas terminales en familia alrededor de las ventanas
inventan el mapa de casa junto al fuego estirado hasta hilarse en el techo
hacer cabriolas y mortificar a los padres justo ahora el día se distribuye
y asciende entre sus manos comunes asidua espera muerte de su prole
ojo de ave nacional en la mesa del dominó cisterna de aguas patricias
coros unánimes hacen cristales el silencio detona la mar fragmentada
prisma salino horizonte arco iris cortina salta todo al vacío dislocado.
Las noticias esta mañana gases lacrimógenos en la grafía del papel
ascendientes patrios lanzan gritos osados frente a las campanas
por tierras de Manzanillo Valle del Cauto aguas de Bayamo
labran desde mis órganos música del cuerpo profundo
banderas desquiciantes azotan los disturbios
aves en desbandadas hacia las brumas y el olor a pólvora
para escoger el arroz boleado a las plumíferas que permanecen en aleros y canales
por donde la sangre dará traspiés cuando sé la calma tregua mortuoria en esta tierra
asomo la cabeza al fondo del pozo en el patio mi rostro no es reflejo
no soy agua temperatura de los míos en profundidad giro al centro
carestía en el brocal permanecen los nombres propios del país helecho
por donde baja mi azoro penurias de la batalla
en los árboles el muérdago florece incauto al infortunio puedo ser un arbusto
un animal pastando en los escombros ignorar los zumbidos de los proyectiles
ausente a las muertes en campo de combate no diferenciar lunas y soles
lumínicos en la anchura acostarme sobre el pasto escuchar el rugido
gritos de hostilidades hombres de casa son solo recuadros hongos en la pared
hoguera perenne las huestes se aproximan pernoctan en mi zozobra.
Cuando culmine la guerra veré llorar a los generales
interruptos sacarán los mapas extendidos sobre el tablado de asilo
contarán la historia torciendo rumbos proyectiles
columnas de Oriente a Occidente.
La guerra está en camino he comprado cinco higos
dos canisteles para refrescar las detonaciones y la demencia
almaceno las semillas para cuando pase la contienda
he puesto los riñones en sumo de limón
a la palma de mi mano sangra el combate
me miro lúdico en agua de pozo
tirarme a suerte entre plantas de jardín ellas me aroman los temores
mi padre se jubila por estos días ya no lo reclutan
Hago los símbolos de la nación con subterráneas aguas
pondré a girar la buenaventura de la casa
Soldaditos de plastilina juegan se descomponen hijos familiares póstumos
divertidos banderillas contra las fuerzas castrenses
que no invadan el recinto del pez el cuadrado de cepillo mi pálida resistencia
ellos al poder a la gloria en  escafandra yo a escobillar mis humillaciones
si hablo en vox pópulo me quedo sin el sustento
mis plantas necesitan de mis miedos
mutis que me defeca ante las fuerzas del orden
esta descomposición acarrea mi desdoblamiento
Soy lánguido adoctrinado aquí nada deja de ser en blanco y negro.

 

De Trazado en el polvo

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Carlos Victoria

Foto: Pedro Portal

Sumario

Este Lunes

En Argentina, la crisis de 2001 no ha refrenado la creatividad

Eloïse Cohen-De Timary

Gloria Lorenzo: la magia de las pulsaciones imprevistas

Antonio Orlando RodrÍguez

El visionario Phillip K. Dick

Blanca Anderson

Crítica de la Razón Crítica

Ignacio T. Granados Herrera

Malara: la reconquista de un reino

Pedro A. Assef

Redescubriendo a Teresa Wills Montt

Laura García

De la luz y sus contrastes. El aura de la soledad

Rosa Marina González Y Manuel Gayol Mecías

La ley de Herodes: ¿retórica del poder o dialéctica cinematográfica?

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Carlos Victoria

Otros miran

Ariel Arias

OtroLunes conversa

con Gustavo Faverón

“Prefiero las novelas que colocan al lector en una encrucijada moral”

con Mari Pau Domínguez

“La novela histórica ha sido un grandísimo descubrimiento”

con Dora Varona

“Soy tremendamente cubana”

con Ronell González

“Confesiones de un grafómano”

con Emerio Medina

“Ser escritor era algo muy poco común en mi barrio”

con Luis García Jambrina

“El libro digital es el futuro que no aguarda a la vuelta de la esquina”

Punto de mira

Contar es un placer. Antología del cuento latinoamericano

Una antología singular

Prólogo

Botón de muestra

César Verduguez

Marco García Falcón

Carlos Oriel Wynter

Cuarto de visita

con el escritor chicano Rolando Hinojosa-Smith

Biografía

Capturados vivos. Entrevista

El mundo enterrado en el sur de Texas. Entrevista

Por esas cosas que pasan (fragmentos)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

El martillo y la hoz

Emerio Medina

Relato

Historia de Juandormido

Luis Felipe Rojas Rosabal

Relato

Instrucciones para desobedecer al padre

Osvaldo Antonio Ramírez

Fragmento de Novela

Aún hay jueces en Berlín

Ricardo Bada

Waltz with Bashir

Laura García

La marmita, de Poesía

Marmita de octubre

Alberto García-Teresa

Final

Antonio Méndez Rubio

Poemas

Rafael Vilches

Poemas

Belén Artuñedo

Poemas

Ronell González

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Carlos Montenegro. Un escritor hijo del presidio

Junot Díaz y las rebeldías cotidianas

Eliseo Alberto y la espiral devoradora de la palabra

Rosa Montero y las leyendas esenciales

Recycle

La futura esclavitud

José Martí

El socialismo y el Estado

León Trotsky

De lunes a lunes

El venezolano Rafael Cadenas obtiene el premio FIL de Literatura 2009

Inicia editorial Iduna homenaje por el centenario del natalicio de José Lezama Lima (1910-2010)

Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2008 a la cubana Yamilet García Zamora

Iduna en la Feria Internacional del Libro Miami, 2009

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

España, aparta de mí estos premios

Fernando Iwasaki

El único hombre

Rafael Vilches Proenza

La inutilidad de un beso

Javier Puebla

¿Qué les digo?

Varios Autores

Bajo un millón de sombras

Andrea Busfield

Deseo de ser punk

Belén Gopegui

A cargo de Alberto García-Teresa

No duerme el animal

Ada Salas

Animales animales

Xoán Abeleira

Cerval

Daniel Bellón

La aldea de sal

Lêdo Ivo

Vía Láctea

Kjell Epsmark

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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