


«Carlos Victoria (1950-2007) fue el centro de un artículo que, a raíz de su muerte escribí en esta misma revista: “Se puede ser una isla dentro de una isla. A esa condición en la que alguien se encierra en las olas de su propio mundo se le ha llamado insilio. Y son muchos ya los escritores y artistas cubanos que han constituido esas islas, destacando como manchas de luz en la oscuridad a la cual los ha condenado la isla mayor que, también, habitan. El insilio, además, como se sabe, no es una condición insular: no hay que vivir en Cuba para estar a riesgo de convertirse en una de esas islas, y bien hemos sabido que hay unos cuantos que han cabalgado por esos mundos con sus dos islas a cuestas (la que padecen desde el insilio y la que observan desde lo lejos de su exilio).
Carlos Victoria (…) ha cerrado con su muerte el último puente que nos llevaba a una de esas islas. Habitante de uno de los más largos insilios que conozco (ése que arrastró desde Cuba a los Estados Unidos y en el cual se sostuvo creando un mundo literario que sólo unos pocos favorecidos conocimos en su totalidad), Victoria es, aunque parezca exagerado, junto al también cubano Guillermo Rosales, una de las rocas sólidas de las letras cubanas del siglo XX, y su espacio, ganado sin concesiones al facilismo y a las modas tantas que pululan ensombreciendo la narrativa cubana de los últimos cincuenta años, lo coloca en el plano de grandeza de Reinaldo Arenas (con quien compartió sueños literarios y amistad), Severo Sarduy, Lino Novás Calvo, Guillermo Cabrera Infante y Jesús Díaz, por mencionar solamente a los que “se fueron” estando lejos de su isla…”
Otrolunes, pasados ya dos años desde el fallecimiento de Carlos Victoria, decidió dedicar su dossier de autor a este acercamiento, brevísimo en comparación con la huella literaria y personal de Victoria en nuestra cultura. Y es un acercamiento que pretende servir de flecha que indique el comienzo de un camino hacia una de las narrativas más genuinas e importantes en la historia de las letras cubanas y de lengua española. Para lograr lo que aquí podrán encontrar nuestros lectores recibimos la ayuda de uno de los albaceas de Victoria, el escritor y periodista José Antonio Évora, de algunos escritores cubanos, también amigos de Carlos Victoria: Daniel Fernández, Germán Guerra, José Abreu Felippe, Juan Manuel Salvat, Luis de la Paz, Reinaldo García Ramos y Rodolfo Martínez Sotomayor, y la colaboración de otros muchos, como se verá.
Una sola nota triste ha ocurrido al preparar este dossier, una muestra de hasta dónde Carlos Victoria tenía razón cuando en uno de nuestros intercambios escribió: “soy pesimista, querido Amir, no veo que los escritores y los intelectuales cubanos, de allá y de acá, lleguemos a estar unidos alguna vez, y hasta hoy he comprobado que eso se aplica incluso a las cosas más sencillas (8 de abril del 2006)”. Y es que, de todos los mensajes enviados por nosotros pidiendo colaboraciones, recibimos rápida y automáticamente respuesta de muchos de escritores del exilio, enviandonos textos o autorizándonos a utilizar otros; pero de aquellos que escribimos a la isla por diversas vías, invitando a participar con opiniones sobre la obra y vida de Carlos, los que recibí confirmaron algo que ya sabía: reconocían la grandeza que se le atribuía a Carlos Victoria pero no se sentían con suficiente criterio para opinar pues no habían leído casi nada de su obra. Gracias queremos dar, de todos modos, a esos colegas.
Más triste que la confirmacíon de que la obra de este narrador sea desconocida en la isla incluso por sus colegas, es decir que algunos, de quienes sabemos que sí conocen la obra de Carlos, entre ellos cierto escritor con un alto cargo político (que por cierto, todavía se ufana de ser “amigo de Carlitos”, que así le dice en los sitios públicos) ni siquiera enviaron una negativa, una justificación, nada, sólo el clásico silenciamiento que hace muchos años se estila en el mundo intelectual de la isla hacia lo que no venga por los cauces establecidos. Pensamos, inicialmente, no comentar nada al respecto. Pero luego decidimos que quedarnos callados, incluso aunque algunos pensemos que podamos justificarnos apelando a la decencia y al respeto a la memoria de un hombre que jamás hizo nada para dividir, nos parece una falta de respeto a ese hombre, Carlos Victoria, y a todos los que se han sumado a este homenaje.
Finalmente, queremos advertir que este es un dossier incompleto: todos aquellos que quieran colaborar con escritos sobre la vida y obra de Victoria, fotografías, anécdotas, etc., pueden seguirnos enviando esas colaboraciones (info@otrolunes.com) que iremos colocando en nuestra revista con una única pretensión: que sea un dossier desde el cual, parafraseando algo que les resultará conocido, todos los caminos conduzcan a Carlos Victoria.»
Amir Valle, Berlín, Octubre de 2009