

Ari y Boaz combatieron por la milicia israelí en la llamada Guerra del Líbano, en 1982. Sin embargo, Ari no recuerda absolutamente nada de ese período de su vida, es como si su memoria lo hubiese sepultado totalmente, mientras que Boaz viene soñando con el día en que mató exactamente a 26 perros y creyó que Ari lo podría ayudar a entender.
Después de conversar con Boaz, Ari necesitó imperiosamente remover los recuerdos de su militancia en la guerra y reencontrarse, por muy doloroso que fuera, con la historia de Bashir y de la masacre de Sabra y Shatila
A la conversación con Boaz, le sucedieron entonces una serie de conversaciones y entrevistas que el mismo Ari realizó, uno a uno, a sus amigos de aquella época y también a ciertas personalidades, como el aclamado periodista de guerra Ron Ben-Yishai, quien fuera corresponsal de guerra.
¿Qué tiene Waltz with Bashir además de los notables diálogos que sostiene Ari y la potente historia que los contextualiza? Su innovadora forma que mezcla la seriedad de un documental con la frescura de la ilustración animda.
Según ha contado en varias entrevistas David Polonsky, director artístico y responsable en su mayoría de la ilustración y animación de la película, Ari Folman le propuso realizar este documental sobre una historia personal que lo ha marcado profundamente, pero en formato animado. El resultado ha sido especialmente bello. La estética de la animación – que utilizó la técnica del flash, más económica pero sin arriesgar un ápice de calidad – combinada con un guión bien elaborado, personajes bien caracterizados y suaves transiciones que permiten al espectador vivir junto a Ari su experiencia catártica, hacen de Waltz with Bashir una pieza de arte valiosísima.
Además de jugarse por una estética innovadora, Ari Folman también apostó a la temática. Por un lado está el perfil de la guerra desde la vivencia que cada uno de los entrevistados narra y casi todos tienen en común cierta indiferencia con esa época, cierta paz con esos recuerdos, a fin de no volverse locos por algún remordimiento. Por otro lado, está el perfil del presidente libanés Gemayel Bashir, católico moronita que se gozaba de gran adhesión de su pueblo y cuyo asesinato desató sucesos trágicos, entre otros, la masacre de Sabra y Shatila, una cruenta intervención en el campo de refugiados palestinos que llevaba dicho nombre y que en cierta medida fue posible gracias a la indiferencia u omisión de las fuerzas israelíes que circundaban el campamento. Es por esto que Waltz with Bashir se transforma en una especie de exorcismo, de catarsis, en la que Ari Folman recaba hasta el último dato que necesita para reconstruir el recuerdo de su participación como soldado en una guerra que involucró una masacre indescriptible, aun cuando él no hubiese participado directamente de la misma. El ejercicio de buscar a cada uno de sus amigos y preguntarles por ese hecho que todos prefirieron olvidar para continuar sanamente con sus vidas, no es otra cosa que una pelea contra el olvido. Y el mejor campo para librar una batalla en contra del olvido es, sin duda, el arte. Ari lo sabe y por lo mismo se arma de valor para emprender el camino que lo llevará a recomponer recuerdos, unir distintas visiones de esa época y reconciliarse con el soldado que fue, pero que había decidido borrar de su memoria.
El espectador no especializado que se dirige a disfrutar la película sin pretensiones de criticarla profesionalmente, termina tan impresionado y sorprendido como los críticos que la han alabado puesto que el giro dramático que Waltz with Bahir toma enfrenta a ese Ari Folman joven y soldado, con imágenes ya no animadas, sino reales, de las mujeres que gritan y claman el horror de la muerte que las rodea. Esta escena es poderosa en la película y se transforma en un golpe para cualquier espectador a fin de que no todo se quede en el terreno de lo animado y, por un instante, como el mismo Ari, todos recordemos que el origen de esa película es un sangriento hecho real.
Waltz with Bashir
Director: Ari Folman
Año: 2008
(Colombia, 1985). Periodista de oficio, fundadora del blog ArcoLibris y el sitio digital Club de Artes y Letras. En su trabajo periodístico ha entrevistado a decenas de los más importante escritores latinoamericanos de la actualidad. Actualmente vive entre Buenos Aires y Santiago de Chile. Es corresponsal de Otrolunes para América Latina.