

Carlos Montenegro (1900-1981) nació de padres cubanos pero en la aldea gallega de Arosa y se traslada a la Isla a los siete años de edad. Desde joven estuvo vinculado a los bajos mundos y apenas con 19 es llevado a la cárcel por un hecho de sangre. Este contacto temprano con un ambiente tan adverso como puede ser una prisión, marcó su carácter y determinó su vocación narrativa. Será un escritor hijo del presidio, que escapa de su celda componiendo cuentos para terminar enviándolos a escritores y publicaciones de la época y gracias a los cuales consigue, luego de ganar notoriedad literaria, la libertad.
Su primer libro de relatos El renuevo y otros cuentos nació tras los barrotes y fue publicado en 1929 por los empeños de intelectuales como Juan Marinello, que advirtieron el talento del joven narrador. Sus textos, basados sobre experiencias vitales, toman como héroes a los hombres y mujeres de las clases más humildes y exponen con dureza conflictos humanos de trascendencia universal. “El renuevo” es ya un clásico de la narrativa cubana y uno de esos cuentos en que la realidad puede parecer más bien fantástica.
De las experiencias carcelarias se nutre su precursora e importante novela Hombre sin mujer (1937), en que Montenegro narra una historia que transcurre en una cárcel habanera, donde convive el hombre sin mujer, al calor del trópico y bajo el salvaje dictado de su sexualidad. Cuenta el drama de un presidiario de poca cultura quien pese al contexto en que está forzado a sobrevivir mantiene intactos sus valores morales hasta que el ingreso en prisión de un adolescente hermoso e indefenso pone en crisis sus convicciones con el brote de una nueva sensibilidad, sorprendente para él. La pieza, de trágico final, ofrece un cuadro realista y una tesis sobre la condición humana, al tiempo que logra transmitir la zozobra de una reclusión que debía conducir a la reeducación del individuo y lejos de este objetivo lo destruye como ser humano.
No puede soslayarse el carácter testimonial de la obra de Montenegro, menos el hecho de que supiera aprovecharse de su experiencia en el presidio para describir mejor que nadie su ambiente salvaje y asfixiante. Fue un hombre compulsado por su circunstancia vital, un autodidacta de singular talento. Sus textos no muestran una gran elaboración ni una técnica novedosa, sin embargo nos atrapan por el dramatismo de los hechos que relata y por el ímpetu de su prosa. Montenegro escribe a partir de sus experiencias e inspirado en el mundo que conoce y sufre. Sus textos están influidos por el naturalismo, sin embargo enfrentan prejuicios y mojigaterías de la época para llevar al arte temáticas tabúes como la de la homosexualidad en las cárceles. En su obra hay también denuncia social. Él perteneces a los oprimidos, a quienes les están negadas las posibilidades de ascenso. Carlos Montenegro participó en la Guerra Civil española, viajó por varios países, desempeñó todo tipo de oficio, fue un sobreviviviente de su nacimiento humilde, de su drama personal, y por una de esas paradojas que tanto nos amargan o alegran la vida, gracias a la prisión se hizo escritor y nos legó una literatura trascendente y conmovedora.