

Siempre me ha llamado la atención la terca indiferencia que hasta ahora demuestran las editoriales de España y Latinoamérica ante la obra narrativa de Carlos Victoria. Compatriotas suyos con muchísimo menos talento se han visto favorecidos por una hábil operación de mercadotecnia que los ha convertido en celebridades, mientras que los libros de Carlos sólo se han publicado, fuera de Miami, en Francia. En todo caso, gracias a su innegable calidad, han alcanzado entre los lectores cubanos de la Isla y el exilio eso que precisamente los franceses llaman un succès d´estime, lo cual dice mucho del proyecto riguroso y coherente del que forman parte las novelasLa travesía secreta, Puente en la oscuridad y La ruta del mago, y los volúmenes de narraciones Las sombras en la playa y El resbaloso y otros cuentos. Títulos que acreditan a un escritor en plena madurez creativa, a cuya obra deben acudir obligatoriamente quienes deseen tener una idea de por qué caminos transita la mejor prosa de ficción que se escribe hoy fuera de Cuba. Lo que sigue es un breve asedio periodístico al que sometimos al escritor.
¿Recuerdas lo primero que escribiste?
No lo recuerdo. Si voy a creerle a la familia de mi madre, yo fui un niño prodigio que aprendí a leer por mi cuenta a los cuatro años y empecé a escribir cuentos y poemas a los seis o siete. Por desgracia, el prodigio desapareció con la infancia, pero quedó la obsesión por la escritura. La Seguridad del Estado de Cuba, que no cree en sentimentalismos, se encargó de quitarme esa memoria. En 1978, cuando me arrestaron, registraron mis cartas y se llevaron en cajas de cartón todos mis manuscritos, y luego no me quisieron devolver ni siquiera un papel.
Se ha dicho que un escritor sólo maneja una o dos ideas a lo largo de toda su obra. ¿Dirías que tu obra refleja esas una o dos ideas?
Quisiera pensar que en mi obra hay más de una o dos ideas. Pero sin duda hay temas constantes, entre otras cosas porque muchos de mis textos tienen algo que ver con mi propia vida y con las personas que he conocido.
¿A quiénes consideras tus antecesores literarios, aquellos escritores de quienes más has aprendido?
He aprendido de casi todos los escritores que he leído, de algunos más que de otros, por supuesto. La lista es interminable. Pero incluso los que no me entusiasman me han servido para darme cuenta de qué cosas debo evitar al escribir.
Cuento o novela: ¿prefieres algún género por encima del otro?
Prefiero la novela , aunque en el cuento hay un placer casi inmediato que lo convierte en un género muy tentador. La novela te impone el sacrificio de un matrimonio; el cuento puede ser la aventura de unas semanas, o incluso de una noche.
De todos los libros publicados, ¿cuál consideras el más logrado? O si prefieres, ¿con cuál te sientes más satisfecho?
Creo que cada libro publicado me satisfizo mientras revisaba las pruebas de imprenta. Las insatisfacciones han venido después. Sin excepción.
¿Corriges mucho cuando escribes?
Sí, corrijo continuamente mientras escribo. Y como escribo a mano, a veces me cuesta trabajo descifrar las palabras entre tantas tachaduras. Luego, al pasar en limpio la primera versión, vuelvo a corregir, y más que corregir, reescribo. Después lo hago otra vez. Y para detener ese proceso, que no tiene fin, tengo que hacer un esfuerzo y decirme a mí mismo que ya basta. Por ejemplo, La travesía secreta, que tiene casi quinientas páginas, me tomó más de diez años y varias reescrituras, y casi hasta última hora tuve dudas. Pero un día antes de entregarle el manuscrito a Juan Manuel Salvat lo releí completo y pensé que por lo menos en ese momento no podía añadir ni quitar nada más. No me he atrevido a releerla en forma de libro.
¿Cómo nombras a tus personajes? Y los títulos, ¿surgen antes, durante o después del proceso de escritura?
Los nombres y los títulos han surgido de distintas formas y, a veces, de la manera más arbitraria. Cada uno tiene una historia. Por ponerte sólo un ejemplo, Puente en la oscuridad tuvo, mientras escribí la primera versión ,el horrendo título de El medio hermano. Personas de buena voluntad me dijeron que tenía que cambiarlo. Y reescribiendo el texto, descubrí en una reflexión del protagonista el nuevo título.
¿Escribes regularmente o sólo cuando te sientes inspirado?
Durante muchos años escribí regularmente, pero un día no pude hacerlo más. Esa crisis, que duró hasta hace poco, me demostró que la escritura es mucho más misteriosa de lo que uno se imagina. Siempre me burlé de los amigos que se empantanaban, y achacaba sus baches a la pereza, la dispersión y la falta de disciplina. Pero ahora soy más cauteloso al opinar.
Y una última pregunta. ¿Tienes hábitos fijos para escribir: un horario, un sitio, unas condiciones ideales?
Como siempre he tenido que trabajar para ganarme la vida en empleos que nada tienen que ver con la literatura, mis horarios para escribir dependen de mi tiempo libre. Cuando trabajaba de día escribía de noche; ahora que trabajo de noche escribo al mediodía. Pero necesito inventar una especie de ritual: una misma hora, un mismo sitio, un silencio absoluto. Y siempre que me lo he propuesto, incluso en las peores condiciones, he logrado crearme ese espacio ideal, a puro empeño.
Publicada en Encuentro en la red, el 12 de septiembre de 2001
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(Cuba, 1950). Crítico e investigador. Licenciado en Teatrología en el Instituto Superior de Arte de La Habana. De 1986 a 1998 residió en España, cuya nacionalidad adoptó en 1990. Allí trabajó en Televisión Española y en el Centro de Documentación Teatral del Ministerio de Cultura, para el cual coordinó los cuatro volúmenes de Escenarios de Dos Mundos. Inventario Teatral de Iberoamérica. Colaboraciones suyas han aparecido en publicaciones de Cuba, Hispanoamérica y Estados Unidos. Ha compilado y prologado varias antologías y es autor de los libros Tres cineastas entrevistos, Cercanía de Lezama Lima, Lo que opina el otro, El Peregrino en Comarca Ajena e índice de la Revista Exilio (1965-1973) y Virgilio Piñera en persona.