

Carlos Victoria (Camagüey, 1950 - Miami, 2007). En 1971 fue expulsado por "diversionismo ideológico" de la Universidad de La Habana, donde estudiaba Lengua y Literatura Inglesas. Salió de Cuba en 1980 por el puerto del Mariel. Fue fundador y miembro del consejo editorial de la revista Mariel. Novela: Puente en la oscuridad (1993; Premio Letras de Oro, 1993), La travesía secreta (1994; Mejor Libro Extranjero, Francia, 2001) y La ruta del mago (1997). Cuento: Las sombras en la playa (1992), El Resbaloso y otros cuentos (1997) y El salón del ciego (2004). Beca Cintas (1993-1994). Desde 1989 fue editor de El Nuevo Herald.
¿Qué condiciones familiares, de infancia o estudios influyeron en los comienzos de su vida intelectual? ¿Recuerda un momento específico de "iniciación "?
Debido a graves problemas familiares no tuve una infancia feliz, por lo que desde muy niño me refugié en la lectura y la escritura. A los seis años leía de forma compulsiva y a los siete u ocho ya escribía textos de ficción. Eso no ha cambiado desde entonces.
¿Cuándo y dónde difundió sus obras por primera vez? ¿Qué temas considera que han sido constantes en su labor creativa?
A los quince años gané un premio de cuentos en un concurso que se convocó para el primer número de El Caimán Barbudo. Fue el único texto mío que se publicó en Cuba. Era un cuento muy cortazariano, sobre una familia acosada por demonios. Pero creo que allí ya estaba el germen de uno de mis temas constantes (no necesariamente el principal): la familia como esclavitud y caos.
¿Cómo es el proceso de preparación de una obra? ¿Cuáles son las condiciones necesarias, los obstáculos mayores, los momentos de finidos de su "rutina" creativa?
Siempre me he creado condiciones para escribir, aun en las situaciones más adversas. Sólo necesito silencio, una silla y una mesa. Y si es posible, tener horarios fijos.
¿Para qué público trabaja? ¿Cuál sería su público ideal? ¿En qué espacios ha difundido su obra? ¿Cómo han sido sus relaciones con el mercado?
Me formé en una excelente escuela: los finales de los sesenta y la década del setenta en Cuba. Poco tiempo después de la publicación de mi cuento, en 1966, supe que éste fue criticado por personas como Nicolás Guillen y Haydée Santamaría, que lo consideraron "morboso" y "negativo". Esto y muchas otras señales me convencieron pronto de que nada de lo que escribía iba a ser publicado en la Isla. En aquella época resultaba inconcebible (y era además un grave delito) publicar algo en el extranjero sin la autorización oficial del gobierno. Por lo tanto seguí escribiendo como lo había hecho desde niño, porque era lo que sabía hacer y lo que quería hacer, sin esperar nada más. Mi público eran unos pocos amigos. Eso no quiere decir que no aspirara algún día al éxito y al reconocimiento, aunque fuera el de la posteridad. Pero el hecho de escribir por puro amor a la escritura, sin posibilidad alguna de publicar, durante los años de mi juventud, la época en la que la ambición es más fuerte en todo creador, me ha quitado esa maligna ansiedad que corroe a tantos escritores. En esencia, no tengo un público ideal. Mis relaciones con el mercado han sido muy limitadas. He publicado todos mis libros aquí en Miami, y dos novelas se han traducido al francés.
¿Le interesa la opinión de la crítica? ¿Hay algunas que escuche con mayor interés? ¿Establecería algún vínculo entre calidad de la obra, atención de la crítica, difusión, éxito de público?
A todo escritor le interesa la opinión de la crítica sobre su obra. Es algo humano. Hay algunas inteligentes y otras superficiales. El escritor prefiere las elogiosas, y si son inteligentes, le satisfacen más. En cuanto a establecer un vínculo entre la obra y la acogida que ésta tiene, desafortunadamente no existen reglas. Hay libros extraordinarios que han tenido una acogida extraordinaria, y hay otros mediocres que han tenido un éxito enorme. Hay también libros magníficos que han pasado inadvertidos. Y como es natural, muchos libros mediocres también pasan inadvertidos.
¿En qué sentido estima que debe estar orientada su labor estética, cultural y social? ¿Qué intelectuales y obras aprecia, en ese sentido, como referentes?
Soy un narrador que sólo quiere narrar. No pienso en términos de orientaciones. La lista de los escritores y los libros que admiro es demasiado extensa.
¿Puede vivir usted de su obra? ¿Cómo ha podido sostenerse económicamente?
Nunca he podido vivir de mi obra. Aunque suene como la fábula de la zorra y las uvas, creo que esto ha sido una ventaja. Ganarme la vida de otra manera (en Cuba trabajé siempre como obrero forestal, y en el exilio he hecho un montón de cosas para comer) me ha dado absoluta libertad para escribir lo que quiero, de la manera que quiero y en el tiempo que quiero.
¿Cómo gravita emocionalmente sobre usted el hecho de vivir fuera de Cuba? ¿Podría revelarnos algunos recuerdos y/o nostalgias suyas que nos ayuden a imaginar cómo mira sentimentalmente hacia la Isla?
Cuba es parte integral de mi vida. Cualquier esfuerzo por olvidarla, por alejarla, sería energía perdida. Pero he aprendido a aceptar que no puedo vivir allá.
¿Qué pudo haber quedado suprimido, transformado o erosionado de su sentido de identidad personal como cubano, por la distancia geográfica, el tiempo, las vicisitudes o la voluntad personal?
Yo no puedo ser otra cosa que cubano.
Cuando piensa y habla sobre Cuba, ¿cuáles son sus temas recurrentes, las motivaciones, las inquietudes fundamentales?
Me preocupan por supuesto el presente y el futuro en Cuba. Pero a la vez me siento impotente para cambiar algo en ese país. Y cuando uno se siente impotente ante algo prefiere no hacer conjeturas ni hablar demasiado sobre el tema. O al menos yo lo prefiero.
Para su obra y vida intelectual, ¿cuáles han sido los provechos, contratiempos o sacrificios de haber salido de Cuba? ¿Cómo ha influido en su obra que usted viva en otra comunidad cultural, intelectual y/o lingüística? ¿Esta situación ha estado en conflicto con la labor creativa o ha contribuido a enriquecerla?
Gracias a que salí de Cuba pude escribir y publicar mis libros. Es más, pude convertirme en persona. Creo que el hecho de vivir en otro país ha enriquecido mi vida y mi obra, a pesar del desgarramiento de estar fuera de mi patria.
¿Cómo considera que la emigración y el exilio están presentes en su obra y en la de su generación?
En mi caso es un tema clave.
¿Le llama la atención alguna migración o exilio, individual o colectivo, de otros ámbitos geográficos o momentos de la historia? ¿Medita sobre su situación personal o colectiva, como cubano, a través de las semejanzas y diferencias con esas otras experiencias?
Me llama la atención sobre todo la situación de los cubanos en los Estados Unidos hace poco más de un siglo. Pero siento simpatía y afinidad por todo exiliado en cualquier momento de la historia.
¿El exilio le ha hecho sentir, de alguna manera específica, una mayor pertenencia, vínculo o identidad con determinado grupo o comunidad, como puede ser, por ejemplo, la latina en los Estados Unidos o Europa?
En el sentido de pertenencia o identidad, confieso que no, con la excepción de los cubanos en dondequiera que estén. En cuanto a mis vínculos, éstos son personales, afectivos, y no tienen nada que ver con nacionalidades ni grupos.
¿Cómo se mantiene al tanto de la labor intelectual de cubanos radicados fuera de Cuba y qué escritores y obras le interesan especialmente? ¿A partir de qué aspectos podríamos entender dicho grupo como una comunidad?
Leo bastante a los escritores cubanos, tanto los que están fuera como los que están dentro de Cuba. Aquí la lista también es extensa, y lo que es peor (o tal vez debería decir mejor), incluye muchos amigos. Por lo tanto me es imposible dar nombres, pues si olvidara uno sería motivo de agravio.
¿Cómo se informa sobre la vida cultural en la Isla, su situación, publicaciones y movimientos? ¿Cómo es su comunicación con la comunidad intelectual asentada en Cuba y las instituciones culturales?
Mantengo comunicación, a un nivel personal, con algunos escritores en la Isla.
¿Qué escritores cubanos, del "pasado" y del "presente", suele leer? ¿Qué tradición literaria le interesa?
De los narradores del presente, me es imposible hablar, por la limitación que mencioné anteriormente. Sólo haré una excepción con Lorenzo García Vega. Me encantan su agudeza, su carácter corrosivo, su originalidad y su desparpajo. De los del pasado, aunque admiro mucho a José Lezama Lima y a Virgilio Pinera, y reconozco la destreza de Alejo Carpentier, me siento más cercano a Lino Novas Calvo. Hay otros que me gustan, como Carlos Montenegro, Calvert Casey y Enrique Labrador Ruiz. Y me impresionó la novela El pan dormido, de José Soler Puig, cuando la leí en mi juventud.
Diversos intelectuales opinan que la cultura cubana es una sola, sea generada por quienes están dentro o fuera de la Isla. ¿Cuál es su opinión al respecto? Si usted considera que es una sola, ¿en qué aspectos opina que se establece esa unidad y sus diferencias?
Creo que sólo hay buena literatura cubana y mala literatura cubana. Esa es la unidad y esa es la diferencia.
¿Cree que los intelectuales cubanos establecidos fuera de la Isla pueden hacer o deben plantearse alguna contribución para el desarrollo actual y futuro del país? ¿Cree que los que están dentro de la Isla pueden o deben hacer algo específicamente en ese sentido?
En un mundo creado por mí, los intelectuales no admitirían una dictadura en su país y se unirían para acabar con ella. Pero el mundo no fue creado por mí. Mi alcance es mucho más modesto.
¿Tiene el propósito de establecerse permanentemente en Cuba en algún momento? ¿En qué circunstancias?
Si algún día terminara en la Isla el régimen castrista, sería muy posible que regrese a vivir allí. Pero no puedo predecir mi futuro, ni mucho menos el de Cuba.
Entrevista realizada en el año 2004 y publicada en el libro Cuba per se. Cartas de la diáspora, del periodista cubano Armando Chávez Rivera, Ediciones Universal, 2009. Páginas 569-574
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(Cuba, 1970). Ha radicado en Perú, Argentina y Uruguay. En Lima y Montevideo trabajó como periodista, al igual que en Buenos Aires, donde también cursó estudios de maestría en la Universidad de La Plata. Ha publicado tres libros: Rescate del tiempo (2000), Memorias de papel (2001) y César López. El poeta en la ciudad (2005). Viajó por toda América del Sur en funciones periodísticas. Trabajó para las agencias de noticias Prensa Latina y France Press. Además, también laboró como corresponsal para Rocinante (Chile), Noticias Aliadas (Perú-Estados Unidos) y la revista digital española Focus. Su libro más reciente es Cuba per se. Cartas de la diáspora (2008). Radica en los Estados Unidos.