OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

Logotipo de la revista OtroLunes
Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
otrolunes.com >> Sumario >> Unos Escriben

Delatores

 

 

El logro principal del dictador de Cuba, aparte del visible de mantenerse a flote por más de cuatro décadas, es haber sembrado la desconfianza en todos los cubanos. El hombre emblema de la llamada revolución no ha sido el militar, ni el policía, ni siquiera el militante fiel; este dudoso honor le ha tocado al chivato.

No me refiero al chivato común, al eterno miembro del comité de defensa que vigila las casas, las calles y el barrio, ni al habitual soplón de cada centro de trabajo o estudio. Ese tipo de delator, que desafortunadamente ha invadido la isla desde que yo era un niño, y ya tengo 53 años, no nos ha hecho ni remotamente el daño que ha hecho el otro, el que vive en la sombra, el que se pone máscaras, el más abyecto de su mezquino género. Hablo del encubierto. Del agente. Del chivato infiltrado.

Este ser repulsivo, que engaña a los demás, que tima y miente, ha sido y es el héroe del régimen de Cuba. Y lo peor, nos ha enfermado a todos.

No conozco a un cubano que en algún momento no haya sospechado de conocidos y también de parientes; sé de muchos que han puesto en duda, dolorosamente, incluso a un ser querido. Este recelo arruina, desmoraliza, mata. Provoca desunión, desilusión, inercia. Es la causa, más que el oportunismo y que la cobardía, de que en Cuba haya un único dueño de todo.

Esta ponzoña de la desconfianza da lugar a variantes perversas: si un cubano quiere destruir a otro, si se propone anular sus ideas, destruir su prestigio y desacreditarlo para siempre, lo acusa de informante. Muchas veces de una forma injusta.

Desde muy joven traté de inmunizarme contra esta enfermedad. Mi remedio era simple: ser yo mismo con todos. Dar la cara. Mostrar mi realidad. Esto me costó caro: me expulsaron de la universidad, me encarcelaron, confiscaron todos mis manuscritos. Pero al menos me libraba en parte de la trampa de vivir con miedo, de pensar todo el tiempo que cualquier allegado podría ser un traidor con el poder de hundirme.

Con los años he intentado también aceptar a los que piensan diferente a mí, y en gran medida creo que lo he logrado. Mi padre es comunista y tenemos un vínculo de afecto, y uno de mis amigos ocupa un cargo muy notorio en La Habana. Aquí tampoco oculto mi verdad, aunque sea inoportuna.

Y sin embargo, a pesar de mi esfuerzo, no he salido ileso. Los delatores, los chivatos tapados, me sacan todavía totalmente de quicio. Me enferman. Me deforman ideas y sentimientos. Me agrian y me corroen. Quiero compadecerlos (porque sin duda ellos también son víctimas), pero no lo consigo. Me sacan lo peor de mí mismo, y pondré un breve ejemplo.

Hace unos días, cuando se desató la infame represión contra los disidentes, y salieron a la luz los infiltrados, confundí un par de nombres. Por un momento pensé que uno de ellos era un periodista cuyos artículos yo disfrutaba bastante, por su humor y sensibilidad. Voy a decir los nombres que confundí, aunque me da vergüenza: Manuel David Orrio y Manuel Vázquez Portal. Más tarde, cuando vi en la lista de los sentenciados a Vázquez Portal, a quien condenaron a 18 años, sentí un alivio, porque ése era el autor de los artículos que me gustaban.

Quiero repetir esta palabra: alivio.

Repito: sentí alivio porque a un hombre a quien jamás he visto, cuyos artículos yo disfrutaba, lo condenaron a pasarse 18 años de su vida en la cárcel. Y ese alivio se debía a que él no era el chivato.

El alivio duró sólo un segundo. De inmediato me di cuenta de mi monstruosidad. Y pensé que de todos los crímenes y las injusticias que se han cometido y se siguen cometiendo en mi patria uno de los peores es el haber metido entre nosotros ese fantasma atroz del delator. Siempre presente. Derramando veneno. Causando paranoia donde debía imponerse la cordura. Instigando rencor donde debía crecer la comprensión. Alejando lo que debía estar cerca. Destruyendo la amistad y la fe.

Sólo por hacernos sufrir a los cubanos la vil enfermedad de la delación y de la desconfianza, desprecio y aborrezco al dictador de Cuba.

 

Publicado en El Nuevo Herald, el 9 de abril de 2003

Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

Carlos Victoria

Foto: Pedro Portal

Sumario

Este Lunes

En Argentina, la crisis de 2001 no ha refrenado la creatividad

Eloïse Cohen-De Timary

Gloria Lorenzo: la magia de las pulsaciones imprevistas

Antonio Orlando RodrÍguez

El visionario Phillip K. Dick

Blanca Anderson

Crítica de la Razón Crítica

Ignacio T. Granados Herrera

Malara: la reconquista de un reino

Pedro A. Assef

Redescubriendo a Teresa Wills Montt

Laura García

De la luz y sus contrastes. El aura de la soledad

Rosa Marina González Y Manuel Gayol Mecías

La ley de Herodes: ¿retórica del poder o dialéctica cinematográfica?

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Carlos Victoria

Otros miran

Ariel Arias

OtroLunes conversa

con Gustavo Faverón

“Prefiero las novelas que colocan al lector en una encrucijada moral”

con Mari Pau Domínguez

“La novela histórica ha sido un grandísimo descubrimiento”

con Dora Varona

“Soy tremendamente cubana”

con Ronell González

“Confesiones de un grafómano”

con Emerio Medina

“Ser escritor era algo muy poco común en mi barrio”

con Luis García Jambrina

“El libro digital es el futuro que no aguarda a la vuelta de la esquina”

Punto de mira

Contar es un placer. Antología del cuento latinoamericano

Una antología singular

Prólogo

Botón de muestra

César Verduguez

Marco García Falcón

Carlos Oriel Wynter

Cuarto de visita

con el escritor chicano Rolando Hinojosa-Smith

Biografía

Capturados vivos. Entrevista

El mundo enterrado en el sur de Texas. Entrevista

Por esas cosas que pasan (fragmentos)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

El martillo y la hoz

Emerio Medina

Relato

Historia de Juandormido

Luis Felipe Rojas Rosabal

Relato

Instrucciones para desobedecer al padre

Osvaldo Antonio Ramírez

Fragmento de Novela

Aún hay jueces en Berlín

Ricardo Bada

Waltz with Bashir

Laura García

La marmita, de Poesía

Marmita de octubre

Alberto García-Teresa

Final

Antonio Méndez Rubio

Poemas

Rafael Vilches

Poemas

Belén Artuñedo

Poemas

Ronell González

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Carlos Montenegro. Un escritor hijo del presidio

Junot Díaz y las rebeldías cotidianas

Eliseo Alberto y la espiral devoradora de la palabra

Rosa Montero y las leyendas esenciales

Recycle

La futura esclavitud

José Martí

El socialismo y el Estado

León Trotsky

De lunes a lunes

El venezolano Rafael Cadenas obtiene el premio FIL de Literatura 2009

Inicia editorial Iduna homenaje por el centenario del natalicio de José Lezama Lima (1910-2010)

Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2008 a la cubana Yamilet García Zamora

Iduna en la Feria Internacional del Libro Miami, 2009

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

España, aparta de mí estos premios

Fernando Iwasaki

El único hombre

Rafael Vilches Proenza

La inutilidad de un beso

Javier Puebla

¿Qué les digo?

Varios Autores

Bajo un millón de sombras

Andrea Busfield

Deseo de ser punk

Belén Gopegui

A cargo de Alberto García-Teresa

No duerme el animal

Ada Salas

Animales animales

Xoán Abeleira

Cerval

Daniel Bellón

La aldea de sal

Lêdo Ivo

Vía Láctea

Kjell Epsmark

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

Skype MeT!
OtroLunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com
  • Icono de XHTML 1.1 Válido
  • Icono de CSS 2.1 Válido
  • Icono de conformidad con el Nivel Doble-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • Conforme WCAG 1.0 Nivel AA - Revisado con HERA.
  • TAW. Nivel doble A. WCAG 1.0 WAI

Web optimazada para resoluciones de 800 x 600 píxeles o superiores y para los navegadores: Firefox 2, Internet Explorer 6 y 7, Opera 9 y Netscape 8.1 para PC y Firefox para Mac.