OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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Libertad y opresión, temas presentes en obra de Carlos Victoria

 

Graciela Mrad

Libertad y opresión se revelan como detonadores de la condición humana en la obra del escritor cubano Carlos Victoria, que a pesar de ser un retrato de la coyuntura cubana en la isla y en el exilio, es en definitiva un tratado universal inmortalizado por el arte.

En El salón del ciego (Ediciones Universal, 2004), el último libro de Victoria que presentó recientemente en la Feria Internacional del Libro de Miami, esta dualidad se plasma en seis cuentos que sostienen un submundo que converge entre la Cuba comunista y el exilio miamense.

Los desgarramientos familiares, los encuentros y desencuentros, la dificultad para entablar relaciones amorosas, la muerte, la locura, el alcoholismo, la clandestinidad, las víctimas y victimarios, la homosexualidad, son los temas recurrentes en éste y todos sus cuentos y novelas.

Son también una autobiografía sublimada, ya que Victoria parte de su propia vida para construir el drama de seres azotados por la adversidad: desde su infancia y juventud en Cuba, su partida por el puerto de Mariel en 1980 hasta su asentamiento en el sur de la Florida.

"Tuve una infancia difícil, con una madre esquizofrénica y sin padre; de niño me tuve que hacer cargo de la situación", asegura Victoria.

Niño prodigio que empezó a escribir a los siete años, Victoria debió soportar también la confiscación de sus obras por parte del gobierno, la expulsión de la Universidad de La Habana, donde estudiaba literatura inglesa, acusado de "diversionismo ideológico", el desempleo y la cárcel.

"Era crítico, rebelde y cuestionador de algo que no se cuestionaba", señala Victoria.

Al igual que sus personajes, tuvo problemas graves con el alcohol y las drogas. Y para conseguir el licor que escaseaba en aquellos años, debió buscarlo en lugares clandestinos.

"Una vez fui a uno muy siniestro cuyo dueño era ciego. Me impresionó verlo a él y su esposa despachando bebida y los incluí en el libro", indica Victoria, refiriéndose al cuento que dio título a su última obra.

Ya en el primer relato, Una faja de mar, Victoria narra las desdichas familiares fruto de la escisión causada por el exilio, y acrecentadas por el rencor y la amargura en un círculo vicioso de autocondenación y fracaso.

Aunque, sin excepción, todos los finales son abiertos y esperanzadores.

"Cuando escribo algo, creo en la vida y destino de los personajes. Sería absurdo pensar que se terminan ahí, ¿por qué someterlos a un final absoluto cuando la vida continúa?", reflexiona Victoria en entrevista telefónica.

Por eso, uno de sus personajes más logrados, la intrigante Felicia, alcohólica y drogadicta, dedicada porfiadamente a autodestruirse luego de la muerte de su padre, decide perdonar a su hermano y marcar "el comienzo de una relación de dos personas que han sido muy desdichadas", ejemplifica el autor de 54 años.

Victoria utiliza la escritura como una forma de concretar deseos negados en la realidad.

Así, en su cuento Hijos, logra compartir con un compañero de trabajo en un aserradero el estigma de tener una madre esquizofrénica, mientras que en la vida real no se atrevió.

"A través de la escritura logré que los personajes hagan lo que yo quiero, realizar deseos que en la realidad no pude. Así, me acerqué al hombre del aserradero después de 30 años", explica Victoria.

Al igual que él y su madre, muchos de sus personajes rompen la maldición del autoritarismo del régimen comunista y se embarcan en sueños de libertad en una especie de Odisea cubana, aunque los demonios los sigan acosando en la nueva tierra.

En ambos escenarios, Cuba y Miami, los protagonistas son seres ensimismados, acostumbrados más a reaccionar que a actuar frente a la realidad que los subyuga.

Así, en un equilibrio entre resignación y esperanza, parecieran dejar la moraleja de que la vida es, en definitiva, el arte de lo posible.

Victoria relata en una prosa simple, aunque rica en imágenes, las vidas increíbles de seres mediocres, y lleva al lector a plantearse el porqué de las situaciones absurdas, de lo que pudo haber sido de otro modo y no fue.

El autor lanza una mirada profunda a un submundo donde cohabitan seres enloquecidos por el abandono, resentidos por la muerte de un ser querido, alcoholizados para amortiguar los efectos de una existencia que oprime, callados para impedir que estalle la lava de ira e impotencia por un pasado irremediable, y abocados a costumbres clandestinas bajo la superficie del oficialismo.

Además del valor literario, los cuentos de Victoria bien pueden ser leídos como relatos de costumbres, donde el nombre de Fidel Castro, que nunca se nombra, surge como una presencia omnipresente sin la cual millones de vidas no estarían como están: desarraigadas, oprimidas, divididas.

Perteneciente a la generación del Mariel, su nombre se asocia al de los escritores que partieron de ese puerto y llegaron a Miami, como el consagrado Reinaldo Arenas [1943-1990], y marcaron un hito en la literatura cubana.

De su relación con Arenas, Victoria recuerda que aquél, una semana antes de suicidarse, lo llamó y le pidió que le corrigiera dos novelas.

"Yo pensaba que era una manera de garantizarse que si moría del sida [que lo aquejaba] alguien se iba a encargar de eso. A la semana se mató", rememora Victoria, de quien fue su amigo y compañero en la revista literaria Mariel.

"Éramos jóvenes creadores que llegamos del Mariel. Veníamos de un mundo donde habíamos sido silenciados y aquí podíamos escribir con libertad", evoca Victoria sobre los comienzos de la publicación en 1982.

Con la reciente traducción al inglés de su novela Puente en la oscuridad, Victoria se convierte en uno de los autores cubanos consagrados en el mundo anglosajón de Estados Unidos.

A pesar de haber ganado premios y haber publicado en francés, Victoria sigue haciendo gala de la antigua costumbre de escribir a mano, ya que la computadora le parece "artificial y mentirosa".

Actualmente, se desempeña como redactor de mesa en el diario El Nuevo Herald.

 

Publicado en El Sentinel / Diario Noticuba Internacional, EEUU, 4 de diciembre de 2004


Graciela Mrad

Periodista. Firma usual en numerosos periódicos de los Estados Unidos.

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