OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Octubre 2009. Antilde;o tres. Número diez

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Datos de la revista, octubre 2009, año 3, número 10
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Carlos y la danza del fuego

 

Alejandro Ríos

En 1970 estuve involucrado en un capítulo curioso de los desatinos de la dictadura de Castro. Por entonces éramos un grupo de jóvenes melenudos y émulos en desventaja de sus contrapartes en el distante y, a la vez, cercano Estados Unidos, los llamados hippies, quienes, como se sabe, abogaban por el amor y rechazaban la guerra.

Solíamos reunirnos en el Carmelo de la Calle Calzada frente al teatro Amadeo Roldán (antiguo Auditórium), en la Ciudad de La Habana, con la peregrina certidumbre de que podíamos significar, al menos, un mínimo cambio en el rigor autoritario que aquel gobierno impuso desde temprano a las nuevas generaciones. Era una manera ingenua de llamar la atención y allí nos dábamos cita cada noche hablando sobre temas ciertamente desaprobados por la cultura oficial como el rock o la literatura de Allen Gingsberg, por sólo mencionar dos al azar.

Fue el ladino Carlos Rafael Rodríguez quien, reunido con alumnos de las escuelas de arte recordó que en Cuba los jóvenes no tenían razones para protestar porque el primero y único que lo hacía era Fidel Castro y con eso era suficiente. Para Estados Unidos, dijo, le parecían bien los pelos largos y las canciones rebeldes a lo Dylan (Bob) pero no para los muchachos cubanos, pobladores del mejor de los mundos posibles.

Desde temprano las “conductas impropias” fueron descalificadas por personeros del régimen, como Rodríguez, o perseguidas con saña por militantes furibundos como la actriz Ana Lasalle quien, tijera en mano y en plena calle, se ocupaba, con certeros cortes, de despeluzar cabezas y desajustar pantalones apretados.

Fue en ese contexto que representantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) nos emplazaron para que fuéramos a la llamada Zafra de los 10 Millones y desde allí, mocha en mano, hiciéramos nuestras reclamaciones pertinentes. La idea de estar todos reunidos de manera bucólica en el campo, aún trabajando como bueyes, nos parecía sumamente tentadora y no alejada de las comunidades que los hippies de Estados Unidos fundaban en precoces arranques ecológicos.

Para el campamento Venceremos en el Central Habana Libre partimos donde fuimos diseccionados como insectos de laboratorio por comisarios y psicólogos que no salían de su asombro con aquellos jóvenes que no cortaban mucha caña  pero sí trataban de comportarse como si estuvieran en la era de Acuarios cuando realmente formaban parte de la más testaruda dictadura del continente.

Al sitio idílico concurrieron personalidades algo rebeldes como los trovadores Silvio Rodríguez y Vicente Feliú que hoy sospecho se encargaban de otros menesteres informativos. Fue allí también donde conocí a alguien que me pareció entonces un auténtico hippie, un muchacho medio encorvado con el pelo lacio y largo a semejanza de esos otros que veíamos en fotos de una revista Life, donde se cubría el Festival de Woodstock, que Silvio mostraba con sospechoso deleite.

Activo, siempre sonriente, con agudas observaciones e informado como nadie de lo que acontecía en la contracultura de los Estados Unidos, hasta su nombre: Carlos Victoria, nos daba la esperanza de que tendríamos éxito en nuestra imberbe aventura.

Aquel famoso lema “Prohibido prohibir” de las revueltas estudiantiles del llamado Mayo francés aparecía inscrito en las paredes del experimental campamento. Así como el que rezaba: “Soy marxista, de la tendencia Groucho”, aludiendo a los humoristas Hermanos Marx. Sin ser aún el escritor o el profundo intelectual que después fue, Carlos Victoria siempre andaba rodeado de acólitos entre los que me encontraba, por su punto de vista actualizado, optimismo y deseos de vivir la insólita experiencia hasta las últimas consecuencias.

Recuerdo con qué placer casi degustábamos un LP del grupo Jefferson Aiplanes, que un amigo  extranjero le había regalado a Carlos, quien conocía pelos y señales de cada integrante, así como de los textos de las canciones protestas que se sabía al dedillo.

El campamento hippie Venceremos terminó de manera abrupta cuando enviaron brigadas de la UJC para entrarnos en cintura porque otros métodos disuasorios de nuestro comportamiento no habían tenido resultado.

Lejos de ataviarnos como héroes concluimos aquella quimera fichados por la Seguridad del Estado y con un expediente que luego entorpeció cualquier intento de estudiar o trabajar en áreas de la cultura durante largo tiempo en nuestras vidas.

Después supe que a Carlos Victoria lo habían expulsado de la Universidad y que su literatura fue incautada y esfumada por la policía política. La maquinaria represiva lo había agraviado de tal modo que cuando volví a verlo en Miami en los años noventa, diez después de haber escapado de la isla vía Mariel, era una persona callada y taciturna, celador de una tragedia abismal. Siempre me agradecía que no lo convocara a la televisión o a la radio para promover su literatura, en asuntos de la Feria del Libro, y que tratara de utilizarlo como presentador de otros colegas lo menos posible. La vida pública lo incomodaba. Se había retraído a una soledad que todos terminamos por respetar.

Hoy que ya no está e imaginándome cuánto se hubiera ruborizado, quiero recordar a Carlitos Victoria como lo vi una noche de fogata en el campamento Venceremos, sin camisa, melena al viento, perpetrando una danza alrededor del fuego, un ritual de futuro rodeado de otros jóvenes que lo seguían desenfrenados en un canto de fe en el mejoramiento humano, el mismo que nos legó su ética y su obra literaria imperecedera.


Alejandro Ríos

Es crítico de cine, fundador y director del Ciclo de Cine Cubano del Miami Dade College y coordinador del Festival Internacional de Cine de Miami. Dirige y conduce programas de televisión semanales sobre cine, tales como la Pantalla de Azogue y Mirada a Cuba, en TV Martí, y La Mirada Indiscreta, en el Canal 41 (AméricaTeVe).

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Imagen de portada:

Carlos Victoria

Foto: Pedro Portal

Sumario

Este Lunes

En Argentina, la crisis de 2001 no ha refrenado la creatividad

Eloïse Cohen-De Timary

Gloria Lorenzo: la magia de las pulsaciones imprevistas

Antonio Orlando RodrÍguez

El visionario Phillip K. Dick

Blanca Anderson

Crítica de la Razón Crítica

Ignacio T. Granados Herrera

Malara: la reconquista de un reino

Pedro A. Assef

Redescubriendo a Teresa Wills Montt

Laura García

De la luz y sus contrastes. El aura de la soledad

Rosa Marina González Y Manuel Gayol Mecías

La ley de Herodes: ¿retórica del poder o dialéctica cinematográfica?

Alfredo Antonio Fernández

Unos escriben

Carlos Victoria

Otros miran

Ariel Arias

OtroLunes conversa

con Gustavo Faverón

“Prefiero las novelas que colocan al lector en una encrucijada moral”

con Mari Pau Domínguez

“La novela histórica ha sido un grandísimo descubrimiento”

con Dora Varona

“Soy tremendamente cubana”

con Ronell González

“Confesiones de un grafómano”

con Emerio Medina

“Ser escritor era algo muy poco común en mi barrio”

con Luis García Jambrina

“El libro digital es el futuro que no aguarda a la vuelta de la esquina”

Punto de mira

Contar es un placer. Antología del cuento latinoamericano

Una antología singular

Prólogo

Botón de muestra

César Verduguez

Marco García Falcón

Carlos Oriel Wynter

Cuarto de visita

con el escritor chicano Rolando Hinojosa-Smith

Biografía

Capturados vivos. Entrevista

El mundo enterrado en el sur de Texas. Entrevista

Por esas cosas que pasan (fragmentos)

En la misma orilla

El Diván, de Narrativa

El martillo y la hoz

Emerio Medina

Relato

Historia de Juandormido

Luis Felipe Rojas Rosabal

Relato

Instrucciones para desobedecer al padre

Osvaldo Antonio Ramírez

Fragmento de Novela

Aún hay jueces en Berlín

Ricardo Bada

Waltz with Bashir

Laura García

La marmita, de Poesía

Marmita de octubre

Alberto García-Teresa

Final

Antonio Méndez Rubio

Poemas

Rafael Vilches

Poemas

Belén Artuñedo

Poemas

Ronell González

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Carlos Montenegro. Un escritor hijo del presidio

Junot Díaz y las rebeldías cotidianas

Eliseo Alberto y la espiral devoradora de la palabra

Rosa Montero y las leyendas esenciales

Recycle

La futura esclavitud

José Martí

El socialismo y el Estado

León Trotsky

De lunes a lunes

El venezolano Rafael Cadenas obtiene el premio FIL de Literatura 2009

Inicia editorial Iduna homenaje por el centenario del natalicio de José Lezama Lima (1910-2010)

Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2008 a la cubana Yamilet García Zamora

Iduna en la Feria Internacional del Libro Miami, 2009

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Última rumba en La Habana

Fernando Velázquez Medina

España, aparta de mí estos premios

Fernando Iwasaki

El único hombre

Rafael Vilches Proenza

La inutilidad de un beso

Javier Puebla

¿Qué les digo?

Varios Autores

Bajo un millón de sombras

Andrea Busfield

Deseo de ser punk

Belén Gopegui

A cargo de Alberto García-Teresa

No duerme el animal

Ada Salas

Animales animales

Xoán Abeleira

Cerval

Daniel Bellón

La aldea de sal

Lêdo Ivo

Vía Láctea

Kjell Epsmark

A cargo de Lorenzo Rodríguez

Los libros y los días

 

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