

A Carlos Victoria
En un salón de espera
—un aeropuerto, un tribunal,
una casa de puertas
que llevan a la muerte y a la vida—
una mujer y un hombre van sentados
a la espalda del tiempo y de la luz
que regala una ventana
con techos muy gastados
y una faja de mar.
Se abisman,
los dos se abisman
en toda la memoria del planeta.
El hombre joven encanece
navega la costumbre
los mercados virtuales
y la caída total de los imperios
hundido en la pantalla de luz
que descansa en sus piernas.
La mujer, enterrada en la paz
que regala el peso de los años,
frágil y limpia de palabras,
teje con estambre y cansancio
un abrigo para la próxima estación:
el otoño, el invierno,
el lugar para contar los sueños,
un aeropuerto, un tribunal,
una casa de puertas.
Los dos,
el hombre que encanece
y la mujer que teje sus silencios,
los dos
se están muriendo.
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(Guantánamo, 1966) Poeta y ensayista. Ha publicado Dos poemas (1998) y Metal (1998). De él ha escrito el poeta cubano Manuel Sosa: Germán Guerra es uno de los albaceas secretos de la ciudad que tanto vituperan huéspedes y anfitriones, casi más que aquellos que la sitian o la eluden. Germán sabe por experiencia propia lo necesario de un asidero, ya sea físico o inmaterial. Los poemas sostienen y salvan, literalmente. Los libros, cuando no aparecen, hay que conjurarlos. Así creó sus ediciones, su colección Strumento, donde han visto la luz cuadernos de Emilio de Armas y Juan Jennis, entre otros”. Reside en Miami desde 1992.