

Nació en una provincia de Cuba este hijo sin padre, ya que su madre, joven maestra rural, había sido «seducida y abandonada». Se volvió esquizofrénica. La familia, muy pobre, era muy piadosa. Siendo aún niño, tendrá que elegir entre la Biblia y Marx, aunque finalmente no elegirá. Todo lo apasionaba: la lectura, la música, el cine y, bien pronto, la escritura. A los 15 años, gana el premio de un concurso nacional para escritores noveles. El primer número de la revista El Caimán barbudo –fundada por Jesús Díaz– da a conocer su cuento, Tribulaciones, y es esto todo lo que de él se publica en Cuba. Gana una beca y prosigue sus estudios en La Habana, donde prepara una licenciatura en inglés. Esta lenga la conoce ya gracias a los Beatles, al rock y a los hippies, con los cuales se identifica : melena y ropa desaliñada, lo cual ya es demasiado para los guardianes de la revolución. En 1971 lo expulsan definitivamente de la Universidad, bajo la acusación de «diversionismo ideológico» (Orwell está muy cerca). Al regresar a su provincia de Camagüey, tiene que trabajar en una empresa forestal y se sumerge, contra viento y marea, en la lectura y la escritura –también en la bebida–, con su natural voracidad. Hasta que un día, los agentes de la Seguridad del Estado, ávidos de lectura, le incautan todos sus manuscritos, lo detienen por «posesión de literatura contrarrevolucionaria» y lo envían a la siniestra Villa Marista, su sede central en La Habana. Permanece encerrado tres meses en un calabozo. Finalmente, en 1980, gracias al puente marítimo de Mariel, se embarca rumbo a la Florida con su madre y otros 125,000 cubanos. Victoria evocará más tarde en El salón del ciego, con lucidez y ternura, su vida de entonces y la de otros marginales, compañeros de juerga e infortunio, para los cuales él era «el sabio». En el mismo libro evoca también el destino de los Marielitos, en una ciudad de Miami dura con los menesterosos, en la que domina la incomprensión entre los últimos que llegan y los habitantes ya asentados. En los años siguientes, se aclimata en Miami; en dos ocasiones viaja a Cuba para encontrarse al fin con su padre, quien aparece de pronto ¡al cabo de cuarenta años! Conoce entonces a las dos hijas de este hombre, a las que va a dedicar El salón del ciego y se entera al mismo tiempo de la existencia de un medio hermano de su misma edad, que vive en Miami y no querrá verlo nunca. Y Carlos/ Natán se pone a investigar –vana investigación– en busca de su identidad, en pos de su propio doble: tal es la trama de Puente en la oscuridad, que se presenta como novela policiaca, de costumbres, o como novela metafísica.
A partir de 1983 entra en el consejo de editores de la revista Mariel, fundada por su amigo Reinaldo Arenas. Durante algunos años ejerce diferentes oficios, antes de comenzar a trabajar como periodista en El Nuevo Herald. Se entrega asimismo a la escritura: cuentos y novelas aparecen sucesivamente y se granjea diversos premios. A partir de 1985, se traduce al francés la mayor parte de su obra.
La ruta del mago evoca el despertar sexual y las tribulaciones de un adolescente cubano de provincia en los años 60. La travesía secreta, su obra más autobiográfica, relata sin complacencia alguna la fascinación de un joven por el alcohol y la fiesta, el teatro y los libros y desde luego, el sexo, en un ámbito de represión política, desconfianza y delación, con una desgarradora interrogante sin respuesta: ¿cuál de nosotros será el chivato?
Ya se habrá entendido: toda la obra de Victoria es de inspiración autobiográfica sin ser por ello realista, puesto que los sueños, los fantasmas, la imaginación, la locura, ocupan en ella un lugar preponderante. Al mismo tiempo, las ciudades y los paisajes se convierten igualmente en personajes: Camagüey, La Habana, Miami e incluso Manila, donde había hecho una corta escala. También evoca a París a donde vino en el 2002, invitado por el Festival de las dos Américas y el Caribe, tras la publicación de La traversée secrète.
En casi toda su obra novelística se encuentran escenas de suicidio. En su cuento «La estrella fugaz» publicada en El resbaloso y otros cuentos (ed. Universal, 1997) se mueven tres escritores fácilmente reconocibles: Reinaldo Arenas, Guillermo Rosales y el propio autor, amigos y rivales al mismo tiempo, que no cesan de reñir en medio de la sordidez de una ciudad de Miami poblada de mendigos y delincuentes. Dos de estos personajes se suicidaron realmente: Arenas en 1990, y el autor de Boarding home –titulado La casa de los náufragos en la reedición española (ed. Siruela, Madrid, 2003)–, en 1993. En cuanto al tercero, el autor, se quitó la vida en octubre del 2007, en la fase terminal de un cáncer del que padecía.
Carlos Victoria deja una novela inconclusa Cuando mi nombre era Pablo, inspirada por las visitas que hizo a Cuba en la década de los 90.
Artículo publicado en la Revista Internacional Esprit, fundada en 1932. París, n° 341, enero de 2008. Traducido del francés por Darío Méndez.
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Traductora y ensayista francesa. Reside en París. Ha publicado, entre otros Un Cubain libre - Reinaldo Arenas (Actes Sud, 2007), que contiene una larga entrevista de Carlos Victoria. Principales autores cubanos traducidos al francés: Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera, Antonio José Ponte, Guillermo Rosales. De Carlos Victoria, ha traducido varios cuentos publicados en antologías y revistas, y las novelas La Ruta del mago, La travesía secreta, Puente en la oscuridad. De próxima aparición: El salón del ciego. Es autora de varios ensayos en francés o en español. Entre los últimos: Los cuentos de Carlos Victoria: de Cuba a Miami, idas y vueltas (Encuentro de la cultura cubana, 4/5, Madrid, primavera/verano de 1997); Carlos Victoria, un escritor cubano atípico (Todas las Islas la Isla. Nuevas y novísimas tendencias en la literatura y cultura de Cuba [dir. Janett Reinstädler y Ottmar Ette]. Actas del Coloquio Internacional, Universidad de Humboldt, Berlín, 1999. Ed. Iberoamericana, Madrid, 2000).