

Ha muerto en Miami mi amigo Carlos Victoria, el escritor cubano más importante de la llamada Generación del Mariel después de Reinaldo Arenas (1943-1990). Con su muerte la frase: "una tremenda pérdida para las letras cubanas", adquiere su mejor sentido y su más profundo significado. Sin Carlos, la narrativa cubana pierde a uno de sus más sólidos creadores
Carlos falleció el pasado viernes 12 de octubre en un hospital de Miami donde se encontraba recluido desde el lunes. Al morir tenía 57 años de edad y una obra literaria extensa y abarcadora por concluir.
El escritor había sido sometido en agosto a una operación de colon para extirparle un cáncer, pero nunca se recuperó. Las dificultades que tuvo que afrontar –y los intensos dolores–, hizo que se tomara una fuerte dosis de medicamentos, que finalmente terminó con su vida. En los pocos momentos de lucidez que tuvo tras ingresar al hospital, pedía en todo momento que le dejaran morir.
Carlos Victoria había nacido en Camagüey en 1950. Desde muy joven comenzó a escribir, llegando a ganar a los 15 años el premio de cuento que la revista El Caimán Barbudo había convocado para su primer número. En Cuba sufrió persecución, acoso, arrestos y sobre todo la confiscación de todos sus manuscritos por la policía política. Fue expulsado de la Universidad de La Habana, donde estudiaba literatura inglesa, acusado de diversionismo ideológico, extraña forma de represión del estado cubano, para intentar silenciar a aquéllos que se apartaban del riguroso orden establecido. Carlos, al igual que el resto de sus contemporáneos sufrió un constante acoso, quizás la característica que mejor define a su generación de escritores.
Pero en libertad, su carrera literaria fue ascendente. Fue uno de los redactores de la Revista Mariel (1983-1985). Recibió la beca Cintas en 1993 y el Premio Letras de Oro de Novela ese mismo año por Puente en la oscuridad. Sus libros fueron traducidos al francés e inglés y se mantuvo siempre en una actitud creativa. Su obra comprende los libros Las sombras en la playa (1992), El resbaloso y otros cuentos (1997), la mencionada Puente en la oscuridad (1993), La travesía secreta (1994), La ruta del mago (1997) y El salón del ciego (2004). Una antología personal Cuentos 1992-2004, fue su última obra en vida. Al momento de su fallecimiento trabajaba en la novela Cuando mi nombre era Pablo.
Conocí a Carlos en Miami durante un encuentro en casa de Nicolás Abreu, una tarde donde estaban Reinaldo Arenas y Juan Abreu. Allí se inició una amistad en la que nos leíamos nuestros textos, hablábamos de literatura, de los rigores del exilio y de la dicha de estar en libertad. Como yo trabajaba en las tardes y él de madrugada, me visitaba tarde en la noche, en parte buscando mantener la promesa de no beber más alcohol, algo que logró.
Sus obsesiones cotidianas siempre fueron su madre enferma, el padre que sólo conoció cuando el señor estaba próximo a la muerte y el redescubrimiento de una familia. Esas angustias se aprecian en su obra literaria, donde se puede distinguir un mundo sórdido, donde los personajes generalmente transitan por situaciones extremas y sin escape. En cierta ocasión me dijo que: "Las personas en situaciones extremas viven y reaccionan con una autenticidad que es raro encontrar en las situaciones "normales" de la vida, y pongo las comillas porque a veces es difícil precisar qué es normal. Lo que quiero decir es que en la vida cotidiana todos nos protegemos con máscaras y armaduras, y sólo cuando nos hallamos en callejones sin salida esas máscaras y esas armaduras se desintegran, poniendo al descubierto cómo somos, dejándonos en carne viva. A mí me interesan esa visión genuina, esos momentos de total desamparo".
Su decisión, ante una situación extrema de dolor y turbación, de afrontar la muerte, resume justamente lo que dijo en aquel momento. Dice una sevillana. "Algo se muere en el alma cuando un amigo se va". Con el fallecimiento de Carlos Victoria, de mi alma se ha apartado un verdadero amigo.
Publicado en Diario Las Américas
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(La Habana, 1956) Salió de Cuba durante los dramáticos sucesos de la embajada del Perú y el posterior éxodo del Mariel, en 1980. Desde entonces reside en Miami. Fue miembro del consejo de editores de la revista Mariel y de Nexos de difusión electrónica. En la actualidad edita El ateje, publicación cibernética. Ha recibido el Premio Museo Cubano de ensayo, por un trabajo sobre Dulce María Loynaz. Ha publicado los libros de relatos: Un verano incesante (Ediciones Universal, Miami 1996) yEl otro lado (Ediciones Universal, Miami, 1999), y la recopilación de textos y documentos Reinaldo Arenas, aunque anochezca(Universal, Miami, 2001). Un cuento suyo es recogido en Cuentos desde Miami (Poliedro, 2004) y en Palabras por un joven suicida (Silueta, 2006). Es columnista de Diario Las Américas en Miami. Acaba de publicar su libro Tiempo vencido (Editorial Silueta, 2009).