

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) - Cuando supe de la muerte de Carlos Victoria busqué a un colega que coincidió con él durante el período universitario de los años setenta. Mi amigo también fue expulsado de la Universidad de La Habana por “diversionismo ideológico”, pero no pudo irse del país. Tal vez por eso y por su marginalidad intelectual adquirió algunos cuentos y novelas de Carlos Victoria, quien llegó a Miami en la primavera de 1980, como parte del éxodo masivo de Mariel, difamado como “escoria” por los voceros oficiales.
Como mi amigo no dispone de toda la obra del narrador exiliado, fui a la Biblioteca Nacional en busca de lo que me faltó por leer. Allí me negaron el acceso a la misteriosa Colección de autores cubanos que publican en el extranjero. Revisé en vano el catálogo de narrativa insular. Los cuentos y novelas de Carlos Victoria tampoco aparecieron en la antigua Biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, sede del Instituto de Literatura y Lingüística. Decidí no perder más tiempo y pedírselos a un editor de Miami.
La obra literaria de Carlos Victoria, como la de Reinaldo Arenas, Cabrera Infante y otros creadores exiliados no circula en Cuba, donde están los lectores naturales de todos sus escritores. La censura divide a nuestra cultura, unitaria y diversa a pesar de su complejidad temática, generacional y geográfica.
La cronología de Carlos Victoria (Camagüey, 1950-Miami, 2007) tiene momentos puntuales que marcan su trayectoria. A los quince años obtuvo el Premio de cuento del Caimán Barbudo, único texto publicado en la isla. En 1971 fue expulsado de la Universidad de La Habana, calificado de hippie y estrafalario deleznable. En julio de 1978 lo encarcelan por denuncias similares y la Seguridad del Estado le secuestra sus cuentos, poemas y comentarios teatrales. Dos años después sale al exilio, donde alternó su pasión literaria con empleos ajenos a la creación.
En apenas dos décadas publicó en Miami tres novelas y tres colecciones de cuentos. Entre las primeras hallamos Puente en la oscuridad (1993), apreciada por la crítica como “uno de los libros más extraordinarios y alucinantes de la literatura cubana”. Al año siguiente le editaron La travesía secreta, y en 1997 La ruta del mago. Estas novelas constituyen una trilogía por el enlace alusivo de sus personajes y por la forma de abordar la desconfianza, el desarraigo, la intolerancia, la huida, la demencia y otras circunstancias y episodios sombríos, que condicionaron sus ciclos vitales y creativos y le sirvieron como telones de fondo para reflejar su época.
Su pasión por la lectura, la música, el cine, la aversión por el tumulto y “la consciente oscuridad existencial que transita sus argumentos” parecen cabalgar en los vigorosos personajes de sus cuentos y novelas, matizados por la universalidad temática y por el intento de crear “una mentira veraz” en cada relato.
Sus libros de relatos -Las sombras en la playa, El resbaloso y otros cuentos y El salón del ciego-también poseen valor autobiográfico y testimonial. Luis M. García considera que “Carlos Victoria es el primer personaje de Carlos Victoria”, aunque recrea muchas vidas ajenas, en las cuales se advierte “la profundidad de la miseria cubana devenida modo de vida, tragedia permanente”.
Una compilación de sus cuentos fue editada en España, en 2004. Sus novelas, traducidas al francés y al inglés, son difundidas en Europa y en Norteamérica. Las absurdas prohibiciones que amordazan a las editoriales cubanas nos privan del placer de adquirir sus libros, en los que una galería de personajes y situaciones permiten al autor fabricar un universo muy próximo a lo nuestro, con imágenes punzantes que parecen conjurar el entorno insular.
Los críticos han valorado cada uno de sus libros y fijado las coordenadas de su estética. Luis M. García, Germán Guerra, Carlos Espinosa, A. Armengol y Reinaldo García Ramos arrojan luces sobre las sombras de sus personajes, los temas recurrentes, las posibles influencias, los métodos creativos, la impronta generacional y otras aristas de este autor cubanísimo, que se nutrió “de la realidad cubana de la Isla y la de Miami, la del exilio interior y la del exilio físico”.
Al leer las novelas y los cuentos de Carlos Victoria, comprendemos la “lucidez desolada” de este cronista exiliado, cuya voz sosegada exalta y exorciza lo cubano sin rendir tributo a frustraciones, resentimientos ni denuncias políticas.
Personalmente quedé atrapado por el personaje de El resbaloso, tan ambiguo y lusivo que me pareció conocerlo, identificarlo en amigos y vecinos de La Habana. “Ese resbaloso que deambula por la ciudad, posible alter ego del escritor…” representa a un montón de cubanos transgresores, inasibles e intocables, ingenuos y chismosos. Ojalá el lector tropiece con ese duende de la noche o con otros protagonistas de Carlos Victoria, como Abel (La ruta del mago), Marcos Manuel Velazco (La travesía secreta) y Natán Velázquez (Puente en la oscuridad). El que busca encuentra. ¡Éxitos!
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Periodista independiente. Reside en La Habana. Sus trabajos son publicados en numerosos periódicos fuera de la isla, especialmente en Cubanet.