

A Carlos Victoria lo vi un par de veces. Una de ella me invitó a almorzar al Versalles de la Calle Ocho. Le llevé un par de relatos inéditos y él me dedicó su novela "La travesía secreta", publicada por Ediciones Universal. Era una persona extremadamente amable, mesurado en el hablar. Conversamos de Cuba, de Miami, algo de literatura, y me di cuenta que no sentía animosidad contra nadie. Vivía con su mamá, a la que dedicaba los más exquisitos cuidados. Su muerte fue una sorpresa para sus amigos y para los admiradores de su obra. Su madre había fallecido poco tiempo antes, y creo que no pudo sopreponerse a su pérdida.
Su obra, que está siendo constantemente revaluada, lo ubica entre los escritores más relevantes de la llamada generación de El Mariel.
Pero sobre todo, tengo la maravillosa certeza de que Carlos Victoria fue un hombre bueno.
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(Cabaiguán, Cuba, 1956). Ha publicado Oficio de hormigas (cuentos, 1990, Premio Abril a las mejores obras dedicadas a los jóvenes), y las novelas Esos muchachos y María Virginia está de vacaciones. Esta última recibió uno de los más prestigiosos premios latinoamericanos, el Casa de las Américas, así como el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba a las mejores obras dedicadas a niños y jóvenes y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994. En 1995 recibió en Madrid el Premio Bustar Viejo, por su cuento “Legalidad post mortem”. Se han publicado cuentos suyos en antologías en Cuba (en diferentes revistas como Bohemia, Letras Cubanas y Casa de las Américas) y en México, Rusia, Venezuela y España. En 1998 la Editorial Norma publicó su novela juvenil María Virginia, mi amor. En la actualidad reside en Miami.