OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Marzo 2010. Antilde;o cuatro. Número doce

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Datos de la revista, marzo 2010, año 4, número 12
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Mesa redonda

Programa que siguió a la presentación de 8-A por TV

 

 

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BERNADETTE PARDO (MODERADORA): Acaban de presenciar el estreno mundial en televisión de 8-A. Y ahora, para discutir los principales aspectos de este histórico documental dedicado al caso Ochoa, tenemos en nuestros estudios a su realizador, el cineasta Orlando Jiménez-Leal que tiene en su haber producciones cinematográficas como El Super y otro documental de gran impacto internacional, Conducta impropia.

RAFAEL ORIZONDO (MODERADOR): También está con nosotros Andrés Oppenheimer, corresponsal del Miami Herald para asuntos latinoamericanos y autor del libro La Hora Final de Castro. Oppenheimer es ganador del prestigioso premio Pulitzer.

BERNADETTE PARDO: Nos acompaña también Agustín Tamargo, periodista de reconocida ejecutoria en Cuba, Venezuela y Estados Unidos.

RAFAEL ORIZONDO: Nuestra colega, Raquel Regalado, dirige un programa en la emisora Radio Mambí y ha reportado también distintos acontecimientos internacionales y en Washington está Orestes Lorenzo1, ex-mayor de la Fuerza Aérea de Cuba, quien desertó a este país piloteando su avión de combate en 1991. Lorenzo estudió en las mismas academias de guerra en las que cursó estudios superiores el general Arnaldo Ochoa Sánchez.

BERNADETTE PARDO: Bienvenidos a todos y especialmente aprovecho la oportunidad de tener aquí al realizador de este documental que, en verdad, ha sido impresionante. Orlando, trabajaste con 28 horas de película, ¿no?

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL (CINEASTA): Trabajé con 28 horas de material que ya estaba previamente editado por el gobierno de La Habana. Es decir, que lo que se exhibió en Cuba, lo que salió al aire, era una versión diferida de 28 horas, que se transmitió, creo yo, en tres o cuatro días.

RAFAEL ORIZONDO: Y, ¿cuáles fueron las fuentes que usted obtuvo para las partes dramatizadas, o sea, el fusilamiento, la fiesta y demás? ¿cómo obtuvo esos datos?

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Bueno, hice una investigación muy parecida a la que hizo Andrés Oppenheimer, y curiosamente hay una serie de coincidencias enormes entre su libro y mi película, entre otras cosas porque ambos empezamos a trabajar en esto desde hace tres años.

ANDRÉS OPPENHEIMER (PERIODISTA): Pero recuerda que nos conocimos hoy.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Cierto, acabamos de conocernos.

BERNADETTE PARDO: Y ambos estuvieron tres años dedicados a este proyecto. A mí este incidente me deja perpleja, ¿a ustedes les parece una tragedia griega o más bien una farsa? Condensar todo este proceso en dos horas debe haber sido difícil.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Bueno, tendría que hablar un poquito de cómo empezó este proyecto. Este proyecto empezó con una pesadilla. Asistía como jurado al Festival de Cine de Barcelona cuando sucedieron los hechos del caso Ochoa. Recuerdo que todo el festival de cine estaba paralizado viendo los pedacitos que se ponían por la televisión. Estaban completamente hipnotizados ante aquella imagen de aquel General apuesto que, todo engalonado, se confesaba casi religiosamente... Esas imágenes se me quedaron en la mente. Recuerdo que esa noche soñé con un castillo lleno de leones, con puertas que no conducían a ninguna parte. Ese sueño fue recurrente. Y esas imágenes, sobre todo las imágenes de todos aquellos militares entorchados levantando la mano para condenar a Ochoa, y de toda aquella gente que habla exactamente igual y que se imitaban unos a otros, se me quedaron en la mente y desde ese momento empezó a crecer en mí la idea del documental. Ahora yo creo que el reto para mí más grande era cómo llevar al cine lo que ya era una farsa, y convertir en una película de ficción una realidad que, a su vez, era una farsa en sí misma. Ese fue el reto. Y se me ocurrió que la mejor manera de hacerlo era darle una estructura de ficción clásica, la estructura de la narrativa tradicional con una introducción, un nudo y un desenlace. Y escogí a Raymond Chandler como modelo, y en este caso, Phillip Marlowe nuestro investigador, es el espectador que, de cierta manera, se convierte en un investigador invisible que forma parte de esta trama.

BERNADETTE PARDO: Incluso les ofreces las distintas versiones de una fiesta... en casa de... (INTERRUPCIÓN).

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Bueno, porque en 8-A también hay muchas referencias cinematográficas. Eso lo hizo Kurosawa en Rashomón. Es decir, sucede un hecho y hay diferentes versiones de ese hecho. Y, ¿dónde está la realidad? ¿Cuál es la verdad?

BERNADETTE PARDO: Andrés, también hablas bastante de este hecho en tu libro. En tus tres años de investigación, ¿a qué conclusión llegaste de esa fiesta?

ANDRÉS OPPENHEIMER: Mira, yo estuve en La Habana el año pasado y una de las cosas que hice fue hablar con la gente que estuvo en esa fiesta. Y la fiesta existió. Es muy parecida. Yo la describo en el libro de manera casi idéntica a una de las tres escenas que muestra Orlando. Como tú sabes, entrevisté a la viuda de Ochoa. Fui a verla, hablé con ella, hablé con casi toda la gente que estaba cerca de él. De las tres excelentes versiones que están en la película de Orlando, creo que yo uso la primera. La de la conspiración como tal, no la creo. Lo que quedó claro de mi entrevista con la viuda de Ochoa, y con toda la gente que estaba en ese grupo —tal como lo cuento en mi libro— es que esta gente se sentía inconforme con lo que estaba pasando en Cuba. La viuda misma lo dice, que esta gente quería cambios más acelerados de los que quería Fidel Castro. Pero que no habían llegado a conspirar concretamente para quitarse de encima a Fidel. Una persona en Cuba me lo dijo de manera chistosa, pero que en realidad sintetizaba lo que yo creo que pasó, y lo que Orlando también piensa que pasó: que Fidel Castro se dio cuenta de que esta gente estaba conspirando antes que ellos mismos se hubieran dado cuenta.

RAFAEL ORIZONDO: Andrés, ¿Cuál es la participación de Diocles Torralba o sencillamente él se ve involucrado en esto por su vinculación familiar con Tony de la Guardia?

ANDRÉS OPPENHEIMER: Mira, esto no hay que verlo tanto desde el punto de vista ideológico, sino desde un punto de vista social. Estos tipos eran "socios", que en Cuba quiere decir amigos íntimos. Ochoa era el "socio" de Patricio de la Guardia. Patricio de la Guardia, es hermano gemelo de Tony de la Guardia y Tony de la Guardia está casado con la hija de Diocles Torralba. Era un grupo de socios. En la Cuba de hoy, mucho más que la cosa ideológica, y la cosa política, lo que vale es los socios. Por eso, no en vano, se habla de "sociolismo". Esta gente eran íntimos amigos, parte de un mismo grupo.

RAFAEL ORIZONDO: Es decir, ¿comenzaron como socios en algo comercial y devinieron en socios en algo político?

ANDRÉS OPPENHEIMER: No, no, no. Eran socios en el sentido social. En Cuba, si tú vives en tu casa, tú necesitas un "socio" que te consiga el azúcar, un socio que te consiga un neumático para el carro, un socio que te consiga la carne. Eso va en todos los estratos de la sociedad. Un general también necesita un "socio" que le consiga esto, que le consiga lo otro... Lo que es válido en las clases, digamos, más populares de Cuba también es válido para los generales y los coroneles y esta gente era... si quieres llamarlo así, una sociedad de ayuda mutua. Como toda la gente que vive en Cuba necesita una.

BERNADETTE PARDO: Yo quisiera aprovechar la presencia de Orestes Lorenzo, en Washington, porque a mí siempre me ha interesado saber cómo fue recibido este juicio entre los jóvenes militares, sobre todo, la parte en que Ochoa dice: "Los que me conocen aquí presentes en esta sala saben que yo no lucro..." significando que saben que él vivía modestamente. ¿Cuál fue la impresión que causó el juicio entre los jóvenes?

ORESTES LORENZO (EX-MAYOR DE LA FUERZA AÉREA DE CUBA): La primera noticia concerniente a Ochoa provocó, desde luego, sorpresa. Después, cuando comenzamos a seguir el juicio, para nosotros resultaba evidente que aquélla era una trama manipulada contra Ochoa. Ochoa era un militar de prestigio, de autoridad dentro de las Fuerzas Armadas. Se caracterizaba no sólo por su talento militar, sino por su humanismo, por la manera en que trataba a sus subordinados. Era popular, un hombre de carrera y un ejemplo por su actitud, siendo consecuente como militar, limpio, muy lejos de la corrupción que caracterizaba a otros jefes, incluso de menor rango que pasaron por Angola, hombres que se dedicaron a cargar cuanta riqueza pudieran alcanzar allí y llevarla para Cuba. Ochoa, desde luego, se diferenciaba mucho de estos hombres y eso le granjeó un prestigio, una autoridad bastante alta dentro de la joven oficialidad en las Fuerzas Armadas.

RAFAEL ORIZONDO: Lorenzo, y el caso del capitán Martínez. ¿Quién era en realidad?

ORESTES LORENZO: Martínez era un oficial prácticamente desconocido dentro de las Fuerzas Armadas. Era el ayudante personal de Ochoa en el Estado Mayor. Martínez corresponde a este tipo de funcionario burocrático que, por lo general, no despierta las simpatías de los hombres que están en la guerra o en la actividad diaria de las unidades militares en disposición combativa, en el trabajo rudo de las Fuerzas Armadas.

RAFAEL ORIZONDO: ¿Y las relaciones entre Ochoa y Leopoldo Cintras Frías, en Angola?

ORESTES LORENZO: La relación entre ellos siempre fue cortés. Pienso que el proceso Ochoa marca el comienzo de una nueva etapa en este capítulo de la historia cubana que empezó con Fidel Castro. Si las ejecuciones anteriores que hubo en Cuba, por motivos políticos, fueron una medida de Castro para consolidar su poder, en el caso de Ochoa se inicia una nueva etapa porque el objetivo que se persigue ya no es consolidarse en el poder, sino sobrevivir, subsistir. Marca el comienzo del ocaso del poder de Fidel Castro. Y relaciono esto con Cintras Frías porque pienso que aquí Castro hace una maniobra política maestra. No solamente condena a Ochoa, lo asesina, sino que compromete a los mejores amigos de Ochoa en el asesinato, aquellos que prácticamente se consideran sus hermanos, al hacerle formar parte del Tribunal de Honor o del tribunal que lo condenó a muerte; y el que no formó parte de esos tribunales, tuvo que hacer alguna declaración pública, como la carta que hizo Cintras Frías desde Angola, pidiendo la pena de muerte para Ochoa. Esos hombres, desde luego, hoy en día se sienten comprometidos, sienten que tienen una responsabilidad, un crimen sobre sus hombros por el que tendrán que responder ante el pueblo cubano, ante los jóvenes oficiales cubanos. Y, desde luego, para ellos Fidel Castro se ha convertido en una especie de escudo protector. Pienso que con esto Castro no sólo logró evitar una futura conspiración; sino dar también una advertencia en el círculo de sus colaboradores.

RAFAEL ORIZONDO: Agustín Tamargo, usted estaba comentando cuando vio la película de Jiménez-Leal sobre cómo Fidel Castro, en ese circo romano que se convirtió el Consejo de Estado, quiso manchar con este episodio a todos los jerarcas del Partido y del Ejército.

AGUSTÍN TAMARGO (PERIODISTA): Comencemos por la película. Me parece que la película es realmente admirable. La capacidad de Orlando Jiménez-Leal, la calidad técnica de la película es asombrosa, pero políticamente, que es lo que me interesa a mí, la película nos revela a Cuba por dentro de la misma manera que lo hace el libro de Oppenheimer, que tenemos siempre que mencionar porque no creo, lo voy a repetir de nuevo en público, que se haya escrito nada tan profundo, tan analítico, tan serio, sobre la última crisis que tiene el gobierno de Castro, es decir desde el momento en que desaparece la Unión Soviética hasta hoy, como aparece en el libro de Oppenheimer. La película de Orlando Jiménez-Leal nos brinda con la eficacia que tiene el medio visual, un retrato íntimo, interno, de la revolución cubana, en su etapa final. Pienso que esta película es de suma utilidad porque no sabíamos... no sabemos muy bien los que vivimos fuera de Cuba, de qué manera ese régimen es monstruoso y en la película se prueba exactamente.

El juicio de Ochoa es un juicio que tiene su predecesor, no sólo en los procesos de Moscú, sino también en la Inquisición. Todo lo que ocurrió allí lo hemos visto antes, lo hemos leído en los libros sobre la Inquisición, donde los familiares se acusaban unos a los otros, donde las personas bajo tortura, bajo terror, bajo presión, confesaban delitos que no habían cometido.

BERNADETTE PARDO: Y el perfecto inquisidor es Escalona, el Fiscal que, Orlando, si no hubiera existido lo hubieras tenido que inventar, ¿no?

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Escalona es realmente una cosa asombrosa, es el perfecto antagonista de la película. Es decir, sin Escalona, yo creo que la película hubiera sido un poco más gris. En la Cuba actual, hemos pasado de la farsa al teatro del absurdo político. Realmente uno le agarra una antipatía increíble a este personaje.

BERNADETTE PARDO: Sí, Agustín creo que le tiene un odio muy especial.

AGUSTÍN TAMARGO: Por supuesto. El es el personaje central de la película El Odioso y al igual que en Otelo, el personaje central no es Otelo sino Yago, aquí el personaje central no es Ochoa, sino el Fiscal. Yo no creo que haya una figura más repulsiva que encarne de una manera tan perfecta y completa toda la pudrición y la perversidad del fidelismo y del comunismo. El hombre se deleitaba con el interrogatorio.

BERNADETTE PARDO: Yo creo que Andrés lo entrevistó muy recientemente, ¿no? ¿Cuándo? ¿Antes de terminar el libro?

ANDRES OPPENHEIMER: Sí, yo lo entrevisté varias veces y me permito disentir un poco. Yo creo que Escalona, que puede o no ser diabólico, cumplía un rol. Como todos sabemos en ese sistema la gente tiene que cumplir roles. A mí me dio la impresión de que este hombre quedó traumatizado con ese juicio sabiendo que en el exterior, y que allá mismo en Cuba, lo veían como ustedes lo acaban de describir, que conmigo hizo lo imposible por parecer simpático, liberal, progresista. Tuve tres entrevistas con él de alrededor de cuatro horas cada una, y el Escalona que yo conocí no tiene nada que ver con este señor que acabamos de ver en televisión.

AGUSTIN TAMARGO: Entonces es un hipócrita. También los verdugos se confiesan al día siguiente por la mañana.

ANDRÉS OPPENHEIMER: A lo que voy es a lo siguiente, que la gente en ese sistema cumple roles. Este señor puede o no ser diabólico. Yo creo que en la película de Orlando, este hombre cumplía un rol.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Bueno, habría que ver el rol que estaba cumpliendo contigo cuando lo entrevistaste. ¿Cuál es el verdadero Escalona? No lo sabemos realmente. Andrés tiene una visión de la realidad. El trató a Escalona y le pareció una persona encantadora. (RISAS)

ANDRES OPPENHEIMER: No... no... no exageremos, no exageremos.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Bueno, contigo estaba cumpliendo un rol de persona simpática y liberal y agradable. Es eso a lo que me refiero, ¿no?

ANDRÉS OPPENHEIMER: En los últimos meses, como cuento en mi libro, en abril del año pasado, Escalona era el que estaba proponiendo en Cuba un sistema de Primer Ministro, un sistema presidencialista que abriera el paso a la transición. Yo no estoy diciendo de ninguna manera que este señor sea un angelito. Probablemente todo lo contrario, pero quienes vivieron en Cuba, quienes viven en Cuba, quienes salieron de Cuba, saben mucho mejor que yo que, en ese sistema, cuando uno aparece en la televisión cubana cumpliendo un rol como el que Juan Escalona cumplió ese día, el libreto estaba escrito de antemano.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Yo no estoy en desacuerdo con lo que dice Oppenheimer. Estamos hablando aquí de las diferentes versiones de una realidad. Para Andrés, en un momento determinado Escalona era un tipo simpático, que se esforzaba por parecer liberal. En el juicio por la televisión era un tipo duro, despiadado, demagogo, es decir, también estaba haciendo su papel... Estamos hablando entonces de dos papeles diferentes. ¿No?

RAFAEL ORIZONDO: Y era, tengo entendido, gran amigo de Ochoa. Hay una parte que Oppenheimer relata en su libro, y que me gustaría que lo contara aquí, de cuando las mujeres de los mellizos De la Guardia lo increpan en pleno juicio. Eso es interesante.

ANDRÉS OPPENHEIMER: Una de ellas se levantó del juicio y gritó: "¡Pero tú, hijo de tal, tú tienes un Rolex! ¿Quién te regaló ese Rolex?" O sea, en un momento dado ese juicio tuvo que ser interrumpido...

BERNADETTE PARDO: El Rolex se lo había regalado Tony de la Guardia al propio fiscal.

ANDRÉS OPPENHEIMER: Pero volviendo a la anécdota de Escalona. El hombre obviamente... esto, que acabamos de ver hoy, no lo lleva en el pecho como una medalla. Te lo cuento por lo siguiente. En mi última entrevista con él en La Habana el año pasado, hablamos como una o dos horas sobre la política cubana, sobre lo que él estaba haciendo como Presidente de la Asamblea Nacional. Muy simpático, muy abierto, muy liberal. En el momento... en que le pregunté sobre el caso Ochoa, le cambió el rostro totalmente, hizo un silencio y se convirtió en otro hombre. Finalmente terminó diciéndome: "Teníamos que hacerlo. La Revolución estaba en juego".

AGUSTIN TAMARGO: Estamos abordando temas que hemos discutido anteriormente, el caso de Ochoa y la dictadura de Castro, pero en realidad deberíamos discutir la película. Como dice Jiménez-Leal, la película presenta una visión de lo que fue ese juicio y de lo que es la Cuba actual o, por lo menos, la sugiere. Yo creo que lo esencial a discutir es el juicio y para qué sirvió. Evidentemente por lo que se desprende del libro de Oppenheimer, que es perfectamente detallado y por lo que vemos claramente en la película, el juicio fue una farsa. Oppenheimer habla de que Escalona representa un papel. ¿Cómo se llama ese lugar donde la gente representa un papel que no es la vida real? Se llama teatro, ¿no? Se llama farsa, se llama comedia, se llama tragedia, pero eso no atenúa de ninguna manera las responsabilidades de cada uno de los que se suben a ese escenario, porque ése no es un teatro donde el actor después se va para su casa y se quita el disfraz. De allí se sale para los paredones, como salió Ochoa.

BERNADETTE PARDO (dirigiéndose a Jiménez-Leal): Bueno, y esa misma responsabilidad en el juicio, es una parte interesante. De esas 28 horas, hay partes que tú seleccionas donde recalcan, sin lugar a duda, que Fidel Castro es el que ordena esa investigación y después es el primer sorprendido en descubrir que hay drogas.

ORLANDO JIMÉNEZ-LEAL: Yo creo que una de las partes más importantes de 8-A es el momento, que para mí es clave, cuando el Sr. Fernández Crespo, jefe de la contrainteligencia, es interrogado por el fiscal: "¿Cómo empezó toda esta investigación?" Y él le responde: "Esto empezó a partir de una orden del Comandante en Jefe". Es decir, se supone que Fernández Crespo sea el jefe de la contrainteligencia, el que vigila al que vigila. Sin embargo, Fernández Crespo comienza a investigar esta "conspiración" porque Fidel Castro se lo ordena. Para mí esa es la parte donde se revela de una manera muy directa la responsabilidad de Fidel Castro, que, por supuesto, lo sabía desde el comienzo.

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Sumario

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Contrahistoria de la independencia sudamericana

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Al margen de la Historia: Antoñita Domínguez en el trono de España

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Memorias de una infamia

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La necesidad de un rearme moral

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El síndrome del flautista de Hamelin

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Europa en América/América en Europa: Colón y los umbrales de la incertidumbre

Narciso J. Hidalgo

Cómo escribir un cuento

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Poéticas de la ambigüedad: "Un minuto de libertad" de Tania Bruguera y las "Joyas de la Corona" de Carlos Garaicoa

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Silbar en Madagascar: el arte de mostrar ocultando

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