Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Julio 2007. Antilde;o uno. Número dos

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Poemas

de David Lago

Página 6

The boulevard of the broken dream

La Historia sepultará al Hombre.

Mi corazón se detendrá de repente en cualquier callede Madrid: mi sangre se helará como el agua en una tubería una noche de crudo, imprevisible e incontrolable invierno: una ola de calor súbito me exprimirá como a un limón mientras leo sentado en un banco de El Retiro v al cabo de muchas horas, cuando ya comience a atardecer y se haga raro que alguien pueda leer en la oscuridad, un policía bajara de su caballo y me zarandeará levemente por el hombro creyendo que me habría quedado dormido, y será entonces cuando todo mi cuerpo se desmorone y se convierta en cenizas.

Un montoncito de cenizas sobre un banco de El Retiro, más pequeño que el libro que haya estado leyendo. Eso seré yo.

Pero todas estas formas de morir, tan aparentemente naturales, serán en verdad manifestaciones de la irrealidad. La verdadera causa será el peso de La Historia.

Los celtas y los iberos no se han cansado de lanzar piedras contra mi cuerpo.
Entre los aztecas y los mayas una lanza se extraviará en mi torso.

Colón me descubrirá por error en medio del océano y sus seguidores pondrán al débil guanahatabey a dar vueltas a la noria del azúcar y la Iglesia querrá que bese los pies de un hombre crucificado que nunca conocí, hasta que Fray Bartolomé me salve ya sin remedio de la extenuación y me cambie por un negro de la costa africana, de esos que carecen de alma como los animales.

Los recios extremeños me quemaron en la hoguera por copular contra natura, comoera usual entre nosotros, y se quedaron mis mujeres para reserva de sus manantiales.

Al cabo de cuatro siglos, Valeriano Weyler me encerrará en el primer campo de concentración de La Historia, cincuenta años antes que a Adolfito Hitler se le ocurriera replantar las alambradas a gran escala.

Y terminando el siglo pasado, la naciente Norteamérica dinamitará el Maine en el muelle de San Cristóbal de La Habana y mi cuerpo se despedazará y se esparcirá como otra lluvia de cenizas hasta recomponerse bailando La Chambelona allá por los años 20, después de que mi padre huyera de los celtas y los iberos, y los ancestros de mi madre de la Santa Inquisición y los guanches, y mientras en Europa se apagaban los rescoldos de un asesinato y la joven Norteamérica se preparaba para suplantarla con nuevas mañas nunca perdonadas, en las remotas nieves rusas los boyardos se enfurecían y los bolcheviques daban un contragolpe tornando el trono del Zar durante unos largos setenta años.

Los "utópicos" franceses -ese país siempre en las nubes- habían fascinado a Marx: y la pareja perfecta no me tuvo en cuenta como hombre, sino como parte de una maquinaria, una pieza más en la Gran Rueda de la Historia.

Otra vez a hacer girar la noria del azúcar.

Y los pequeños monitos de todo el continente americano imitaban las tretas de los domadores y expoliaban mi cuerpo y mi alma como si se tratara de una mina de oro.

Vichy me entregaba al pequeño Adolfo y me encerraban en otro campo, y yo escondía mi Talmud entre las costillas, mi kipa bajo la axila y esperaba mi turno para convertirme en un montoncito de cenizas mientras entre nosotros nos peleábamos por un mendrugo y nos delatábamos como hacen los hermanos ante sus madres.

Y el tío losef me iba desplazando sucesivamente de las fotos, valiéndose de los expertos maestros del retoque, y me encerraba en otro campo de la cegadora Siberia, allá por donde termina el mundo.

Y todos mis poemas eran una y otra vez requisados y guardados en cajas ¡asde seguridad, mientras los impecables banqueros suizos también utilizaban cajas de seguridad para preservar su neutralidad y su respetabilidad, sin que en ninguno de los tantos bandos nadie osara lanzarles la cimera piedra porque ellos, aventajando a la pobre María Magdalena, si que habían sabido salvar las formas de la prostitución y dignificar la basura repartiéndola por boscosos cantones inocentes.

Y el privilegio de la tortura y la desaparición no la tienen los chilenos: mucho antes que ellos ya no teníamos uñas, las llagas del fuego bajo los pies. los cuerpos sin nombre en las cunetas y los ojossobre una bandeja como la cabeza de San Juan Bautista.

Un montoncito de cenizas sobre un banco de El Retiro, fallecido de muerte natural, como dirán los periódicos.

Sólo habrá que lamentarse por el asombro del policía que metoque el hombro queriendo despertarme del sueño que me hacepolvo.

Pobre hombre, tal vez hasta le toque en suerte enloquecer. Esa sí que es una desgracia.

Ya veis, todo, absolutamente todo, es relativo,
y a la postre, que importancia tienen unos rescoldos que nunca retornarán al mundo de los más espabilados.

David Lago González (Camagüey, Cuba, 1950)

Ha publicado Los hilos del tapiz (Betania, 1994); La resaca del absurdo (Betania, 1998); Lobos (Timbalito, 1996); La Fascinación de lo Difícil (Timbalito, 1996); Manual de Convalecencia (Timbalito, 1997); Jazz Session (Timbalito, 1997); Tributos (Timbalito, 2001); Memorias del Este (Timbalito, 2002). Ha sido antologado en Poesía cubana contemporánea (Catoblepas); Poetas cubanos en España (Betania); Poesía cubana: La Isla Entera (Betania) y Aldea Poética (Ópera Prima). Reside en Madrid desde 1982.

Las ediciones Timbalito, han sido ediciones personales y artesanales, realizadas gracias a la ayuda de amigos en alguna oficina gubernamental. "Timbalito" es el diminutivo de timbales que, además de ser un instrumento musical, en cubano significa la imposición que se hace de algo por la fuerza, y coincide en número con las dos gónadas masculinas.

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