

Página 4
Con sus rígidas jerarquías basadas en los matices de la piel, sus rituales que son como parodias de la sociedad de los amos, pero sobre todo con su violencia, que destina a sus habitantes a la cárcel, la picota y el cadalso, el hampa es tal vez el mundo en que más cabalmente se manifiesta el funcionamiento de la sociedad en Cecilia Valdés; quiero decir de la conducta humana en sociedad, no sólo de la cubana o dentro de ésta la de color. Es también, por su originalidad, el sector de la población de mayor atractivo estético, de ahí que el movimiento costumbrista, tanto en pintura como en literatura, pusiera en él su mirada con insistencia. En Cuba el costumbrismo fue también una etnografía en ciernes. Se trataba de la descripción analítica, desde el punto de vista de los blancos, de las capas inferiores de la sociedad: campesinos, negros esclavos y libres, curros, mulatas de rumbo, y así sucesivamente. Son gente que lleva una vida distinta, rara, fuera de lo normal según las pautas burguesas y aristocráticas, y por ello mismo digna de atención. Como en el caso de Cervantes y la picaresca, es el derecho penal el que proporciona el método de esa mirada analítica y clasificadora. Dionisio es un prófugo de la justicia, un cimarrón urbano, y Malanga un criminal común. Pimienta —músico y sastre— es un asesino. La literatura y la pintura costumbristas se regodean en la descripción de actividades delictivas, o cuasi delictivas, así como también de asueto y esparcimiento, rara vez de trabajo: peleas de gallo, verbenas, fiestas religiosas, bailes. Son actividades rituales no encaminadas a satisfacer necesidades materiales, sino que, por su relativo desinterés, son especialmente reveladoras de motivos e impulsos humanos primarios.
El propio Villaverde propone en Cecilia Valdés que los amos, como don Cándido, al lidiar con la resistencia de los esclavos ya sea huyendo, rebelándose o suicidándose, han ido elaborando un conocimiento científico de éstos. Después de los episodios de cimarronaje en el ingenio “La Tinaja” mencionados, en discusión con el doctor Moya, don Cándido hace un análisis pormenorizado de la conducta de los negros según la región de origen en el África. El narrador de la novela acota lo siguiente: “Podía echarse de ver por esto poco que algo se le alcanzaba a D. Cándido Gamboa de achaque de etnología africana. Ya se ve, el tráfico constante en esclavos por muchos años, la posesión de dos o tres centenas de éstos, le habían enseñado que según su raza eran más o menos sumisos o levantiscos…” (336). (En la Inglaterra victoriana, la antropología moderna se desarrolla a partir del trabajo investigativo de agentes coloniales.)6 La mirada clasificadora de don Cándido es similar a la de Villaverde, aunque el objeto de ambas difiera, así como su intención. Los componentes son análogos: otredad, transgresión, diferencias de aspecto y costumbres. Son los ingredientes fundamentales del costumbrismo y de la novela realista tal y como ésta surge en Cervantes. Pero en Villaverde hay una circularidad o recurrencia histórica concreta por la influencia que va a tener su novela en el desarrollo de la etnografía en Cuba, especialmente en la obra de Fernando Ortiz: de Cervantes a Villaverde, de Villaverde a Cervantes, y de ambos a Ortiz.
Es notorio que Fernando Ortiz se inició en el análisis de la sociedad neoafricana en Cuba a través de la criminología que aprendió en España e Italia, cuando hacía sus estudios de derecho con maestros como Rafael Salillas y Cesare Lombroso. Salillas, como ya he dicho, fue el primero en vincular la picaresca y la novela cervantina con la criminología, y Ortiz le dedicará sustanciosos trabajos a la presencia de negros y mulatos en la literatura española del Siglo de Oro (recogidos en Los negros curros). Pero lo que no se ha destacado suficientemente es el papel de fuente de inspiración e información que desempeñaron en los inicios de su obra de etnografía obras literarias como Cecilia Valdés, y otras novelas antiesclavistas del siglo XIX. El costumbrismo de Villaverde, inspirado como hemos visto en Cervantes, se fijó en el hampa, en los criminales, en su abigarrada sociedad, hecha aún más interesante por la presencia decisiva del componente africano. El análisis de esta mezcla es lo que convertirá la obra de Ortiz en objeto del mayor interés para la vanguardia cubana y la fundación por parte de escritores, músicos y pintores, del Movimiento Afro-Antillano en los años veinte del siglo pasado. Por Villaverde, y a través de él o directamente de Cervantes, Ortiz se fijará en la figura del curro del manglar que primero aparece descrita en Cecilia Valdés. A esta figura Ortiz le dedicará varios trabajos en los que cita a Villaverde y que fueron recogidos después de su muerte en el volumen intitulado precisamente Los negros curros. En Los negros esclavos, de 1916, abundan las alusiones y citas de Cecilia Valdés como fuente etnográfica, lingüística e histórica.7 Que su novela fuera considerada como documento autorizado para avalar semejante información sin duda habría complacido a Villaverde, cuyo narrador recalca varias veces, no sin cierta ingenuidad, que el caso que relata es histórico. A veces tal declaración aparece en una nota al pie del autor mismo. Para Villaverde, realismo quería decir ceñirse a la realidad lo más posible. Dice en el prólogo a la novela: “Me precio de ser, antes que otra cosa, escritor realista, tomando esta palabra en el sentido artístico que se la da modernamente” (8).
La genealogía que he trazado aquí revela lo que tienen en común la mirada estética y la científica cuando se posan en el desarrollo de la sociedad. El interés inicial parte de la observación de lo diferente, de lo excepcional, de lo que se sale de lo común, de la regla, de la ley, porque esto marca el origen de otra ley nueva y así revela la naturaleza y constitución de ésta en su origen, en su engendramiento, que resulta de una ruptura. Lo estético busca el placer que produce lo raro, lo original, es decir, también lo del origen; lo científico pretende y aspira a entenderlo y explicarlo, y de esa manera a borrar o eliminar su excepcionalidad. Se separan, pues, las dos miradas, cuando lo científico busca los denominadores comunes de lo nuevo y los somete al imperio de las leyes de su funcionamiento interno; lo estético seguirá siempre en busca de lo distinto y original: una mirada dará, por ejemplo, Los negros brujos de Ortiz, otra dará la novela ¡Ecué-Yamba-O! de Alejo Carpentier. Además, la mirada estética o literaria, como sugiere el epígrafe cervantino de Cecilia Valdés, que es de origen neoplatónico, busca una síntesis que sólo es posible combinando diversos modos de conocimiento en uno, todo abarcador, poético en su esencia. En el caso de Villaverde su deseo es saber qué es y qué puede ser Cuba. La mirada científica se disgrega en las investigaciones especializadas de distintas disciplinas, sin atreverse a intentar una síntesis global y definitiva. Pero en obras como las de Ortiz la comunión de ambas miradas —la estética y la científica— seguirá siempre manifiesta; ambas se juntarán en su Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), que sí pretende alcanzar una síntesis de lo que es Cuba. Cecilia Valdés, inspirada por Cervantes e inspiradora a su vez de Ortiz, es uno de los primeros y más penetrantes estudios socio-etnográficos de la sociedad cubana, y constituye prueba contundente de que el realismo novelístico se encuentra en los orígenes de las ciencias sociales, y por eso se consolidan ambos de forma paralela a lo largo del siglo XIX. El epígrafe que Villaverde estampó en la portada de Cecilia Valdés es una clave, una cifra, de lo que se propuso alcanzar en su ambiciosa novela.
Volver arribaPor
Uriel
Quesada
El gobierno no pudo preveer el impacto social y político que CAFTA causaria entre los costarricenses [...] Y si bien los grupos que apoyan el tratado son económicamente muy fuertes y tienen amplio acceso a los medios de comunicación, quienes se oponen han encontrado su nicho principalmente en Internet.
Por
Amir
Valle
Fui testigo directo, entonces, de la primera metamorfosis que sucedía ante mis ojos: vi a unas cuantas (y muy feas) orugas convertirse en mariposas, lo cual sucedía siguiendo el ciclo natural, quizás con las únicas diferencias de que no se les llamaba “orugas” (se les decía “gusanos"...
Por
Alejandra
Costamagna
Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”...
Por
Armando
de Armas
En el pasado los vecinos de un país eran determinados sólo por la geografía. Hoy, experiencias comunes, aspiraciones, valores y la solidaridad determinan quienes son nuestros vecinos, tanto o más que la geografía. Ningún ejemplo de esto puede ser más dramático que Cuba y Polonia.
Por
Edmundo
Paz Soldán
Hay nombres que no sorprenden a nadie (Neruda), autores sorpresivos (Tim Burton), y autores sobre cuyos méritos literarios los críticos todavía no se ponen de acuerdo (Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier)
Por
Ladislao
Aguado
En una época donde la imagen del hombre sustituye al hombre mismo y donde los shows mediáticos elevaban a la categoría de notorios a cientos de imbéciles, la porfía de McCarthy por disolverse tras sus libros parece incomprensible.
Por
Elidio la torre
lagares
...más que emails y confabulación, lo grandioso de la novela de López Nieves –traducida al islandés y próximamente al francés- es menos obvio, y es que la misma se estructura como artefacto literario tomando una forma muy frívola y poco literaria: la del hipertexto.
Por
León
de la Hoz
Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.