Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Diciembre 2007. Antilde;o uno. Número tres

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Gallegos y Cuba: La brizna de paja en el viento

Roberto González Echevarría
Ensayo

Página 2

Toda la actividad política latinoamericana que rodeó a Gallegos en La Habana, se daba en el contexto cubano de una agitación, sobre todo en la universidad, que se remontaba a la época de la lucha contra Machado, pero que había llegado a una nueva etapa de pistolerismo y desintegración de las instituciones nunca antes vista. Había atentados, tiroteos entre grupos de acción o entre éstos y la policía, y un grado de corrupción tanto en el gobierno como en la universidad sin precedentes. Esto fue, evidentemente, lo que más llamó la atención de Gallegos y lo inspiró a escribir La brizna de paja en el viento. Había podido observar con alarma que, si bien sus amigos y correligionarios habían llegado al fin al poder, el resultado había sido una erosión total de la autoridad estatal que amenazaba con desembocar en la anarquía, o, como en efecto sucedió, en el retorno del caudillo, de Batista. Gallegos, para quien la educación fue siempre un asunto de la mayor importancia, y que presumía de haber sido maestro, vio que la corrupción del centro universitario más importante de Cuba era no sólo síntoma de todos los males que aquejaban al país, sino que era el peor augurio para su futuro. Sus más próximos amigos, Mañach y Roa eran profesores de la universidad, por lo que el vivió todo este drama desde dentro y pudo por ello sentirse con derecho a convertirlo en el tema de La brizna de paja en el viento.

II

El activismo político en la Universidad de La Habana tenía sus orígenes en las guerras de independencia, no tan lejanas en el caso de Cuba como en el de otros países latinoamericanos.4 La Guerra de los Diez Años (1868-78) terminó con la derrota de los cubanos y la firma del Pacto del Zanjón; la de Independencia comenzó en 1895 y terminó en 1898, con la intervención norteamericana que puso fin al conflicto. El momento culminante de la lucha estudiantil en el siglo XIX fue el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, el 27 de noviembre de 1871, acusados por las autoridades coloniales de profanar la tumba del periodista Gonzalo Castañón, ardiente defensor del régimen español. Los ocho quedaron como mártires de la patria que serían invocados por generaciones de activistas estudiantiles, y la fecha de su muerte se convirtió en día de duelo oficial durante la república.

Pero la agitación política que cuenta para la que presenció Gallegos en la Cuba de 1948 fue la provocada por la dictadura de Gerardo Machado, cuya presidencia duró desde 1925 hasta 1933, año en que fuera derrocado por una revolución en toda la línea en la que participaron diversos grupos estudiantiles y que produjo varios mártires, siendo los más conocidos Julio Antonio Mella, asesinado en México en 1929, y Rafael Trejo (la caída de este último en una manifestación de 1930 se narra en La brizna de paja en el viento). Los grupos que surgen durante la lucha contra Machado no eran pistoleros, aunque, por supuesto manejaban armas de todo tipo y llevaron a cabo o intentaron atentados contra personalidades del gobierno y detonaron no pocas bombas. El enemigo común los unía, evitando o posponiendo las luchas entre ellos por el poder o el dinero, como sucedió más adelante. El atentado más famoso de la época fue el asesinato de Clemente Vázquez Bello, presidente del senado, el 27 de septiembre de 1932, perpetrado con el propósito de hacer volar a Machado y la plana mayor de su gobierno durante su sepelio en el Cementerio de Colón. Al último momento sus familiares decidieron enterrarlo en su ciudad natal de Santa Clara, estropeando los planes de los revolucionarios. Este incidente, según se verá, inspiró dos novelas y una película, pero no lo incorporó Gallegos a La brizna de paja en el viento.

Todo este activismo en la Universidad provenía y estaba aliado al movimiento continental de lucha por la reforma universitaria que había empezado en Córdoba, Argentina, en 1918. La demanda principal de los estudiantes argentinos había sido la autonomía política, administrativa y fiscal de la universidad, un currículo que respondiera a las necesidades de la sociedad y convirtiera la universidad en agente de mejora política y social, y la participación del estudiantado en la mayoría de las decisiones, inclusive la elección de profesores y administradores. Aunque estas reformas no se llevaron a cabo en su totalidad, se convirtieron en el ideal que perseguían los universitarios de toda América Latina, que se empezaron a comunicar entre sí y a reunirse en congresos internacionales para intercambiar ideas y fomentar un sentido de solidaridad. En Cuba, el Gobierno Provisional Revolucionario del Dr. Ramón Grau San Martín, que como ya se vio era profesor de la universidad, le concedió la autonomía a ésta el 6 de octubre de 1933. Los estudiantes habían clamado y luchado por ella desde 1923, liderados, entre otros, por el poeta Rubén Martínez Villena. (Cuba en la mano, 1030). Alentados por la sensación de que eran o debían ser protagonistas en la dirección política del país, los estudiantes cubanos de los años veinte y principios de los treinta se lanzaron a la lucha contra Machado, y contra la ingerencia de los Estados Unidos, potencia que avalaba a la dictadura y que, cuando triunfó la revolución en 1933, logró abortarla con la intervención del diplomático Sumner Wells, especie de procónsul que facilitó el acceso de Batista al poder desde la jefatura del ejército (ver Aguilar y Thomas).

A diferencia de los grupos de acción que surgirían durante la segunda mitad de la década de los treinta y durante los cuarenta, los activistas universitarios de la época de Machado sí tenían ideales políticos y sociales.. Algunos, como Villena y Mella, pero no todos, estaban afiliados al Partido Comunista, recién fundado. Se hablaba de reformas a todo nivel, inclusive agraria, y los estudiantes se solidarizaron con los trabajadores, especialmente los de la industria azucarera. Pero una vez derrotada la dictadura, bajo el control indirecto de Batista, que gobernaba por medio de presidentes títeres, y quien por cierto llevó o intentó llevar a cabo algunas de las reformas de los revolucionarios del 1933, los grupos de acción se dividieron y algunos se corrompieron. El caso más notorio fue el llamado “bonche universitario” (mencionado en La brizna de paja en el viento) —suponemos que “bonche” viene del inglés bunch, “grupo,” “banda,” “pandilla”— que, protegido por personalidades del gobierno y profesores de la universidad, empezó a campear por sus fueros a partir de 1936-37. Con la autonomía de la universidad, ésta quedaba fuera de la jurisdicción de la policía, y podía servir inclusive para almacenar armas. La universidad se había convertido en un estado autónomo dentro del estado. Pero el bonche tenía amigos también en las fuerzas armadas y el gobierno. El Coronel Jaime Mariné, hombre de confianza de Batista, así como varios profesores, apoyaron al bonche. En 1939 alcanzaron su mayor visibilidad. Ya estos eran gángsteres armados que aterrorizaban a estudiantes, profesores y políticos, y realmente sin programa de reforma claro o aún declarado. El bonche fue el precursor de los grupos de acción de los años cuarenta que Gallegos conoció a su llegada de Venezuela.

La violencia arreció en los años cuarenta con el regreso a Cuba de muchos activistas políticos, entre ellos estudiantes e intelectuales, que habían combatido del lado republicano en la Guerra Civil Española, concluida en 1939, y volvió a recrudecerse a partir de 1945 cuando regresaron a la isla muchos jóvenes que habían peleado en la Segunda Guerra Mundial como soldados del ejército norteamericano. Todos estos individuos habían sido adiestrados en el manejo de armas y muchos las habían utilizado en combate –eran curtidos veteranos de guerra.. Los que venían de España conocían de primera mano la costumbre del atentado y del duelo, que se remontaba al siglo XIX y era practicado todavía tanto en la Madre Patria como en Cuba (degenerando del duelo formal con padrinos al informal en que los contrincantes se entraban a balazos donde quiera que se encontraran). Los que venían de Estados Unidos, país donde las armas de fuego circulan con pocas restricciones, probablemente se matriculaban en la universidad aprovechando programas de ayuda para veteranos como el GI Bill. Con la manutención resuelta, éstos no tenían ni siquiera que trabajar o rendir cuentas a sus familias y podían dedicarse al activismo político a tiempo completo.

Entre los grupos activos en Cuba a la llegada de Gallegos en 1948 se encontraban el Movimiento Socialista Revolucionario (MSR), fundado en 1945, un grupo de corte más intelectual que los demás, que contaba entre sus miembros a Manolo Castro, Rolando Masferrer, Rolando Meruelos, mi amigo e informante Pedro Yanes, y al novelista Carlos Montenegro. Masferrer, que hablaba inglés porque había hecho estudios de secundaria en Estados Unidos, había sido comunista, combatiente en España, participado en Cayo Confites, y en los años cincuenta llego a capitanear a un notorio grupo llamado “Los Tigres de Masferrer.” En los sesenta intentó invadir Haití para desde allí combatir la dictadura de Fidel Castro. Manolo Castro había fundado el MSR con Masferrer, a quien, por cierto, Fidel Castro parece haber admirado y emulado en esa época. Manolo era estudiante de ingeniería mientras que Fidel matriculó derecho. El padre de Manolo había sido secretario de la Universidad; como él, su hijo era un hombre serio y respetado. Fue asesinado a balazos en plena calle la noche del 22 de febrero de 1948, durante el paseo de Carnaval —mes en que tomó posesión Gallegos de la presidencia de Venezuela— en uno de los atentados más famosos de la época. Manolo Castro había, a su vez, asesinado a Raúl Fernández Fiallo, en la universidad, el 28 de noviembre de 1944. Este Castro llegó a tener bajo su control al estudiantado cubano. En época de Grau, según Yanes, si Manolo llamaba a Palacio hablaba con el presidente. Influía en la obtención de pasajes y dinero para viajes a reuniones internacionales de estudiantes —una, por ejemplo, en Praga. Grau lo había puesto al frente de la Dirección General de Deportes. Manolo Castro era un idealista con proyectos de mejora social para el país. Era, por ejemplo, muy querido en el “Barrio de las Yaguas,” congregación numerosa de indigentes en La Habana, por sus esfuerzos en pro de los pobres.

Se dice que a Manolo Castro lo mataron porque era enemigo de la Unión Insurreccional Revolucionaria; más específicamente que estaba haciendo gestiones para conseguir la excarcelación de Mario Salabarría quien, como jefe del Buró de Investigaciones, había perseguido al UIR, pero había sido detenido después de una notoria balacera en la Calle Orfila. Este grupo contaba entre sus miembros a Emilio Tró, anarquista que había peleado en España, Rafael Díaz Balart, Justo Fuentes, Jesús Diéguez, Guillermo García Riestra, conocido como “Billiken,” José Luis Echeveiten, Francisco Chao Hermida. Luis Felipe Salazar Callicó (asesinado en septiembre de 1949), y Fidel Castro. Orlando Bosch, notorio activista entonces y después, Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Medicina y Vice-Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), fue protegido de la UIR. En Cuba siempre se ha rumorado que entre los asesinos de Manolo Castro estaba Fidel Castro, pero lo que sí parece fuera de duda es que estuvo presente en la reunión, celebrada en el 1021 de la calle San Rafael, en la que se acordó llevar a cabo el atentado. Fidel Castro (nacido en 1926) venía del Colegio de Belén (como Manolo, pero no eran familia), reputado plantel jesuita donde educaban a sus hijos las familias acaudaladas, no de los institutos públicos de segunda enseñanza, como la mayoría de los demás activistas, donde el fermento político era grande, por lo que era un desconocido entre estos. Pero era obvio que tenía muchas ambiciones políticas desde que llegó a la Universidad y pronto se ganó sus galones. En el año 1947, según se vio, estuvo en lo de Cayo Confites y al año siguiente en el “Bogotazo.” Quiso ser presidente de la FEU, y el domingo 8 de diciembre de 1946 le hizo un atentado a balazos a Leonel Gómez Pérez a la salida del Estadio de la Universidad, quien quedó herido pero vivo. Manolo Castro quería eliminar a Gómez Pérez y Ángel (“Gallego”) Vázquez, de Ingeniería, y del grupo de éste, le propuso a Fidel que lo asaltara para probarse como hombre de acción.

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