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Otro grupo importante era Acción Revolucionaria Guiteras (antes Joven Cuba), que pretendía promover los ideales de Antonio Guiteras. Joven Cuba había sido fundada por Guiteras en los años treinta, de tendencia social-demócrata, que se proponía como alternativa a Batista por métodos violentos. Guiteras murió el 8 de mayo de 1935 en combate con varios cientos de soldados (Thomas, 699-700, con corrección de fecha). Entre los miembros de este grupo se encontraban Eufemio Fernández Ortega, Jesús González Cartas, conocido por “El Extraño,” Marcos Irigoyen, líder obrero de los autobuses. Fernández Ortega era médico, pero dejó la medicina y se dedicó a la política. Fue combatiente en la Guerra Civil, jefe de la policía secreta de Prío, y amigo de Miguel Angel Quevedo, el dueño de la revista Bohemia que le daría empleo a Gallegos en 1949. Según Esteban M. Beruvides, Fernández Ortega fue “Intimo amigo del Presidente Rómulo Gallegos, así como de los Presidentes Dr. Juan Arévalos y José Figueres” (p. 60). En La Habana, estaba a cargo de la seguridad de Gallegos y de Rómulo Betancourt, también en Cuba en esa época. El implacable e incansable Eufemio le quiso hacer un atentado a Batista durante la campaña electoral de las nunca celebradas elecciones de 1952, se dice que organizado, desde la cárcel, por Salabarría.
Lo que ocurría en los cuarenta, pues, es que con los viejos revolucionarios del 33 (Grau, Prío y sus adeptos) en el poder, los estudiantes tenían acceso directo a la política, lo cual les daba un poder extraordinario en la universidad y más allá de ésta. Eso era lo que se disputaban encarnizadamente los varios grupos. Para esas fechas, muchos de los participantes no eran ya ni siquiera estudiantes, mientras que otros, como en el caso de Manolo Castro, que andaba ya por sus treinta cuando lo ultimaron, eran estudiantes “eternos,” No había principio de autoridad depositado en los profesores porque los estudiantes podían dominar cualquier situación asistidos por los políticos que les suministraban las armas y los fondos a través de sine curas, o lo que en Cuba se llamaban “botellas.” Los grupos de acción peleaban entre sí, protegían a determinados políticos según les conviniera, y estaban en contubernio con las fuerzas policíacas. “No había ley,” dice Pedro Yanes. Esta agitada situación produjo acontecimientos y personajes dignos de la literatura y el cine, y, en efecto, justo cuando Gallegos preparaba La brizna de paja en el viento dos novelas y una película los llevaron a la letra de molde y la pantalla.
El acto terrorista más sonado del activismo estudiantil en Cuba fue el asesinato de Vázquez Bello y el intento de volar su sepultura el día del entierro para arrasar con el dictador Machado y su plana mayor. Es lo que se narra en El acoso, de Alejo Carpentier, publicada en 1956 pero de la que hubo un anticipo en Orígenes, en 1954 (González Echevarría, 1974, p. 209). También se narra en Rough Sketch, novela publicada en 1948 por el norteamericano Robert Sylvester, conocido por sus novelas detectivescas, y la película del año siguiente basada en ésta, dirigida por John Huston, e intitulada We Were Strangers, con la actuación John Garfield, Jennifer Jones y Pedro Almendáriz (el guión es de Huston con Peter Viertel). El pistolerismo entre los estudiantes de la Universidad de La Habana también ocupó la atención de Ernest Hemingway en su relato-reportaje “The Shot,” provocado por el asesinato de Manolo Castro, que había sido su amigo, que no tiene más interés que la comparación que hace el gran escritor entre los estilos de atentado de los estudiantes cubanos y los gángsteres de su país. Años después, en 1974, Guillermo Cabrera Infante narraría el mismo episodio en su Vista del amanecer en el trópico (p. 119).
Caso curioso, Carpentier radica en Caracas cuando redacta El acoso, mientras que Gallegos vive en La Habana cuando prepara La brizna de paja en el viento, exilado de la dictadura militar que lo derrocó y que llevará al poder a Marcos Pérez Jiménez en Venezuela. Sabemos por la acuciosa investigación de Modesto Sánchez Camejo que Carpentier se basó sobre todo en información periodística, mucha sacada de la revista Carteles, para preparar su novela. Esta resulta ser su más audaz experimento narrativo, su novela más difícil, en que se trenzan la historia del taquillero del auditorio donde se toca la “Heroica” de Beethoven durante cuya ejecución acontece la trama en el presente novelístico, y la de un estudiante, venido del interior, que ha delatado a sus compañeros en el complot del asesinato de Vázquez Bello (cuyo nombre no se precisa en este novela en que ningún personaje lo tiene). Hecha a base de monólogos interiores y el contrapunto de las historias paralelas y entretejidas, de los personajes, El acoso presenta una parcelación cabal de la historia de la lucha entre los grupos de acción sin situarla históricamente en ésta. La historia narrada por Carpentier se divide entre la época “heroica,” que correspondería a la de la lucha contra Machado, y la del “botín,” que representaría el período cuando, corrompidos y financiados por el propio gobierno, los grupos luchan los unos contra los otros sin ideología clara, con ambición de lucro y poder. El acoso dista mucho de La brizna de paja en el viento porque Carpentier ha asimilado el legado de Huxley, Faulkner y otros novelistas de vanguardia, mientras que Gallegos se mantiene fiel a la estética realista convencional de la “novela de la tierra.” Además, la novela de Gallegos intenta ser una interpretación de Cuba y su historia, mientras que la de Carpentier es un experimento narrativo genial que tiene más de tragedia, en el sentido clásico, que de realismo. Todos los signos le anuncian su destino fatal al estudiante, que al final muere abatido a balazos en el teatro por sus antiguos correligionarios, pero él no sabe interpretarlos a tiempo. Es por todo esto que Juan Marinello, respetado ensayista y político cubano (miembro del Partido Comunista y del primer gabinete de Batista en los cuarenta), dice que El acoso es “un soliloquio alquitarado y distante de la realidad […] un relato esculpido, una piedra tallada lejos de su cantera” (Marinello, p. 60).
Hay, de todos modos, puntos de contacto entre las novelas de Gallegos y Carpentier, amén de la temática de la lucha entre grupos de acción. En ambas un joven del interior es corrompido al llegar a La Habana a hacer sus estudios, y Clorinda, la guajira mulata prostituida en La brizna de paja en el viento tiene su contrapartida en la Estrella de El acoso. Pero desde un punto de vista literario, y a pesar de las críticas de Marinello, no hay duda de que El acoso es una obra más importante que La brizna de paja en el viento y que tuvo un mayor impacto en la novelística latinoamericana posterior.
Rough Sketch no es de mucha trascendencia ni recordada hoy. Pero Sylvester es un narrador con oficio, que hace girar su trama alrededor de un periodista, Carl Myerly, que prepara un artículo de fondo sobre Tony Fenner, notable agente de músicos, actores y artistas de todo tipo, de cuyo pasado no se sabe mucho. El periodista visita a cinco individuos que han tenido contacto con Fenner para obtener información sobre él. Cada entrevista se convierte en un relato novelizado de las actividades de Fenner con los individuos en cuestión. Al final, y este es el detalle literario más logrado de la obra, el borrador del esbozo (del sketch), o el esbozo primerizo que el periodista escribe no le gusta a su editor porque carece de colorido, y decide ampliarlo y novelizarlo, lo cual explica el origen de la novela que leemos. Es un hábil recurso auto-reflexivo que llega un poco tarde, después de una prolija narración de estilo más bien convencional, para marcar la obra.
El personaje más importante de Rough Sketch es China Valdés, con quien Fenner se encuentra en La Habana y a la larga se convierte en su amante. Es una cubana de origen incierto que ha sido criada por una familia de chinos cubanos cuya modestísima vivienda esta al lado del cementerio (de Colón), aunque no se dice que ese sea su nombre. La historia de China es la que incluye los episodios del asesinato de Vázquez Bello y el intento de volar parte del cementerio el día del sepelio para acabar con Machado y sus secuaces. Sylvester narra con gran pericia y sentido del suspense la preparación del atentado, luego de haber desarrollado magistralmente el personaje de China. De niña la arrancan del seno de la familia que la alberga y es depositada en la Beneficencia, donde aprende taquigrafía e inglés. Con estas cotizadas habilidades logra conseguirse un muy buen empleo en un banco canadiense, con lo que ayuda a su hermano de crianza, Manolo, a hacer estudios de derecho en la Universidad de La Habana. Pero a Manolo, que está involucrado en la lucha contra Machado, lo asesina La Porra (la policía secreta de Machado), es decir un porrista sádico (Armando Ariete), que tiene un parecido notable con China, porque se sugiere que es su desconocido padre. En el banco China conoce a Fenner, que maneja fondos de organizaciones de exilados opuestos al gobierno, bajo el subterfugio de que actúa de agente de músicos y artistas cubanos que quiere llevarse a Estados Unidos. También conoce al porrista Ariete, personaje despreciable que la amenaza y hostiga. Fenner la corteja y logra involucrarla en el plan para asesinar a Machado, al que ella se entrega para vengar el asesinato de su hermano Manolo. Fenner dirige a un grupo de jóvenes revolucionarios que llevan a cabo el plan, con la ayuda de China, desde cuya casa se cava el túnel que va a llegar debajo de la tumba de la familia de Vázquez Bello en el cementerio de Colón. (En la novela no se llama Clemente Vázquez Bello). Fenner, al fin, le revela a China que él es en realidad cubano y sabe español. Es hijo de una familia de cubanos, opositores a gobiernos anteriores al de Machado, que se han exilado al Valle de Connecticut, donde trabajan en el tabaco. Vive inmerso en un mundo de exilados que conspiran contra el gobierno de Cuba, pero que son vistos tanto por Fenner como por el narrador, desde un ángulo muy negativo, porque instan a otros a inmolarse mientras ellos viven en Estados Unidos preparándose para abalanzarse sobre el poder una vez que la situación cambie en la isla. Así que no es patriotismo sino ambición lo que motiva a Fenner, porque espera que la fama adquirida al ser quien ultima a Machado y su régimen se traducirá en poder y dinero (esto es lo peor de la novela). Pero es una ambición que, como con otras empresas suyas, conduce al fracaso, ya que la decisión de la familia de enterrar al asesinado Vázquez Bello en Santa Clara, echa abajo el complot. China, por su parte, había logrado conducir a Ariete hasta el cementerio donde lo mata a tiros en la cara cuanto éste la abraza con las peores intenciones. Es la cara que le recuerda a China la suya, lo cual le da a este episodio una profundidad superior a la del resto de la novela.
Tras el fracaso del atentado, China le entrega su virginidad a Fenner en el piso del sótano de su casa, donde empezaba el túnel; éste promete volver por ella, y se marcha en una embarcación clandestina a Estados Unidos. Una vez allí, decide continuar con el negocio que le servía de pantalla en La Habana: ser agente de músicos cubanos que lleva a Estados Unidos. China se muda primero a Miami y luego a Nueva York buscando a Fenner, a quien encuentra por casualidad años después en un cabaret cuando ya ella está arrimada a un ricacho viejo y frívolo con quien ha tenido un hijo. Tienen una relación tórrida pero breve que descubre el protector de China. Ella termina sola en una mansión de Long Island, donde cría a su hijo, y a donde va el periodista a entrevistarla.
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