Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Análisis sobre situaciones y problemáticas en la Cuba de hoy1

Félix Sautié Mederos

Página 2

Otro aspecto muy importante resulta ser la doble moral generalizada, que observamos a simple vista, que en mi opinión es una consecuencia directa del miedo como fundamento básico, reforzado y aumentado por la compulsión social con que vivimos internamente. Esta compulsión es lo cotidiano de nuestras vidas, pues nos mantenemos en un estado de constante movilización que apenas nos deja pensar y/o descansar, lo que hace que muchos opten por el escapismo que se manifiesta en los que se van y en los que se mantienen de forma ausente-presente. Existe miedo a manifestar lo que se piensa en realidad, miedo a "coger lucha", como se suele decir popularmente, miedo a perder el estatus social. El miedo es un fenómeno bien identificado y muy conocido por los estudiosos de la persona y sabemos perfectamente que el miedo se puede modelar y utilizar masivamente como un resorte de poder. Este miedo aflora en muchas ocasiones ante nuestra presencia por causa de las más diversas circunstancias. Es un miedo global que actúa con independencia de la posición social, la edad, la formación cultural y el estado de salud específico. En todos los casos este miedo, que tiene su fundamento para nosotros en un sistema burocrático-administrativo esquemático y excluyente que determina sobre el trabajo y el estatus dentro de la sociedad, en vez de manipularlo como muchas veces sucede habría que sacarlo definitivamente del centro de nuestras motivaciones más importantes y decisivas, con el fin de eliminar sus consecuencias inhibidoras y decadentes que nos conducen directamente a detenernos en el tiempo. Así, considero que para su enfrentamiento más efectivo es necesario hacer un conteo y un análisis de las compulsiones sociales a las que estamos sometidos. Una vez identificadas estas compulsiones, habría que actuar para erradicarlas consecuentemente y sustituirlas en todos los casos por el razonamiento sosegado, responsable, comprometido y respetuoso de las esencias humanas. Es decir, trabajar sobre la conciencia con paciente persistencia y con efectividad intersubjetiva, porque de esta forma es como los procesos pueden hacerse realmente más fuertes y lograr un buen porcentaje de la invulnerabilidad que se busca. En mi opinión, dada la dialéctica y el movimiento permanente a favor y en contra dentro de una misma sociedad, se hace muy difícil alcanzar la invulnerabilidad absoluta de un sistema en sentido general, tal y como se ha estado planteando internamente dentro del actual concepto triunfalista. En este orden de cosas, nos hacen mucho daño las certezas absolutas que no pueden cuestionarse, tal y como nos ha venido sucediendo localmente.

Soy consciente de que el camino que planteo resulta mucho más complejo y dilatado en el tiempo, pero a la larga podría ser más sólido, efectivo y profundo, así como más eficaz, para preservar la seguridad nacional de los constantes intentos anexionistas que realmente nos acechan. De igual forma, quiero aventurarme a expresar que si no logramos erradicar el miedo globalizado, correríamos otro peligro que veo latente en el horizonte, porque cuando se actúa por miedo de forma consuetudinaria, nos ponemos en estado de indefensión y debilitamiento moral para enfrentar un miedo generado por grandes fuerzas externas sojuzgadoras y anexionistas en razón de la posibilidad de que en algún momento pudieran hacerse presentes por el uso de su fuerza militar o por motivo de otras artimañas externas a la sociedad cubana del futuro. Entonces, podría ser que los que ayer se acostumbraron a la actuación motivada por ese miedo generalizado y por su doble moral correspondiente no estuvieran en estado de ánimo ni en disposición de oponerse con efectividad y valentía ante esa posible realidad tan adversa. En consecuencia, opino que luchar contra el miedo y poner en primer plano el razonamiento lógico en plena libertad de conciencia es una necesidad urgente de la sociedad cubana actual a los efectos de hacernos más fuertes y verdaderamente más invulnerables. La invulnerabilidad que se busca, cuya necesidad es planteada a diario en los medios masivos locales, sólo podría lograrse, desde mi punto de vista, mediante la voluntariedad máxima, el ejercicio más pleno del libre albedrío y el más cabal y completo convencimiento de conciencia, para lo cual, las compulsiones y las imposiciones burocrático-administrativas cotidianas resultan muy dañinas y anulado ras.

Creo que las soluciones que tanto necesitamos en Cuba deberían pasar prioritariamente por un proceso de apertura completa del pensamiento propio y no dependiente, tal como el que trato de expresar, siempre con el riesgo de la tergiversación, la descalificación e, incluso, la compulsión. Todos los cubanos de dentro y de fuera, de una u otra tendencia, lógicamente incluyéndome en primer lugar a mí que lo expreso, tendríamos que pasar por una fase de alto nivel de civilización que se manifiesta por el respeto del pensamiento y de las ideas del otro. Respetando todos a los implicados en nuestros afanes y legítimos intereses como nación, sin hacer uso de las descalificaciones y mucho menos de los insultos y los repudios violentos que a diario se pueden observar en nuestra sociedad, coadyuvaríamos a crear el clima de serenidad, que aún no poseemos, que propicie el diálogo y la concertación que necesitamos para asegurar un futuro de paz, justicia y desarrollo para nuestros hijos y nietos. Considero que la concertación necesaria nunca podría ser realmente máxima y debería siempre comenzar por buscar los intereses básicos más generales que nos unen a los cubanos y que son imprescindibles para preservarnos como nación libre e independiente. Al respecto, creo que tenemos suficiente bagaje práctico gracias al pensamiento que nos legó José Martí y que resulta ser la referencia más universalmente aceptada por todos los cubanos, dentro de la cual deberíamos tratar de injertarnos todos sin odios ni rencores.

Las cerrazones y los tabúes que a veces se manifiestan en nuestra sociedad abren las puertas para que sean los de fuera los que analicen, opinen y/o propongan sobre criterios, situaciones y proyectos en los que estamos implicados todos, principalmente "nosotros", los de dentro. En el caso de los que estamos dentro, sólo alcanzan la posibilidad de difusión de sus planteamientos aquellos que coinciden totalmente con el pensamiento oficial, sin objeciones de ningún tipo. En estas circunstancias y coyunturas, considero que debemos afirmar con fuerza nuestro yo, defender el derecho a participar y a opinar con un yo inconfundible y respetar el mundo de los otros yo, porque, como dijo Rosa de Luxemburgo, a quien me permito parafrasear, la libertad es para todos o no es. Este planteamiento de la insigne luchadora alemana será una constante en todo el contenido de mi exposición.

Todos estos problemas se hacen cada vez más dramáticos y significativos porque siento que cotidianamente se nos cierran más los marcos de referencias para abrirnos al diálogo entre todos sin distinción alguna. Considero que el tiempo se nos está acabando y que hay una grave responsabilidad en su aprovechamiento efectivo, que es directamente proporcional al mayor o menor grado de autoridad social que tenga cada uno de los que estamos implicados en la búsqueda de un futuro real de paz y desarrollo. No podemos vivir el presente de forma virtual, sin pensar en el futuro, y mucho menos "sin coger lucha".

Ernesto Che Guevara, quien sin duda alguna es un hombre representativo del sistema, en su tari famoso artículo "El socialismo y el hombre en Cuba", que tomaré como referente a lo largo de este libro, dice muchas cosas importantes que considero deberían ser repasadas y reasimiladas, y no mantenerse silenciadas tal y como da la impresión en la actualidad local. Uno de los conceptos que plantea cobra una dramática realidad al poner en un primer plano social las relaciones entre la "vanguardia" y la "masa", y cito textualmente: "Sin embargo, el Estado a veces. Cuando una de esas equivocaciones se producen [se refiere a las deficiencias y errores del proceso que estaba analizando en ese artículo], se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar"2.

Yo pienso que el desenvolvimiento del paternalismo y el triunfalismo que prevalecen dentro del funcionamiento de la sociedad cubana contemporánea hacen que esa decisiva e imprescindible relación que debe crearse en la sociedad socialista entre la vanguardia y la masa presente problemas y contradicciones importantes que pueden conducirnos a la "paralización" de la que habla el Che, lo que en mi opinión ocurre en la Cuba de hoy. Podría decir que una paralización y un desentendimiento masivo de una población que se muestra hastiada, desengañada y llena de incertidumbres, consciente de que su criterio cuenta muy poco, mientras que es bombardeada insistentemente por el triunfalismo de los medios masivos y por las declaraciones de quienes nos visitan y ponderan en los medios oficiales de difusión nuestras realidades sin tener la vivencia ni el contacto adecuado con la mayoría del pueblo. El desinterés por el trabajo que prolifera en nuestro medio social es un ejemplo significativo de lo que les afirmo, no el único, pero tal vez sí el más importante de todos.

El Che auscultaba con precisión la realidad del momento que estaba analizando en lo referido a la consecuencia con que vibraban la vanguardia y la masa entonces, pero si somos rigurosos con el análisis del hoy que vivimos dentro de Cuba, puedo decir que cuando camino por mi Habana y que cuando hablo con mis amigos, vecinos y compañeros, incluso con mis alumnos, cada vez comprendo más que el planteamiento del Che, a quien se puede considerar, también por los que no comparten sus ideas, como un ejemplo de consecuencia hasta el final de sus días, si hoy se aplicara, nos permitiría percibir que estamos ante una encrucijada muy compleja, como la que proféticamente describe en su escrito, y que se define con la frase "es el instante de rectificar", frase a la que tendremos que recurrir varias veces más. Considero que si no se rectifica a fondo, sin criterios preestablecidos, sin sacralizaciones de ningún tipo ni tampoco imposiciones burocrático-administrativas, todo podría ir cada vez peor y podría hacerse realidad la autodestrucción de la Revolución por parte de todos nosotros: unos por impulsarla y otros por permitirla. Destrucción sobre la que algunos dentro de las más altas esferas del sistema lian hablado públicamente en los últimos tiempos.

Un simple "inventario de problemas críticos" que se pueden apreciar en la base sin hacer mucho esfuerzo, sólo viviendo y/o conviviendo un poco con la masa, es en mi opinión la medida que muestra lo complicado que resulta ser nuestro presente y que sucintamente les planteo a continuación.

Existen inconformidades entre la población, sus expresiones las percibo por todas partes. La masa en su conjunto sufre una diáspora que constantemente la desangra; cuando va a los mercados para buscar lo que necesita se encuentra que su salario no le alcanza para todo el mes; la moneda en la que cobra su salario no vale en el mejor y más abastecido mercado; lo que le distribuyen por la libreta de abastecimiento es insuficiente y muy incompleto, apenas para unos 15 o 10 días del mes. En la realidad, cuando uno enferma confronta dificultades para conseguir las medicinas y los servicios en los hospitales, mientras que en los medios masivos de información recibimos noticias a diario de la labor de los médicos cubanos en el exterior, muy encomiablc por cierto, pero que no se corresponde con las penurias y las realidades que se viven dentro del país; quien roba o quien recibe remesas del exterior o trabaja en las corporaciones y empresas mixtas tiene acceso ala moneda libremente convertible y, por tanto, vive ostensiblemente mejor que los demás, quebrando sensiblemente los ideales de igualdad y equidad distributiva planteados por el proceso revolucionario, que siempre deberían depender de lo que es la ley económica fundamental del socialismo que plantea que cada cual debe aportar según su capacidad y su esfuerzo y recibir según la calidad y la cantidad de su trabajo. El transporte público para ir al trabajo o para simplemente moverse fuera de la casa es casi inexistente, lo que crea un gran malestar generalizado; quienes se marcharon definitivamente del país durante las dos primeras décadas del proceso, y que entonces fueron considerados "gusanos", ahora muchas veces resultan ser los que ayudan y apoyan a los que se quedaron, quienes, por su parte, se arrepienten de los repudios que en un pasado cercano les hicieron a los que hoy los ayudan, también los que ayer se fueron pueden hoy opinar sin mayores restricciones, incluso con grandes barrabasadas sobre cualquier cuestión interna, algo que la masa no se atreve a hacer, pues considera que le está vedado; los de dentro no tienen acceso a Internet o la facilidad de viajar, entre otras cosas para conocer los debates que se realizan en los más diversos medios de comunicación del exterior, lo que en cambio resulta posible para los que se fueron.

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Sumario

Este Lunes

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Cuba: la transición o el desastre

Carlos Alberto Montaner

La inconstitucionalidad de la ley cubana de confiscaciones

Héctor Ávalos Sardiñas

De la intolerancia, la chabacanería y el despotismo: Indagación de lo cubano

Narciso Hidalgo

Análisis sobre situaciones y problemáticas en la Cuba de hoy

Félix Sautié Mederos

¿Será pronto el español la segunda lengua oficial de los Estados Unidos?

Leonel Antonio de la Cuesta

Memorias del Desarrollo, de Edmundo Desnoes

Jorge Camacho

Costa Rica existe

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Soñar con tigres. Guillermo Cabrera Infante en la memoria

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