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Otro problema importante se deriva de las concepciones, con un determinado matiz reduccionista y restrictivo, expresadas en medidas administrativas de obligatorio cumplimiento y centralmente establecidas que restringen y/o prohiben la libre adquisición por parte de la población de una importante gama de medios y productos necesarios para la vida moderna, algunos de primera necesidad, con que se pretende combatir al consumismo, tratando de restablecer por ley una inflexible igualdad distributiva que no es lo mismo que equidad distributiva. Estas medidas algunas veces no toman en cuenta de forma suficientemente explícita los legítimos deseos personales, familiares y colectivos de obtener una diversidad de bienes materiales y espirituales, repito, algunos incluso de primera necesidad real, que nos son necesarios a todos y que dan alegría, adorno y satisfacción a la vida, los cuales no son posibles de prevenir y/o planificar centralmente porque sería un intento de uniformar el patrón que conforma la biodiversidad humana. Creo que es muy importante analizar a fondo esta situación, porque si no se tiene en cuenta su efecto controvertido, esos procedimientos administrativos y esa campaña que apuntan hacia un objetivo válido devienen hastío y desinterés por el trabajo cotidiano, ya sea productivo o de servicios, así como malestar y desengaño impulsadores entre otros males del éxodo constante que poco a poco nos desangra. Citaré algunos ejemplos como los ordenadores, sus medios periféricos, los teléfonos móviles, lo que hace que la población ingenie múltiples acciones fuera de la ley para acceder a estos medios, incluyendo en algunas zonas el combustible doméstico, etc. Además, lo prohibido o inalcanzable crea un deseo muy característico de tenerlo y, en consecuencia, esas presuntas medidas anticonsumistas generan, por el contrario, unas ansias realmente consumistas que observo en muchas personas de la sociedad cubana contemporánea, quienes generalmente se reprimen a la hora de plantearlas en público. Es posible que cuando se publique este libro puedan haberse producido algunas rectificaciones específicas de cosas que no aguantan más, tal y como dice la expresión popular. Estas ansiedades contenidas constituyen, en mi opinión, una bomba de tiempo muy peligrosa. Aquí regreso a la necesidad de trabajar efectivamente la conciencia sin condicionamientos impositivos, una cuestión muy delicada que no debería pasarse por alto en su verdadero significado y consecuencias.
Podría apuntar en el inventario otros ejemplos más como son el deterioro de las viviendas y edificaciones y el miedo a los derrumbes cuando llueve fuerte, una realidad innegable; la falta de limpieza de las calles, el no acceso a los hoteles turísticos, algunos maltratos en los servicios, etc. Todo un conjunto de problemas que en una gran mayoría podrían resolverse parcial o totalmente dentro de la actual aplicación del sistema en el país, porque responden en muchas ocasiones a una situación generalizada de descontrol, de desidia y de insuficiencias productivas o de prohibiciones absurdas, que se agravan con las insuficiencias de recursos determinadas por el bloqueo al que estamos sometidos unilateralmente por la acción intervencionista en nuestros asuntos internos del gobierno de los Estados Unidos de América.
Además, parte de la "paralización del trabajo" que señala el Che está motivada también, y muy principalmente en la actualidad, porque, con su esfuerzo laboral, a la masa se le hace muy difícil subsistir y, entonces, la moral y la ética se debilitan por efecto del hastío, la desidia y el desengaño, matizados por el cansancio de una espera muy prolongada que dificulta ver claramente el futuro por muy promisorio que pudiera ser. Es el momento en que muchos se desinteresan por la calidad y la cantidad de sus resultados concretos, o se acogen a la conocida fórmula de "resolver", es decir, de apropiarse de lo que es propiedad estatal y/o cobrar gabelas ilegales en su propio beneficio por los servicios que en cumplimiento de su deber laboral prestan. Fórmula de "resolver" que genera una corrupción que alarmantemente se generaliza.
La situación religiosa es una cuestión que merece mención especial, porque el ateísmo científico implantado a partir de los años sesenta barrió la flora espiritual pública del pueblo cubano que enriquecía y daba esperanza a la sociedad local. Esta posición intransigente y dogmática ha causado daños, algunos quizá irreversibles, en los valores morales que han dado sustento a la nacionalidad cubana desde su surgimiento hasta la fecha, el ahogo que se hizo a la expresión pública de las tradiciones religiosas del pueblo, la exclusión de los creyentes de los cargos más importantes de la sociedad, el esquematismo con que se ha actuado al respecto. Ello ha creado profundas huellas en la sociedad local. En este orden de cosas, debo reconocer que, personalmente, soy víctima y victimario a la vez. Estos problemas se agravaron cuando las certidumbres inconmovibles en que se basaba la sociedad cubana de los años sesenta y setenta, y parte de los ochenta, se vino abajo con la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. Fue entonces cuando la sociedad cubana despertó de un sueño lleno de seguridades inconmovibles, comprendió que estaba más sola que nunca antes y que todo aquel andamiaje social se venía abajo. Entonces pudimos comprender que el paraíso que habíamos tomado por asalto se había convertido en realidad en un infierno lleno de escenografías de cartón que se habían quemado en un corto periodo de tiempo. Importantes sectores del pueblo, al tomar conciencia de la realidad, comenzaron poco a poco a buscar la esperanza que infunde Dios y la religión. Como consecuencia, actualmente se vive un franco periodo de recuperación de la fe, tanto en la Iglesia católica local como en las denominaciones protestantes y en los mayoritarios cultos sincréticos afrocubanos. Especial mención quiero hacer de algo que estoy viviendo personalmente desde muy adentro y que es el importante papel que juega actualmente en la concientización de la población, así como en la promoción del encuentro, el diálogo y la reconciliación, la Iglesia católica local, que ha creado importantes espacios de encuentros, centros de estudios de educación informal, ya que no puede acceder a los sistemas educativos establecidos, así como diversas publicaciones internas no legalizadas pero que, de hecho, son toleradas por ser su circulación dentro del ámbito de las instituciones religiosas, todas las cuales coadyuvan sensiblemente, en mi opinión, al desenvolvimiento adecuado de las más diversas formas de solución de nuestra problemática actual.
Volviendo al inventario de problemas que brevemente he planteado, debo decirles que algunos lo toman para atacar al socialismo en su conjunto, sin ser capaces de deslindar lo que constituye la idea básica del socialismo verdadero de lo que son los errores y las desviaciones que se cometen en su implantación y desenvolvimiento cotidiano. No me regodeo, ni mucho menos me regocijo, por su existencia, sino que planteo la necesidad del análisis abierto y público porque considero absurdo desestimarlos, y de ahí mi criterio de la necesidad del diálogo, las reformas y los cambios, que son conceptos que se han convertido internamente en malas palabras, como ya les mencioné.
No estoy de acuerdo en desarmar el socialismo como sistema, lo que bien podría producirse en respuesta si se niegan a ultranza la existencia de todos estos problemas y de muchos más que no relaciono. Sustituir, en virtud de estos problemas, el socialismo por un capitalismo rampante pienso que traería mucho más dolor, penurias y angustias, principalmente para los más pobres. Hablo en este caso de una posibilidad que veo en el horizonte inmediato y qué por días observo que gana lamentablemente más adeptos, inconscientes e incluso muy conscientes también, dada la prolongación de los problemas que aquejan a la masa. El ideal y el paradigma de justicia social y equidad distributiva que alzó en su momento la Revolución cubana está vivo y aún vigente a pesar de todo y creo que los que estamos por el socialismo, por un verdadero socialismo humano y democrático, no podemos permitir que muera por la acción de una centralización paternalista e inflexiblemente dogmática, ni mucho menos accionar a favor de su destrucción. Debo decir que todo esto me entristece en lo más profundo de mi ser y que comparto y acepto plenamente la corresponsabilidad alícuota que le corresponde a mi modesta persona. Pero, a la vez, me niego a meter la cabeza en la tierra para no verlo y reconocerlo, tal y como hacen los avestruces.
Cuando se analizan internamente estos problemas en un macro espectro social académico y político polarizado, pueden agruparse exclusivamente dentro de las reales consecuencias y secuelas que nos produce el arbitrario y genocida bloqueo a que estamos sometidos por el Gobierno de los Estados Unidos, pero cuando entramos en un análisis del micro mundo social del barrio, de la cuadra, de la comunidad que nos rodea, podríamos comprender también que hay mucho de la cosecha propia interna durante la implantación y desarrollo específico del sistema y que, con un enfoque más abierto y creativo de los procesos socioeconómicos y sociopolíticos, podrían solventarse dentro de la propia sociedad, a pesar del bloqueo, muchas cosas que hoy nos aquejan. Aquí es donde algunos especialistas, intelectuales y amigos del exterior se pueden confundir y equivocar, al convertir en absoluto y lo único posible al paradigma cubano sin concedernos el espacio que nos corresponde a los que realmente lo vivimos dentro para plantear nuestras realidades y proponer correcciones y rectificaciones que son imprescindibles para evitar su autodestrucción.
Creo que en la esfera de la circulación se pueden hacer ajustes y controles que podrían mejorar la situación, lo que últimamente se ha estado tratando de realizar. Considero en cambio que si no se actúa con medidas adecuadas de estímulo y de impulso a las esferas de la producción y de la calidad y cantidad de los servicios para aumentarlos y diversificarlos, poco tendríamos para circular y repartir. Además, opino que es necesario también replantearse la esfera de la propiedad por medio de la cooperativización, la autogestión y la liberalización de las muchas posibilidades de trabajo por cuenta propia y de la economía familiar con sus pequeñas empresas y unidades de produccióny servicios para lograr una mayor implicación de la masa, reanimando su interés, e incluso su entusiasmo, en la producción y los servicios. Asimismo, considero necesario en la esfera laboral plantearse una profunda reforma en lo concerniente al trabajo, la norma y el salario, que vaya más allá de los aumentos salariales que se están haciendo y que saludo, pero que no constituyen una solución básica definitiva que logre una verdadera correspondencia en la que quien aporte más realmente reciba más. También pienso que sin una correlación adecuada entre los salarios y los precios de los productos de primera necesidad se mantendrá un gran desequilibro social. Si no se toman medidas urgentes de este corte, poco se podrá avanzar en la solución de los problemas que afrontamos, incluso en la erradicación de la corrupción y de los efectos de una economía informal que crece al margen de la sociedad en su conjunto. También habría que hacer más asequibles, a partir de un mayor fortalecimiento productivo y económico en sentido general, los precios actuales, prohibitivos, del mercado minorista en divisas, para facilitar el acceso generalizado. Deberíamos partir del principio básico que plantea que para poder repartir hay que tener y que para tener hay que producir y realizar servicios, evitando las dependencias externas que monopolicen el abastecimiento del conjunto de bienes materiales y espirituales necesarios para solventar nuestras crecientes necesidades.
La centralización en la práctica cotidiana ha demostrado insuficiencias y lagunas que dañan directamente a la población. Si con la centralización hace más de cuarenta años que no se resuelve satisfactoriamente, por simple lógica habría que acudir a una determinada descentralización. Se deberían desestatalizar todos los timbiriches que existen diseminados a lo largo y ancho del territorio nacional. Hay muchas cosas imposibles de controlar efectivamente desde la centralidad de un Estado.
Para concluir este capítulo introductorio, quiero regresar a lo que considero la madre de todas las soluciones que necesitamos los cubanos de hoy: la necesidad de un diálogo responsable de todos con todos en pleno respeto, libertad de expresión e igualdad de condiciones. Creo que muchas de las posibles soluciones pueden encontrarse si realmente dialogamos entre todos sin exclusión y de forma organizada, civilizada y respetuosa.
Licenciado en Ciencias Sociales y en Estudios Bíblicos y Teológicos. Es Director de Educación para la Paz y Profesor de Ética Cristiana, y de Administración y Gestión de Proyectos del Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos de La Habana, ciudad donde nació y reside. Asimismo, es corresponsal en Cuba y redactor de Tiempo de paz, publicación trimestral del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL de España), y colaborador de las revistas españolas Publicaciones El Sur y Unicornio, y de las revistas católicas Vitral y Laboren Voz. Es miembro de la Asociación de Teólogos Laicos de España. Ha trabajado en actividades políticas, de prevención social y preservación de la paz en instancias intermedias y nacionales de Cuba. Ha sido director del periódico Juventud Rebelde (1965-1966), de la revista cultural El Caimán Barbudo (1966), director fundador de la Editorial José Martí de La Habana (1982), Director Nacional de Escuelas de Arte y Vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura de Cuba (1972).
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