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Aduana Vieja: A pesar de que Aduana Vieja tiene una línea editorial significativa dedicada a la literatura cubana, y a pesar de que enviamos cientos de libros gratuitamente a la Isla, el lector cubano es uno más de nuestros lectores, pero en nuestro caso no podemos decir que sea nuestro lector natural. En el caso de la literatura cubana que publicamos tenemos un contexto de recepción que nos resulta más inmediato, tanto en Europa como en el resto del mundo.
Betania: Influye y mucho. De esta realidad se desprende parte de nuestra problemática: la imposibilidad de llegar a nuestros lectores naturales por la falta de distribución de nuestros libros en Cuba. Pero, obviamente, esto se debe más a la cerrazón —o sin razón— burocrática y a la falta de libertades en nuestra patria que a una actitud nuestra. Si por nosotros hubiese sido, hace años nuestros libros se estarían vendiendo en territorio cubano, pero recordemos que tanto la distribución como las librerías son monopolio del Estado cubano y mientras no se produzcan cambios sustanciales en esa política estatalista no podremos hacer nada, aunque siempre hemos logrado enviar e introducir muchísimos ejemplares para su circulación gratuita, casi de forma clandestina.
Colibrí: Quizás esté mal decirlo, pero Colibrí es —como toda editorial cubana en el exilio— una quijotada. Se crece, por tanto, con las dificultades. Su mayor reto es, precisamente, poder acceder a sus lectores naturales en la Isla. Y en ello estriba también, aunque a cuenta gotas, su mayor satisfacción. Es gratificante comprobar que nuestros libros circulan dentro de Cuba. Confío en que llegue el día —si es que no ha llegado ya— cuando la situación se invierta, y las editoriales del exilio representen un reto para la política cultural de la Isla.
La gota de agua: Algunos de nuestros títulos han sido introducidos en Cuba con relativo éxito por trasmano, es decir, que otras personas los han allegado a un número pequeño, pero importante, de lectores dentro de Cuba. Nos han llegado cartas, por ejemplo, en relación a los dos volúmenes con los cuentos de Heredia. Claro, no nos hacemos ideas en cuanto al monto de la distribución, no se trata de eso. Por otra parte, no pretendo ser polémico cuando digo que el centro de la cultura cubana hace ya bastante que no radica en Cuba. Y no me refiero a que no haya en el país creadores dignos y trabajadores incansables, sino a que cuando la gente anda agenciándose de continuo la próxima comida para sí y para su familia, no hay mucho tiempo de crear cultura. La gente que se marcha se lleva una parte de Cuba con ellos, pero se lleva sobre todo lo más importante, un ansia y un propósito de ser, sin el cual no puede hablarse de verdadera creación. Lezama y Piñera y tantos otros pudieron en una época instalarse en el insilio, como ha sido llamado, porque aunque mínimamente existían las condiciones para ello y la propia formación de ambos se lo permitía. Aún así, ahí están las cartas desgarradoras de Lezama a su hermana Eloísa y a tantos otros amigos que radicaban fuera del país. Hoy día, sin dudas no habrían aguantado, sobre todo porque a la gente no le quedan ni esperanzas. Yo acabo de volver de Cuba después de una visita para ver a una hermana que estaba muy enferma y en todas partes los signos inequívocos son los de la desesperanza más absoluta. Los libros que publicamos tienen en cuenta a los cubanos que en el futuro de Cuba los leerán para re-encontrarse consigo mismos, pero no desestima a los cubanos que fuera de nuestras fronteras buscan con avidez unos libros en los que reconocerse y muchas veces no los encuentran.
Iduna: Sin duda nuestra labor editorial enfrenta factores negativos por el hecho de estar insertada en una comunidad mayoritariamente integrada por un público lector de distintas nacionalidades y diversos idiomas, lo que no ha impedido q ue hayamos podido contar con el concurso de apreciables grupos latinoamericanos no sólo de lectores sino de creadores que serán incorporados con sus obras a nuestra línea editorial.
Universal: Es trágico y siempre estamos buscando formas de que entren en Cuba obras que publicamos, por todos los medios posibles y algunos poco conocidos. Al mismo tiempo como empresa económica que también somos es muy difícil poder lograr un desarrollo estable sin contar con la mayor parte de los lectores cubanos que son los que están dentro de Cuba. Hay que hacer malabarismos de distribución para lograr que los libros tengan una venta aceptable que permita ser una empresa sana.
Verbum: Es una pena que nuestros libros y tantos otros que son censurados por el régimen cubano no puedan circular libremente por la Isla. Pero es esa misma voluntad maniquea del régimen la que nos ha forzado a publicar lejos de sus orillas; aunque, bien lo sabemos, los mecanismos de represión no han sido suficientes para impedir que, de una manera u otra, nuestros libros lleguen y sean leídos en Cuba. Por otra parte, los editores cubanos hemos aprendido que nuestros “lectores naturales” no sólo están en la Isla sino que se expanden por una cartografía más universal.
Aduana Vieja: Suponiendo que en Cuba ocurriese una regulación salarial que equiparase la moneda nacional al denominado peso convertible; suponiendo que la retribución a los trabajadores cubanos llegase a ser lo suficientemente digna de manera que les alcanzase para comer, para vestir y para luego pensar en comprarse un libro; suponiendo además que existiera una verdadera libertad de expresión y de imprenta, y una economía de mercado, aún bajo principios socialistas, entonces no tendríamos inconvenientes para establecernos y abrir una delegación en Cuba o para establecer contactos e intercambios con las instituciones culturales cubanas. Por el momento sólo nos interesa seguir enviando libros gratuitamente.
Betania: Repercutiría en beneficio de todos: de las editoriales que funcionamos fuera de Cuba y de los lectores nacionales que podrán tener acceso a otros fondos editoriales. De las editoriales, porque podríamos exportar nuestros libros y colocar nuestro catálogo en todas las librerías de la Isla con lo que habría una mayor oferta para la lectura, mayor libertad para la circulación de las ideas. Pero también para los lectores que residen en Cuba, pues tendrían más libros a su alcance y, sobre todo, porque podrían acceder a la bibliografía cubana que se publica fuera del territorio nacional.
Sin embargo, lo óptimo no sólo sería esa posible apertura, que permita la libre circulación de todo tipo de libros y revistas, sino que logremos establecer nuestras respectivas casas editoriales en suelo cubano, bien con sede o sucursales. Incluso, la posibilidad de editar nuestros libros en imprentas cubanas y poder desarrollar una política de difusión de la cultura cubana., pero, además, que nuestros libros de autores españoles e hispanoamericanos sean accesibles en el mercado cubano del libro
Colibrí: En un contexto de normalidad democrática yo intentaría trasladarme a Cuba, con la editorial. Las dificultades que eso entrañaría son, sin embargo, imprevisibles. Se presentarían problemas de adaptación, y tal vez sería preferible crear, según el nuevo contexto, otra editorial. Tengo en mente las dificultades que tuvo Ruedo Ibérico —la emblemática editorial del exilio republicano español— para instalarse en España durante la transición. Como quiera que sea, la normalización democrática de Cuba es todavía una opción muy hipotética.
La gota de agua: En un futuro de libertad y garantías a esa libertad, las editoriales y proyectos de este tipo en el exilio que cuenten con unos fondos determinados llevarían eso por delante. Naturalmente, en Cuba hay que empezar por levantar demasiadas cosas, por hacerlas funcionar y que el país se sitúe en sintonía con el mundo y consigo mismo. Eso es lo primero, pero no es cosa de sentarse a esperar. No solo de pan vive el hombre, ¿no?. ¡Nunca mejor dicho! El sistema de escolarización en pleno requiere de saneamiento, y ahí los libros son una de las herramientas fundamentales, luego viene el libro como divulgador y como elemento de ocio y de recreo también. En Cuba, he visto que la gente no tiene tiempo y si lo tiene no sabe qué hacerse con él entre las manos, como no sea correr de aquí para allá para "resolver" esto o aquello. No se lee, pero es que no hay qué leer. La gente que tiene formado el hábito de la lectura no halla qué leer. Son quejas que he oído hace unos pocos días apenas. Nosotros desde nuestras ediciones trabajamos con el presente a la vista porque pensamos que el futuro no existe sin tener en cuenta el cada día.
Iduna: Desde el principio la editorial Iduna concibió la idea de que sus libros en fecha no lejana pudieran contar con un número cada vez mayor de lectores en la Isla, y a ese efecto hemos establecido incipientes canales de distribución que aunque no han logrado las expectativas que nos hemos forjado son indicio de que en algún momento puedan alcanzar nuestros textos una apetecible distribución entre sus lectores naturales.
Universal: Siempre ha sido plan e ilusión el lograr desarrollar nuestra empresa editorial y de comercialización de libros en nuestro país. Nunca pensamos que el tiempo de exilio sería tan largo pero creo que el futuro que soñamos ya está cerca.
Verbum: Con la consolidación de esos presupuestos, estoy seguro de que serán numerosos y plurales los proyectos editoriales que surgirán en esa nueva Cuba.
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