

Imagino el barco alejándose, cortando las olas que inundan la bahía, y a él, con sus ojos grandes perdidos en el horizonte de isla. Es el eterno viaje de ida, como el del Bayoán peregrino —el viaje que se repite como holograma de un arquetipo. Arístides, apenas con veinte años, deja atrás una estela de recuerdos y un libro de versos. Misa rosa, se titula.
Arístides gira hacia la proa y se pierde en el amplio y misterioso mar que se lo traga como una gran boca de tiempo.
Tan sólo lo imagino.
¿Razones para arar la distancia en búsqueda de otro suelo? Las podemos adivinar. Pero únicamente Arístides las conocía. Las guardaba como parte de su equipaje, allí, con “La ninfa y el fauno”, “Los cíclopes”, “Los argonautas”, “Pan” y “Prometeo”, quienes poblaron sus versos.
Tal vez era un pez demasiado grande para un estanque pequeño.
Arístides Moll Boscana se casó con la historia en una “misa rosa” que abría el espacio a una nueva estética poética al publicar el libro que oficializa el modernismo en Puerto Rico. Pero el matrimonio duró poco, y la historia se olvidó de Misa rosa, libro impreso en las prensas del Boletín Mercantil de San Juan en 1905, y que por fin verá nueva luz este año en una edición anotada del estudioso Ramón Luis Acevedo.
Como sucede con otros grandes de la literatura de mi país, que fácil parean en los criterios de la mejor literatura hispanoamericana (como lo son al presente José María Lima o Manuel Abreu Adorno), de la obra y vida personal de Moll Boscana se conoce muy poco. Nacido en Adjuntas en 1885, el autor muere en Berkeley, California el 5 de marzo de 1964. Se educó en diversos centros de estudio en Francia, España y Estados Unidos. Fue maestro en su pueblo natal, pero luego migró de campo laboral para convertirse en subadministrador de aduana en Mayagüez.
Fue allí donde el mar comenzó a llamarle hace más de 100 años, cuando un tal Albert Einstein postulaba que el tiempo no es el paradigma absoluto que hemos conocido y respetado., y que Masa y energía son recíprocamente transformables. Einstein, por supuesto, no hablaba de los libros, pero eso es Misa rosa, la obra que oficializa el modernismo en Puerto Rico: energía en reposo.
Un reposo de más 100 años, claro.
Como en reposo quedaron Cantos y cuentos, Las orquestaciones y Walhalla yanqui, obras que permanecen inéditas o perdidas.
Aunque para algunos conocedores Moll Boscana fue el primer modernista puertorriqueño en publicar un cuerpo poético, para otros no trasciende la condición de poeta menor. Pero, ciertamente, la falta de valoración de su obra se alude a la ausencia del autor en la escena literaria puertorriqueña de inicios de siglo, dominada, entre otros, por Nemesio Canales, José de Diego y Luis Lloréns Torres. Lo cierto es que Misa rosa lleva el sello inextinguible de la mejor poesía modernista en Hispanoamericana. El título mismo del libro desprende del prólogo a las Prosas profanas (1896) de Rubén Darío (a quien alegadamente el autor conociera brevemente), el más grande modernista hispano, en donde el vate nicaragüense escribiera: “Yo he dicho, en la misa rosa de mi juventud, mis antífonas, secuencias, mis profanas prosas”. Misa rosa destaca la presencia de un genio creativo de la talla de Arthur Rimbaud o Percy Bysshe Shelley.
Precisamente, Moll Boscana incluye un poema en honor al poeta inglés, titulado apropiadamente “Shelley”. “Bello como un ensueño de pagano/ Existe un cementerio/ de flores cuna y templo de plegarias/ La brisa tiene allí su voz de salterio/ y es que entre flores de violetas y nardo/ duerme allí el bardo”. El poema canta la trágica muerte de Shelley, quien naufragara hacia la muerte cuando una tormenta arremetió contra su bote en el Golfo de Spezia.
La muerte, ese gran misterio abismal, se cierne sobre el espectro temático de Moll Boscana. No es coincidencia que en otro poema titulado “Emerson”, el poeta bebe la inspiración ante la tumba del filósofo y poeta trascendentalista Ralph Waldo Emerson: “Recé por el maestro/ Bebí como en raudal la poesía/ Que cinceló su prodigioso estro”. En otro poema, el autor hace préstamo del famoso poema “El cuervo”, de Edgar Allan Poe, en el soneto del mismo título: “Nació en el triste Bóreas, en desdichoso día,/ Y tuvo en su plumaje lo oscuro de las brumas,/ Y en su graznido seco del hado la ironía/Aléjate -el poeta le dijo- que me abrumas”. La visión lúgubre de Poe reverbera en el poema “Canto de buitres” que nos sorprende por su increíble vigencia: “Un rosario de llanto, largo, largo,/ Y más que largo, amargo/ Por el soldado ausente ... /Gota a gota/ De la nariz del jovenzuelo hoy brota/ Hilo de sangre corrompida y negra/ Que a los buitres alegra”. Moll Boscana vivió la invasión de Guánica el 25 de julio de 1898.
Encontramos, así, la frecuente yuxtaposición de conceptos e imágenes, como el cisne y el buitre, el ermitaño y el peregrino, paganismo y cristianismo, el día y la noche, la muerte y la vida, la tristeza y la alegría. El poeta transfiere estas dicotomías antitéticas a la forma, donde resaltan las combinaciones acentuales y métricas propias del modernismo. Por supuesto, también habitan este libro las formas de verso más cerradas, como el soneto, los serventesios y las cuartetas.
Sin embargo, de todos los poemas del libro, el que más impacta es “El éxodo”, donde se expone abiertamente uno de los temas recurrentes en la literatura puertorriqueña: el abandono de la patria a causa de las pobres condiciones económicas. Los versos finales leen: “Yo entonces pregunto: ‘¿Do váis amigos míos?’/ Y en una voz -sollozo que el monte hace temblar-/Aquel tropel responde sin detener la marcha:/ ‘No vamos, nos arrastra la horrible tempestad’”.
El poema lleva fecha de 1901, año devastado por el huracán San Ciriaco.
Tan sólo lo imagino.
Imagino el barco ya mar adentro, tragado por la nada, dejando atrás la isla en el horizonte, reducida hasta donde la mirada acaba. Arístides, con su peinado á la Rimbaud, se tornaría hacia la proa y se perdería en la amplia y misteriosa boca de tiempo.
Tan sólo lo imagino. Un poeta en éxodo hacia el olvido en el barco de los muchos.
Puede escribirle al autor a: elidiolatorre@otrolunes.com
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