OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Junio 2009. Antilde;o tres. Número ocho

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Datos de la revista, junio 2009, año 3, número 08
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“La fama literaria casi no es fama”

Entrevista al escritor dominicano Junot Díaz

 

por Patricia Suárez y Antonela de Alva

Casi seguro que no oyeron demasiado hablar de Junot Díaz hasta que se ganó el Premio Pulitzer en el 2008 por La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Y entonces dijeron: “¿Pero quién es este escritor? ¿Es dominicano (Santo Domingo, 1968), acababa de cumplir 40 años, pero vivía desde niño en Estados Unidos, escribe en inglés y se ganó el premio máximo que los gringos dan a las novelas publicadas? Por un momento se les  presenta una duda: ¿vivir en Estados Unidos y escribir en inglés es sinónimo de lo mismo? Sacuden la cabeza para despejar las  dudas –aunque el asunto no les  quedó para nada claro- y averiguan más. Junot Díaz había publicado un libro de cuentos en 1997: Negocios (la edición Vintage) o Los Boys (la edición Mondadori) hoy casi inconseguible. En resumen: tienen  un solo libro de este autor que quizás está a punto de convertirse en vuestro favorito y no saben mucho más. Como hace poco visitó la 35ª Feria Internacional del Libro en Buenos Aires y contó algo más sobre él, no les  queda más remedio que leer esta nota.

 

Caribean in New York
   Patricia Suárez

 

Los orígenes

Ante la pregunta sobre sus orígenes y su relación con la lengua madre, cuenta él mismo: “Hay aquí muy diversas clases de caribeños inmigrantes: hay mucho clic y muchas generaciones. Yo ingresé a los Estados Unidos en 1974; en ese entonces no había un movimiento bilingüe que permitiera a los niños conservar su lengua natal. Los niños no eligen el idioma que hablan. Viene en el pack con su cultura. En la escuela te castigaban cuando hablabas en español. Mi caso sin embargo es singular: yo soy hijo de militares y de familia humilde. Mi madre no habla ni papa de inglés y eso que ella hace 30 años que vino a Nueva York. Pero el español es el único idioma que ella tiene. A su vez tengo hermanitos pequeños completamente gringos, que no pueden decir palabras sencillas, ni baño ni autobús. Y aunque conozco Santo Domingo muy bien, yo hablo un poquito de español, y mucho, mucho más en inglés. Por otra parte”, aclara, “nosotros somos inmigrantes caribeños, donde ocurren dos cosas al mismo tiempo: uno, se hablan varios idiomas en el Caribe, y dos, no hay un solo caribeño que no esté mezclado con africanos, para quienes el español también fue una lengua impuesta. Por eso no puede decirse que entrar a otro país no fue para mí un trauma, un choque; dejar tu lengua fue un trauma, pero yo creo que el Caribe te prepara para vivir en un espacio donde hay muchas culturas conviviendo. Tal vez para conservar esta identidad que pierdes al venir a los Estados Unidos, es que muchos hispanos se vuelven aquí más hispanos de lo que eran en su tierra. Cuando vives tanto tiempo con los americanos, eso te vuelve más latino que los latinos que siguen en sus países. Ya estamos hartos de esos gringos, por eso para mantener tu cultura y tu salud mental, a veces tienes que pegarte a tu lugar de origen.”

 

La lengua madre y la adoptiva

Junot Díaz jura que no escribe en español y cuando le pregunto si lo hará alguna vez se ríe, porque hacerlo probablemente resultaría una idea excéntrica: ¿por qué habría de hacerlo? Es lógica aunque curiosa esta resistencia, porque si la patria –la tierra de tus padres- es un país de habla de hispana y la lengua madre es el español, debería ser casi natural poder escribir literatura en esa lengua. Pero este parece ser el paradigma propio del inmigrante: Milán Kundera cambió su checo de origen por el francés una vez instalado en París, y el húngaro Stephen Vizinczey adoptó el inglés cuando emigró al Canadá. Tampoco es propio de los autores actuales: baste nombrar al polaco Joseph Conrad, cuya obra fue escrita absolutamente en inglés. (De pronto me asalta una duda boba: ¿las listas del supermercado, la de la lavandería, los mensajitos a la amada, en qué idioma la garrapateará esta gente?) Hay excepciones, por supuesto, dado que hay escritores que no pueden salirse de la lengua natal, sea por testarudez, por amor o por convicción. Un caso es Isaac Bashevis Singer, autor judío que nació en Polonia y emigrado a los 34 años a Estados Unidos, realizó la totalidad de su obra en lengua yíddish. De todas formas, la lengua madre es la lengua de la oralidad por excelencia –de allí que hasta los hispanos de los Estados Unidos que la hablan ignoran su correcta ortografía a la hora de escribirla-, sin embargo, se leen habitualmente libros en español. En Estados Unidos, los escritores hispanos que usan el inglés para escribir ya son una comunidad que se lee entre sí: “Bueno”, exclama Junot, “yo no sé si ellos leen mis libros; pero yo sí leo los libros de ellos”. Entre los primeros y más relevantes escritores hispanos se encuentran Sandra Cisneros (Chicago, 1954) que se dio a conocer y llegó a nivel de best seller con La casa en Mango Street o En el tiempo de las mariposas de la también dominicana Julia Álvares. Entre los actuales escritores hispanos se cuentan Daniel Alarcón (Lima, 1977) autor de la novela Radio Ciudad Perdida o Edwige Danticat (Haití, 1969), autora de varios libros, entre ellos la novela Cosecha de Huesos en la que también habla de la dictadura de Trujillo y la matanza de los haitianos que aparece referida en la novela de Junot Díaz.

Sin embargo, asegura haber leído su novela en la traducción que hizo Achy Obejas al español y haberla disfrutado. El lenguaje de la novela mezcla el argot, el inglés, el spanglish y a veces francamente saltan durante la lectura términos desconcertantes. Comenta Junot Díaz que, por otra parte, él suele leer otras ficciones en castellano, pero prefiere hacerlo en inglés por comodidad o por rapidez y también porque no cree que la mayoría de los buenos autores pierdan mucho de su sustancia en una traducción. Por ejemplo: en La maravillosa vida breve de Oscar Wao, él trabajó haciendo un sistema de notaciones al pie donde fue narrando cierta historia oficial de la República Dominicana que el lector común desconoce. Entre estas notas hay referencias a obras de la literatura hispanoamericana como La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa. A pesar de todo, según sus propias palabras, a Vargas Llosa lo leyó en traducciones al inglés y Junot Díaz siente que el autor no ha perdido su densidad en la traducción, como no la pierden los autores que tienen un lenguaje sencillo, afirma. Tal vez, Vargas Llosa no se sentiría muy feliz de oírse metido en la bolsa de los escritores sencillos y amenos, sobre todo si llegado el caso uno recuerda la complejidad de lectura de La guerra del fin del mundo.

 

El Pulitzer

El Premio Pulitzer existe desde  1918 –en letras- es el máximo galardón para la novela nacional editadas en lengua inglesa durante el año en curso. Lo entrega una academia muy seria, que con el paso de los años terminará pareciéndose a la del Oscar, muy probablemente.  Junot Díaz lo recibió en el 2008. La maravillosa vida breve de Oscar Wao fue la segunda novela de un hispano que recibió tal galardón: la anterior fue en 1990 con Los reyes del mambo tocan canciones de amor de Oscar Hijuelos, autor de origen cubano. En ambos casos, las novelas cuentan –con muy distintos estilos, facturas y conclusiones- la vida de los inmigrantes hispanos y la lucha por adaptarse al duro mundo de los Estados Unidos. Asimismo, en el 2000 recibió el Pulitzer una autora de origen bengalí, Jhumpa Lahiri, por el libro de cuentos, Intérprete de emociones, que narraba también esta clase de historias de inmigración. Indudablemente, el Pulitzer mira ahora con buenos ojos a aquellos autores que no son los clásicos wasp que narrarán la gran novela americana, la lucha por no sucumbir, mantenerse a flote sobre la línea del éxito y lograr a tocar con la punta de los dedos el sueño americano. Hay otro tipo de gente ahora viviendo allí, gente que hace otra literatura. ¿Qué cambió el Pulitzer para Junot Díaz? “Pues, mira”, dice, “yo soy medio gloomy, yo lucho para escribir, y aunque es un premio muy importante para mi carrera, no se me ha subido a la cabeza. No ha cambiado mucho en mí: mis amigos dicen que sigo siendo el mismo. Además, ¿sabes?, la fama literaria casi no es fama.”

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