

Veintisiete Letras publica la mayor antología bilingüe de la poesía del brasileño Haroldo de Campos (1929-2003) vertida al español. En una exquisita y rigurosa edición a cargo del poeta Andrés Fisher -autor también del preciso estudio introductorio-, Hambre de forma cubre el vacío en torno a la obra de Haroldo de Campos en España, apenas alimentada de manera fragmentaria por ediciones de Crisantiempo en Acantilado (2006) y de La educación de los cinco sentidos en Ambits (¡1990!). Gran aplauso; ovación cerrada.
El poeta, ensayista y traductor Haroldo de Campos fundó -junto a su hermano Augusto y a Décio Pignatari- el grupo Noigandres en 1952, uno de los principales vehículos de la Poesía Concreta, movimiento formulado por el poeta Eugen Gomringer fundamental en el panorama artístico americano de la segunda mitad del siglo xx y cuya eclosión se produciría con la Exposición de Arte Concreto de São Paulo de 1956 al calor de la creación de Brasilia, la ciudad nueva de Niemeyer.
Hambre de forma da nutrida cuenta de esta primera etapa concretista de la poesía de Haroldo de Campos, cebada fundamentalmente por la idea de transcreación, una “devoración crítica” del canon poético (no sólo brasileño) regurgitada en nuevo repertorio que entronca la poesía brasileña en las vanguardias históricas a partir de la nueva lectura de clásicos como Homero, la Biblia o Mallarmé a autores cercanos como Sousândrade o João Cabral de Melo Neto y Joyce, Mayakovski o Pound, en la selección que ilustra su segundo libro: Ajedrez de estrellas.
Si bien los poemas de su primer libro, Auto del poseso, apenas muestran nada del poeta, salvo una escritura neoparnasiana o decididamente conservadora, en los poemas de Ajedrez de estrellas el salto sin red a la materialidad del lenguaje, la reformulación a través del signo y la sintaxis espacial conforman la base del constructo poético del brasileño, y el poeta se sitúa como el arquitecto (o el albañil, sin duda) que da forma a su mundo nuevo. Haroldo de Campos se dice en su poesía con palabras nuevas: “mensurado geómetra / el Poema se piensa / como un círculo se piensa en su centro” (p. 59), y delinea así una nueva disposición gráfica del poema de pretensión figurativa cercana al caligrama e incluso al ideograma -por un lado- pero también al dibujo del campo magnético del poema -por otro- en el que lo no-discursivo irrumpe como fuerza generatriz y destapa la infinidad del lenguaje poético.
Repeticiones, paronomasias y aliteraciones ejercen de “esqueletos pulidos / poliedros” en los que se encarna una nueva visión de la tradición poética en la que “todo es semilla” (p. 159), donde se renueva “el comienzo / el cimiento / la simiente”, según Blanco de Octavio Paz, que Haroldo de Campos traducirá y tendrá muy presente en su poesía, llegado el momento. Para esta expresión primigenia de la tradición, “el Poema se propone: sistema / de premisas rencorosas / evolución de figuras contra el viento / ajedrez de estrellas”, en el que permutaciones, variaciones y neologismos se suceden y chocan.
Atenuados pero siempre presentes los elementos de materialidad y espacialidad del poema, el siguiente título de Haroldo de Campos, Signantia: Quasi Coelum rebosa de referencias culturales y juegos intertextuales a través de una disposición gráfica que revela la importancia sonora del lenguaje, pero desatendiendo la precisión geométrica para conceder su espacio a un sentido semántico y más lineal del poema. Por su parte, Galaxias, cuarto título de Haroldo de Campos según el orden -más que razonado y razonable- que presenta esta antología desecha la precisión matemática de la forma y el poeta se sumerge en el caos de repeticiones, derivaciones, referencias cruzadas y pistas abandonadas para colegir una visión poética alucinadamente serena y que de algún modo se puede retomar ordenada y ya metabolizada desde el poema “Oda (explícita) en defensa de la poesía en el Día de San Lukács” que abre su siguiente libro: La educación de los cinco sentidos, quepresenta a un Haroldo-poeta y da de algún modo por concluida su etapa formal de Haroldo-geómetra concreto, cuyos hallazgos y experiencia integra en su escritura y a la que mira con el orgullo de saberse amoroso triunviro: “te aman furiosamente / en la garçonnière noigrandres / hace más de treinta años que te aman / y el resultado es ése / poesía / ya lo sabes / el caos en el follón / general / y todo el mundo queriendo tricapitar / hace más de treinta años / a esos trigenios vocalistas / ¿qué idea es esa de querer plantar / ideogramas en nuestro patio?” (p. 205).
Comienza así la plenitud del Haroldo-poeta y continúa en el precioso Crisantiempo, que no sólo no abandona sus hallazgos previos sino que los descubre de manera impúdica y gozosa (“preciso / es tener paciencia / decantar los vinos”, p. 251) en nuevos artefactos sabios y serenos que lanza a los aparatchiki de la escritura, a esos “golosos de papel peritos en celulosa” (p. 259). La serena y entusiasmada aceptación de su condición de poeta nueva e intacta (“querencia / para hacer de este papel / poema”) hacen todavía más libre su juego poético, y sus herramientas poéticas -de ningún modo recursos- funcionan con la precisión del maestro de taller que en un crisol dispone su experiencia poética y disfruta observándola fraguar.
Crisantiempo es el delicado biombo japonés tras el que se va desnudando Haroldo de Campos, en el que ya está inscrita la voz del poeta como sujeto, no objetivado, en el que la sofisticación de la forma no impide contemplar al poeta que viaja -lástima que la antología no incluya “Tenerife”-, se nutre y realimenta de lecturas clásicas, muestra sus temores políticos y escribe gozoso un tierno poema fónico a su gata, “Lady By-1” (p. 281).
La máquina del mundo repensada cierra Hambre de forma. Aquí, la poesía de Haroldo da un nuevo giro formal que lo sitúa -sólo formalmente- cercano a su primer Auto del poseso. Mediante una sucesión de tercetos encadenados, el poeta realiza una inmersión abisal en sus referencias fundamentales a través de un juego intertextual alucinado y preciso.
Completa este precioso viaje poético un breve y valioso conjunto de notas y apuntes, tanto de Haroldo de Campos como de Andrés Fisher, que dignifican aun más esta preciosa y bienvenida edición de Veintisiete Letras.
Haroldo de Campos murió hace apenas unos años. En 1999 había recibido el Premio de Poesía y Ensayo Octavio Paz, una alegría por rememorar a su admirado y querido mexicano. Su palabra es diáfana: “Ya hice de todo con las palabras / ahora quiero hacer de nada”.
(Zaragoza, 1977) es editor y en sus ratos libres tiene medio abandonado su blog porvoluntaddedado.blogspot.com.