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Dicen, nosotros no habíamos nacido por aquel entonces, que en los años cincuenta estaba de moda comprar y cambiar novelas en el quiosco. Había de todos los tipos, Corín Tellado y similares para las amas de casa, las empleadas domésticas y los soldados; Marcial Lafuente Estefanía o José Mallorquí para los hombres en general…
Estaba de moda parecer americano. Quizá no fuera una moda sino una simple forma de pasar la censura o ganarse la vida entregando una novela a la semana y mantener intactas las esperanzas de algún día dedicarse a la literatura seria con el nombre auténtico. Silver Kane era Francisco Fernández Ledesma, George H. White era Pascual Enguídanos, Juan Gallardo Muñoz se escondía detrás de Curtis Garland, Luis García Lecha firmaba como Clark Carrados; había alguno muy directo, por ejemplo, Eduardo Rueda se convirtió en Edward Wheel o Arturo Rojas en Red Arthur… Podríamos seguir dando nombres, sólo decir que alguno de ellos, como García Lecha, escribió más de dos mil novelas…
Uno de los géneros más trabajados por estos esforzados escritores era el de la novela negra. Un detective español no despertaba los sueños de los lectores, también había que americanizar si nombre. Si el autor había pensado en Pepe Colina, con escritorio en la calle Príncipe, lo convertía en Joe Hill y ponía su despacho en la Calle 47; es un ejemplo, Joe Hill nunca existió, creo. Esto, claro, no era bastante, había que crear el resto del entorno. Probablemente Joe Hill fuera ex boxeador, hay más boxeadores en las novelas que en los gimnasios; bebiera bourbon, se bebe más bourbon en las novelas que en los bares; condujera un Chevrolet, que hasta hace poco se conducían más en las novelas que por las calles, ahora parece que se ven más; estuviera enamorado de una rubia voluptuosa, de éstas, afortunadamente, hay más en las calles; la rubia le maltratara, completamente real, y estuviera desencantado de la vida…
“Tigre Manjatan”, de Javier Puebla, es una novela sobre un periodista madrileño desencantado de la vida que se llama Arturo Briz y se hace llamar Tigre Manjatan, acude todas las noches a El Ring, el bar de su amigo Julián Chicheri para ver boxeo o hablar con él de los grandes combates del pasado, bebe bourbon como un condenado los ratos que la cocaína se lo permite, conduce un Chevrolet del 63 y se enamora de Emilia, que se hace llamar Natalia… No recuerdo si Emilia es rubia, creo que sí, aunque no es voluptuosa, se trata de una yonqui que se prostituye en la casa de campo y ha sido asesinada antes de que empiece la peripecia de Tigre Majatan.
Javier Puebla ha tomado muchos elementos de aquellas novelas que popularmente se llamaban de “a duro”. Evidentemente, no ha hecho una más, ha ido mucho más allá. Se nota en especial en el estilo, Puebla utiliza para el narrador una poco habitual segunda persona que va hablando directamente con el protagonista, a veces contándole lo que hace, a veces desvelándole los acontecimientos y sus propios pensamientos.
Como de costumbre en la novela negra, lo importante no es la intriga, quién mató a Emilia, sino acompañar a Tigre Manjatan en sus noches por Madrid, “la noche tiene luz”, asegura Puebla. Prostitutas de buen y de mal corazón, pistolas, policías corruptos, el bar “hogar, dulce oh bar”, camellos, yonquis, travestís agresivas, periodistas de radio nocturna… De todo se va encontrando Arturo Briz en su recorrido en pos del asesino.
Mientras, como en toda buena novela negra, se entera de cosas que no sospechaba y que tienen que ver, como siempre, con la corrupción y con la naturaleza humana.
(Alicante, 1962), es novelista y guionista de televisión. Es uno de los creadores de Hospital Central en Telecinco, serie de la que ha sido coordinador de guiones. Ha escrito para otras series, entre ellas Hermanas, Mir o Siete días al desnudo. También ha dirigido programas de televisión como La noche prohibida. Ha publicado en 2009 la novela Los números del elefante, en la editorial Planeta.