OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Junio 2009. Antilde;o tres. Número ocho

Logotipo de la revista OtroLunes
Datos de la revista, junio 2009, año 3, número 08
otrolunes.com >> Sumario >> Este Lunes

Percepción cambiante de la (r)evolución cubana

 

Andrzej Dembicz

Página 1

Para entrar en materia me permito citar las frases introductorias de un artículo mío publicado en 2008 en la revista OtroLunes, las cuales me parecen importantes para remarcar el proceso inicial de la percepción de la revolución cubana en un país como Polonia y en una región como la Europa Centro-Oriental de la época en cuestión.

Al analizar, con mis alumnos, las raíces de los estudios latinoamericanos contemporáneos en Polonia suelo, a veces, plantear la hipótesis, tal vez un tanto exagerada, pero no descabellada, de que yo mismo como americanista (= latinoamericanista), mis coetáneos y muchos de mis alumnos, así como también la formación misma del latinoamericanismo en Polonia, somos, no en poca parte, producto de la revolución castrista y del proceso social y político cubano iniciado en 1959. Una hipótesis semejante es también permitida plantearla en relación a los demás países, entonces “socialistas”, o sea de la órbita soviética de aquel entonces. Esto, porque un porcentaje significativo de los cuadros americanistas de aquella época se formaba sobre las experiencias directas o indirectas vividas en Cuba; porque hasta mediados de los setenta (1970) el acceso a América Latina era predominante o únicamente a través de Cuba; porque la presencia (política, propagandista, cultural, demográfica – a través del estudiantado por ejemplo) cubana en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumanía era bastante notoria; porque la Europa “socialista”, una vez aclaradas las posiciones ideológicas mutuas y regularizadas las relaciones políticas, económicas y culturales empezó a estar presente de manera masiva en Cuba con sus becarios de pre- y posgrado, miles de técnicos y consejeros en ingeniería o docentes; finalmente, porque empezaron a darse, y con el tiempo proliferar, vínculos familiares: casamientos, divorcios, dichas y desdichas, estas últimas resultantes principalmente de las profundísimas diferencias y brechas culturales entre las sociedades cubana y la polaca o checa, pero también como efecto de limitaciones y restricciones políticas. No es de olvidarse, y en el contexto arriba manejado menos, que entre el mundo “socialista” europeo y Cuba castrista los aviones hacían escala en Irlanda y Canadá y allí se quedaban solteros, pero también pedían asilo los casados, dejando sus otras mitades en condiciones a veces deplorables en Cuba o en Europa.

Dentro de este enorme mar, por momentos bastante agitado, de problemas sociales y humanos, buscaban sus varaderos los intereses intelectuales americanistas. (OtroLunes, 5, 2008)

Aquí se se hace inminente preguntar: ¿qué sabíamos de Cuba en Polonia y sus países vecinos y de los procesos que se estaban forjando allí desde hacía algunos años? Tal interrogación es absolutamente indispensable para evitar la ahistoricidad de la reflexión. ¿Quiénes éramos, por quiénes estábamos manejados e informados, qué sabíamos, qué esperábamos y a qué aspirábamos? Aclarar estas dudas permitirá continuar racionalmente con la cuestión de la “percepción cambiante de la (r)evolución cubana”.

Eramos en Polonia de los cincuentas una sociedad totalmente descarrilada por la guerra y su martirio; por la imposición de un régimen ideológico ajeno –traído, por cierto, desde fuera, pero implantado en cierto grado con nuestras propias manos (voluntaria o forzadamente); agobiada por unos diez años de una cruel dictadura estalinista de terror político y policial; desorientada por desfases territoriales bruscos y cambios demográficos no menos radicales; dividida entre los que estábamos dentro de los límites políticos nacionales nuevos, los que se quedaban aún en los antiguos territorios polacos orientales, los que quedaban dispersos en el Occidente (como lo eran los ex-soldados de las tropas nacionales aliadas), los que quedaban desparramados como efecto de la guerra en un sinnúmero de países y lugares del mundo– los del Oriente deseaban regresar, y lo hicieron paulatinamente hasta los años sesentas y más tarde aún (como mi abuelo Piotr recuperado por la familia de algún lugar apartado de la Unión Soviética), los del Occidente, que en su mayoría tenían miedo de regresar (como mi tío materno August que no se atrevió a volver nunca). Eramos una sociedad desorientada por los procesos de cambios sociales y económicos tormentosos, como una estatización acelerada y omnipresente, el cambio total de las estructuras agro-rurales, las migraciones internas y la ruralización y la proletarización de la sociedad, y, para finalizar este conteo, una sociedad desequilibrada debido a la formación esquizofrénica entre el adoctrinamiento propagandístico oficial de un lado y la educación familiar de corte opuesto de la otra, esto válido especialmente en las capas de clase media tradicional, o sea la “intelligentsia” y los profesionales.

Es cierto que la pesadumbre de la “noche stalinista” acabó en 1956 y, aunque el amanecer prometía bastante más (en Hungría el amanecer radiante se convirtió en la hecatombe), el pleno día del socialismo real, cuya cinceladura empezó a partir de 1957 y dominó toda la década siguiente, se tornó muy gris y equivalía al acceso casi nulo a la información libre externa (salvo las emisoras Europa Libre, la Voz de América, la BBC escuchables con dificultad por interferencias intencionales de emisoras del régimen).

En Polonia las aspiraciones eran revivir social y culturalmente, volver en sí, aunque fuera bajo el régimen autoritario y represivo, después de casi dos décadas desgraciadas, reedificar los lazos familiares y sociales, buscar soluciones sociales posibles en un contexto dado, y ver cómo en un futuro se podían buscar más libertades.

Los lazos entre Polonia y Latinoamérica, que antes de la guerra eran bastante intensos debido a las inquietudes intelectuales decimonónicas y a una fuerte emigración campesina hacia Argentina y Brasil fueron, por motivos políticos e ideológicos, practicamente suspendidos. En el país se sabía de América Latina, pero nuestras preocupaciones eran Polonia, la omnipresencia soviética, las políticas occidentales (estadounidense, británica, francesa y alemana) y, además, algo muy importante a nivel social interno: el “zigzagueo” o malabarismo entre los mandamientos oficiales (“socialistas” y partidistas) y los valores y cánones tradicionales y liberales. Este comportamiento, que inevitablemente conducía a la sociedad a dividirse en dos bandos: nosotros (el pueblo) y ellos (la autoridad) y que a la larga, tras haberse consolidado y logrado sobre la base de cierto consenso interno de paz social y haber adquirido Polonia cierto margen mínimo de maniobra externa, llegó a convertirse en los años 70´s en lo que nosotros llamamos sarcásticamente el barracón más alegre del campo (socialista). Esto último, efecto de cierta flexibilidad del régimen iniciada después de 1956 permitía algo muy importante: una ligera y paulatina apertura hacia el exterior, hacia contactos con otras culturas de Asia, África y América Latina, especialmente de los pueblos oprimidos (según la terminología oficial) y en procesos de descolonización y, en los años 1970, hacia el Occidente.

En este punto quiero aclarar que me permito personificar estas reflexiones porque, creo que mi filiación generacional y social así me lo permite. En 1959, cumplía yo veinte años, era estudiante de geografía de la Universidad de Varsovia, estudiaba español como idioma complementario1 y sufría en carne propia la tragedia de la esquizofrenia nacional e ideológica entre la tradición aprendida de mis familiares y las fuentes extraoficiales y la propaganda del estado omnipresente.

Dentro de aquel contexto era lógico que en Polonia tuviéramos a Cuba (mis muy tempranos intereses latinoamericanos aparte) presente apenas con El viejo y el mar de Ernest Hemingway y algo de Lecuona Cuban Boys o de la Orquesta de Pérez Prado que se podían escuchar de vez en cuando en la radio. No es nada extraño pues que lo que ocurría en Cuba en la década de 1950 no podía suscitar en la sociedad polaca, ni tampoco en ninguna de sus vecinas de Europa “socialista”, agobiadas por sus miles de problemas internos y encerradas en un círculo de desinformación, otro interés que el de un lejano exotismo tropical. Es apenas, una vez declaradas las intenciones anti-oligárquicas, anti-imperialistas y prosocialistas de los dirigentes de la revolución y de Cuba, a mediados de 1959 y principios de 1960, que la isla empieza a ser percibida oficialmente en Polonia como una hermana de lucha y llena los espacios mediáticos y de cultura popular. Por esa época, se adueñó de Polonia la canción Cuba ardiente como un volcán compuesta oportunamente a finales de los años cincuenta, pero lo característico era que dicho hit musical polaco no glorificaba a la revolución, la lucha guerrillera, los barbudos o la justicia social que se buscaba, sino lo suave, lo bello, lo casi paradisíaco de la naturaleza y de la sociedad cubana que gozaba de estas condiciones tropicales tan soñadas en un país de latitudes altas, cielos a menudo grises y fríos desagradables. Era, probablemente, el efecto de genius loci, o sea de la reacción muy natural de Polonia contra toda la propaganda insistente, cotidiana y tosca seudosocialista de progreso y justicia social, hermandad de los pueblos, opresión imperialista, democracia socialista, lucha de clases y tantos lemas vacíos más. La sociedad estaba totalmente harta de los slogans y como tenía que seguirlos escuchando a diario buscaba las válvulas de escape cultural permitidos por la censura oficial, la cual no podía tachar su alegría por lo bello de Cuba que abría los abanicos de sus palmeras hacia el sol, se bañaba en el perfume de sus flores y gozaba de la brisa marina bajo el calor tropical.... Unos meses más tarde empiezan a co-reinar La Guantanamera, Siboney, El Manisero y tantas otras piezas más que descubren a la sociedad polaca los valores de la cultura popular cubana.2

Con esto empieza una importante etapa de bifurcación en la percepción de Cuba en Polonia. Pero sería demasiado burdo, tosco inclusive, decir que era una bifurcación entre lo oficial y popular. Al inicio, era probablemente así de sencillo, pero luego la bifurcación se convierte en ramificaciones múltiples que impiden definiciones tan fáciles ya que lo oficial permitía el surgimiento de interpretaciones y actividades variadas en lo ideológico, político, cultural, intelectual y académico. Lo popular va desde lo más banal del cancionero romántico, del ron y el tabaco ya entonces fácilmente accesibles, hasta el interés progresivo por la literatura latinoamericana, el idioma español y la presión estudiantil sobre las facultades que ofrecen estudiar temas cubanos y latinoamericanos.3

Sin embargo, todo esto, tenía un tono fatalista. La sociedad polaca, a los 15 años de finalizar la guerra e implantarse el socialismo a la soviética, no tenía muchas esperanzas de cambio del sistema, ya que éste visiblemente se expandía primero hacia Asia Sur-Oriental luego hacia América Latina y África. El fatalismo nos sugería: si no era posible esperar cambios substanciales en Polonia y en nuestra parte de Europa, entonces, por lo menos aprovechemos lo ocurido para buscar ventajas existenciales a nivel personal y societario. Cuba socialista significaba una apertura hacia el oeste, hacia América, hacia lo distinto. Cuba permitía deslindar nuevos horizontes que se abrían aún más en 1968 con Perú y Panamá y, luego, en los setentas con una mayor distinción internacional. El polaco promedio percibía entonces al cubano como a un hermano en lo fatal, en desgracia, en un callejón sin salida. A veces se sintonizaban en las mismas frecuencias, en la mayoría de los casos no, por convicción o temor del otro lado, pero lo importante era que a un polaco promedio, inclusive uno muy interesado en Cuba, el progreso del socialismo cubano no le preocupaba. Ahora sí, a los estudiosos les importaban mucho los caminos de la evolución de la sociedad cubana bajo el régimen del socialismo real implantado y cincelado a la cubana, y de ahí las inquietudes intelectuales e investigativas.

Los contactos mutuos aumentaron paulatinamente a partir de 1960 con el intercambio de delegaciones oficiales y grupos de jóvenes activistas, estudiantes y becarios de diversos niveles y, finalmente, un amplísimo flujo de técnicos extranjeros, que procedían de los diversos países socialistas europeos y que sumaba en Cuba miles de personas, entre ellas, centenares de Polonia.

 

Mis experiencias cubanas personales se inscribieron desde 1959 en este perfil de intereses y contactos a través de la Universidad de Varsovia y la Academia de Ciencias de Polonia, del lado polaco, y de la Academia de Ciencias de Cuba y la Universidad de La Habana del otro, convirtiéndome en testigo y participante de los procesos cubanos del último medio siglo y en un sujeto comprometido sentimental e intelectualmente en la evolución cultural e identificación de la sociedad cubana a la cual trataba de penetrar, aprender y entender a través de las capas más diversas, desde las intelectuales y académicas hasta las más humildes como guajiros de la loma y del llano, leñadores de la Ciénaga de Zapata, vaqueros del Cauto, pescadores de Buenaventura, cañeros y azucareros de Madruga, Güines o Jovellanos. Estos años de convivencia me permitían no sólo conocer, sino también compenetrar y, lo más importante, trabar amistades, lo cual me daba la ilusión de que conocía y entendía lo cubano. Sin embargo, ahora veo que era ilusoria aquella sensación. No obstante, al confesarlo con toda la modestia, tengo por lo menos el derecho de decir que todo aquello me enriqueció enormemente y que estoy casi por entender lo cubano y la cubanidad, lo cual para mí es fascinante.

Lo anterior no es, aunque parezca, una confesión sentimental, sino una aclaración sine qua non para entender el motivo de las interpretaciones cambiantes de la (r)evolución cubana.

Este motivo siempre era uno sólo: ir conociendo más y tratar de entender más a fondo. Y, para esto, se necesitaba estar allí en la actividad cognoscitiva, participando en los procesos de conocer y de ser miembro de estructuras cognoscitivas, estudiando, interpretando y describiendo las realidades. Estudiando, describiendo e interpretándolas de manera mejor y más adecuada profesionalmente. Que podía esto aparentar de ser uno partícipe convicto del sistema era el precio que se tenía que pagar. De todas maneras lo mismo haría y había hecho en Polonia y en otras partes del mundo – México, Argentina, Perú o Costa Rica. La formación profesional y académica no me permitía hacer otra cosa. Igual las amistades. Y, si a la larga resulta que lo humano no siempre se correspondió con lo ideológico – mea culpa. Yo sigo fiel a lo humano.

Viéndolo desde la perspectiva de los cincuenta años transcurridos pudiera distinguir en la evolución de (mi)4 percepción de los procesos cubanos unas tres etapas consecutivas:

* Una primera subordinada total e incondicionalmente a un voraz y desenfrenado imperativo de conocer, conocer y aprender de las cosas cubanas y, a través de Cuba, de las latinoamericanas.

* Una segunda etapa – reflexiva, que se dió gracias a la acumulación de conocimientos y experiencias vividas (tanto cubanas como externas).

* Y, finalmente, la tercera, producto de las dos anteriores, la crítica.

La primera incluye hasta los principios de los años setenta, época de una intensa actividad de estudios bibliográficos y de campo realizados en diversísimos ámbitos del interior cubano, desde Oriente hasta Pinar del Río. Hasta 1967 Cuba, a pesar de haberse iniciado ya el proceso de socialización y estatización, permitía sentirse a uno relativamente desenvuelto y hasta libre. Las manifestaciones de 1ro de Mayo daban aspecto de enormes y espontáneas fiestas populares, se podía viajar sin limitaciones por el interior, no era ningún problema visitar las Granjas del Pueblo (de reciente creación) ni a los campesinos individuales y, si en La Habana Vieja de vez en cuando uno topaba con una manifestación que acosaba a unos tantos conciudadanos amenazándolos con el paredón, uno se decía: una revolución tan reciente tiene sus derechos y seguía ensimismado en el afán del conocer, a menudo con menoscabo de otra clase de detalles. Esta segunda clase de percepción “de detalles” vino apenas unos años más tarde.

La segunda abarca la época desde los mediados de los setenta hasta finales de los ochenta. Seguía trabajando en Cuba y sobre Cuba, pero con enfoques diferentes. Lo que constituía entonces mi interés primordial era la formación de la cubanidad, de la identidad cubana, del pensamiento cubano, de la evolución de la formación cultural cubana, de lo regional cubano en el contexto caribeño y latinoamericano, todo esto con enfoques comparativos, caribeños, centroamericanos, latinoamericanos. Los puntos de referencia más frecuentes (empíricos y teóricos) eran el Caribe, Panamá, Costa Rica, Venezuela y México. Ni la teoría ni la práctica indicaban lo positivo de la revolución en la esfera de la cultura. Al contrario, observaba los efectos adversos: la suspensión, la interrupción, el desfase. Lo cubano no evolucionaba, había sido detenido, interrumpido y se trataba de injertar sobre esta base, trabajada por los siglos y las décadas, una formación nueva, artificial, ajena en todos los sentidos. El de la cultura espiritual, la cultura popular, la cultura del espacio y en la imposición de una nueva estructura al espacio socio-cultural. Y, según se ve hoy en 2009, resultó un error total y condujo al colapso de innumerables espacios cubanos. En aquel entonces, seguíamos trabajando y estudiando los fenómenos y los procesos sociales en sus diversos ámbitos. Sin embargo, los cambios y sus efectos indicaban la artificialidad y, por lo tanto, la falsedad de las construcciones estudiadas. Era, entonces, no sólo la cuestión de una percepción más crítica de nuestra parte, sino también el efecto de la radicalización de los procesos implantados.

Mientras tanto, a partir de los ochentas, empezaron a haber señales bastante claras de que el sistema no era tan sólido e invulnerable como parecía hacía algunos lustros. Checoeslovaquia de 1968, Hungría con las reformas de Kadar, Polonia de 1970, 1976 y con su Solidarność en 1980, indicaban que el sistema tarde o temprano podía desmoronarse. El colapso definitivo, como sabemos, sucedió entre 1989 y 1991. Hasta 1990 las colaboraciones intelectuales y académicas con Cuba se mantenían fieles a las relaciones laboriosamente construidas desde mediados de los 1960. Sin embargo, estas relaciones no admitían la reflexión intelectual crítica frente al proceso del socialismo cubano, por eso no es nada extraño que en 1991 el ex-campo socialista fue declarado en Cuba “traidor a la causa”. Este fue el comienzo del llamado período especial y de la búsqueda ferviente, frenética de la salvación del sistema.

Anterior 1 | 2 Siguiente
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

Luis Alberto de Cuenca - Retrato

Fernando Vicente

Sumario

Este Lunes

Homenaje: Mario Benedetti & Mario Maladetti

Ricardo Bada

Sin miedo: Poesía visual y poética textual en No tengas miedo Lulú y otros poemas

Luis Pérez-Simón

Mestizo pese a todo

Joel Franz Rosell

Jorge Luis Borges y el otro imaginario

Manuel Gayol

El legado del ingenio azucarero en Cuba

Narciso J. Hidalgo Ph.D

Política y religión en Cuba a inicios del siglo XXI

Leonel A. de la Cuesta

Arte o barbarie

Luis Martínez- Falero

Cuando ya no importe, porque es eterno

Laura García

Cuba 2009:Reflexiones en torno a los 50 años de la Revolución de Castro

Cuba 2009 - Reflexiones iniciales

Andrzej Dembicz

Percepción cambiante de la (r)evolución cubana

Andrzej Dembicz

La Revolución Cubana explicada a los taxistas (fragmentos)

José Manuel Prieto

Despojos de lo soviético en Cuba: La estética del adiós

Jacqueline Loss

¿Literatura o revolución? Julio Cortázar y Alejo Carpentier ante la revolución cubana

Adam Elbanowski

Cuba: de la reconversión comercial al nacimiento de la fuga

Ladislao Aguado

La diáspora cubana desde una perspectiva transnacional

Jorge Duany

La Nueva Administración en EE.UU., posibilidades de cambio de su política hacia Cuba

Joseph Tulchin

Unos escriben

Luis Alberto de Cuenca

Otros miran

José Luis Lorenzo Díaz (Lorenzo)

OtroLunes conversa

con Roberto Ampuero

“Hay distintas formas de ser latinoamericano”

con Jorge Majfud

“Todo gobierno es un mal necesario”

con Ángela Toro

Ángela Toro. En busca de una imagen

Punto de mira

La literatura de tema lésbico escrita por mujeres

Fuera del clóset

Odette Alonso

A debate

Mabel Cuesta, Gisela Kozak e Isabel Franc

Botón de muestra

Amanda Castro, Rosamaría Roffiel, Damaris Calderón, Alina Galliano, Maya Islas y Dinapiera di Donato

Cuarto de visita

“La fama literaria casi no es fama”

Entrevista al escritor dominicano Junot Díaz

Patricia Suárez y Antonela de Alva

Ahogado

Relato

En la misma orilla

Kimberle

Achy Obejas

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso

Michael Melnikow

Rafael-José Díaz

Poemas

Orlando Ferrand

Los viejos

Carlos Almira Picazo

Poemas

David González

Otras voces hispanas

A cargo de Luis Rafael

Eduardo Heras León, el Maestro

Jorge Volpi. Muchos modos de la universalidad

Reinaldo Arenas, el escritor atormentado

José Manuel Fajardo. De cómo pasar por la vida

Recycle

Notas sobre (hacia) el boom IV: los nuevos novelistas

Emir Rodríguez Monegal

Waldo Díaz-Balart: la pintura como pasión

De lunes a lunes

Buda Blues, nueva novela de Mario Mendoza

Declaración del PEN CLUB INTERNACIONAL en defensa de la libertad para escribir en las Américas

El cubano Antonio Álvarez Gil en la editorial Baile del Sol

Más de un centenar de intelectuales apoyan al escritor cubano Ángel Santiesteban

Lis desea, nueva novela de Luis Rafael

José Lorenzo Fuentes, el periodista

EGBÉ FILM convoca a FICCU

Biblioteca de OtroLunes

Librario

A cargo de Recaredo Veredas

Anatomía de un instante

Javier Cercas

El documento Saldaña

Pedro de Paz

Cómo matar a un poeta

Manuel Jurado López

Hambre de forma (Antología poética bilingüe)

Haroldo de Campos

Opendoor

Iosi Havilio

Tigre Manjatan

Javier Puebla

El viajero del siglo

Andrés Neuman

Espejo de tres cuerpos

Odette Alonso

A cargo de Temístocles Roncero

Los libros y los días

 

Skype MeT!
OtroLunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com