OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Junio 2009. Antilde;o tres. Número ocho

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Datos de la revista, junio 2009, año 3, número 08
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La Nueva Administración en EE.UU., posibilidades de cambio de su política hacia Cuba

 

Joseph Tulchin

Página 1

Es imposible exagerar la sensación de optimismo, casi bordeando la euforia, que ha acompañado a la inauguración de Barack Obama como nuevo presidente de los Estados Unidos. No solamente es el primer afroamericano elegido como presidente, sino uno de los más jóvenes que se postuló para el cargo más alto en el país, y su mensaje durante la campaña presidencial fue la insistencia en que él representaba la esperanza y la posibilidad para un cambio. El condujo una campaña espectacular y además demostró ser un orador de grandes habilidades. Su apoyo se incrementó durante el verano y el otoño según su personalidad iba ganando más y más simpatizantes y la economía del país iba cayendo a pasos acelerados hacia una recesión cuyo impacto todavía no está completamente claro. Así, la constante repetición de su mensaje y el creciente sentimiento popular de que algo terrible estaba sucedie llevó a los votantes a cambiar sus alianzas por el hombre que prometía cambios y esperanza.

Hay que recalcar que Obama, como candidato, nunca prometió cambios radicales ni progresistas ni en área tan sensible como las relaciones interraciales ni las de igualdad de ingresos En los primeros meses de su gobierno empezó a insistir en políticas económicas y impositivas que buscaba reajustar un poco la igualdad económica en los EEUU. En cierto sentido, Obama parece haber estado diciendo, “Yo soy personalmente el rasgo más radical del cambio que estoy proponiendo y al elegirme, será la parte más radical de mi programa”. El no fustigó la política de la administración de Bush (como senador había votado en contra de la guerra en Iraq y en contra de la política impositiva que había servido para acelerar el proceso de desigualdad que había comenzado veinte años antes) y la retórica de su campaña fue moderada al mismo tiempo que se rodeó de consejeros conocidos por ser moderados y pragmáticos.

Quizás, la crítica más sobresaliente al gobierno de Bush fue su insistencia de que los Estados Unidos tenían que regresar a sus principios fundamentales, a sus valores históricos, y no tratar de crear nuevos valores. Esta crítica fue dirigida contra una administración Republicana que se había envuelto en la bandera nacional y que clamaba, que defendía los valores familiares, patrióticos y cristianos. Cabe destacar que en los inicios de la campaña, los republicanos trataron de insinuar que al votar en contra de la guerra en Iraq, Obama no era un buen patriota, pero esta línea de ataque tuvo que ser abandonada debido a que el porcentaje de votantes desilusionados con la guerra crecía de mes en mes. Por otro lado, los votantes estaban muy conscientes de que la actuación de su gobierno, especialmente su unilateralismo y las desafiantes violaciones a las normas internacionales con respecto a los derechos humanos, la tortura y los acuerdos internacionales, habían producido que el mundo se virara en contra de los Estados Unidos. Inclusive, países que siempre habían sido sus aliados más viejos y leales se sintieron horrorizados con la conducta escandalosa en las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo.

En su primer día de trabajo, el presidente Obama firmó una orden ejecutiva ordenando el cierre de la prisión en la base de Guantánamo, con instrucciones de que esta tarea se cumpla en los próximos 16 meses, lo cual fue una declaración de los valores nacionales, y su simbolismo no se perderá en la audiencia latinoamericana ni entre los latinoamericanistas. Que la base en Cuba era un enclave imperialista usada para el abuso de los derechos humanos de los prisioneros hacía que estas violaciones fueran todavía más repugnantes.

¿Podemos esperar algo de la nueva administración en otras áreas de las relaciones de EE.UU con Cuba? La respuesta más sencilla es “probablemente, pero no mucho”. El resto de este capítulo sugerirá la más probable política que se adoptará –una pragmática serie de modestos cambios– y las razones para esto.

La vasta mayoría de los latinoamericanos podría gritar en este punto “¿Por qué Obama no termina simplemente el bloqueo?”, y de nuevo, la respuesta más sencilla sería “este solo plumazo es políticamente inalcanzable a corto tiempo”. Sin embargo, podemos y debemos esperar pequeños pasos encaminados a mejorar las relaciones con Cuba, algunos de los cuales podrían ser tomados temprano en la nueva administración, siempre que la burocracia de la política exterior permita estos pasos y la extenuante y completa agenda de las crisis mundiales dejen espacio para que un tópico menor llegue a las esferas más altas de los que toman decisiones.

Si observamos quiénes son los nuevos responsables de la política exterior en EE.UU, no encontramos ni uno que esté a favor de cambios rápidos y radicales de la política hacia Cuba. Los diplomáticos profesionales que han trabajado en la oficina dedicada a Cuba en el Departamento de Estado en la última década, comenzando con la segunda administración de Bill Clinton, son críticos de línea dura del régimen de Castro y están decididos a evitar cualquier acción que pueda poner en peligro sus carreras. La nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, no es amiga del actual régimen de La Habana y no ha hecho ninguna mención oponiéndose al bloqueo. Además, sin querer parecer exagerado, la señora Clinton tiene una enorme agenda de crisis internacionales de mayor envergadura con las cuales tiene que lidiar en sus primeros meses en su cargo. En la Casa Blanca, con el cargo de Consejero, está Gregory Craig, el cual es conocido por oponerse al bloqueo y que tiene nexos muy cercanos con miembros claves del gobierno cubano como resultado de su labor como abogado en el caso del niño Elián González. Además de que su responsabilidad recae en otras áreas, es muy poco probable que él pueda encontrar inmediatamente el tiempo para forzar cambios en la política hacia Cuba.

Existen tres preguntas que hay que responder para poder entender de dónde vendrán las presiones para terminar con el bloqueo y cuáles serán los cambios que ocurrirán al respecto. En primer lugar, ¿qué parte del electorado está a favor de levantar el bloqueo y cómo este electorado va a insinuar sus objetivos dentro de los tópicos de una agenda más abarcadora de la política de relaciones internacionales?

En segundo lugar, ¿cuáles son los puntos, además del bloqueo, que se deben resolver en las relaciones bilaterales antes de que las relaciones puedan mejorar? Y, en tercer lugar, ¿cuál va a ser el tono dominante de la política exterior del nuevo gobierno y cuáles van a ser los valores primordiales a que dicho gobierno le va dar prominencia en esa nueva política?

 

Política interna hacia Cuba en los Estados Unidos y la agenda de la política de las relaciones exteriores. Sin lugar a dudas, la forma en que las relaciones con Cuba son discutidas en los EE.UU ha cambiado. El gobierno de Bush mantuvo una línea dura hacia Cuba y presionó a la burocracia con sus rígidos puntos de vista, especialmente a los departamentos del Tesoro y de Estado, donde las relaciones del día a día con Cuba eran administradas. Con la aplicación estricta de las leyes relacionadas con Cuba, se restringieron los contactos con la isla y de hecho los viajes a Cuba se hicieron mucho más difíciles en los últimos cinco o seis años. Como director para el Programa para América Latina del Centro Internacional de Estudios Woodrow Wilson, yo coordiné un proyecto para la seguridad hemisférica, al cual llamamos “Creando comunidades”. Dentro de este contexto (ver Tulchin, Raúl Benítez Manaut y Rut Diamint, edit. El Rompecabezas. Conformando la seguridad hemisférica en el siglo XXI, Buenos aires, 2006) llevamos a cabo varias sesiones de trabajo en La Habana con miembros de los organismos encargados de las relaciones exteriores cubanas y con estudiosos de las relaciones internacionales. A pesar de que estas actividades eran permitidas explícitamente según las legislaciones establecidas, nuestra solicitud al Departamento del Tesoro se fue haciendo cada vez más difícil según pasaban los años. En mi última visita a La Habana, me reuní con la persona a cargo de la Oficina de Intereses de EE.UU, que es como se define a la embajada en ausencia de relaciones oficiales. Esta persona, la cual ostentaba el rango de embajador, no tenía el más mínimo interés en nuestro proyecto. Cuando le pregunté si él salía de la embajada a encontrarse con los cubanos y empaparse más de lo que ocurría, su respuesta fue que él no tenía que hacerlo pues él sabía todo lo que necesitaba conocer acerca del régimen. La política de Bush de negarse a tratar con regímenes considerados hostiles, como es el caso de Irán, también se llevaba a cabo en Cuba.

Además de nuestro estudio sobre la política de seguridad y las relaciones internacionales, nosotros organizamos seminarios con nuestros colegas cubanos acerca de los cambios ocurridos en la isla después del colapso de la Unión Soviética. Nuestro plan era llevar a cabo una sesión de trabajo en La Habana y un seminario en Washington para permitirle a una audiencia más amplia participar en las discusiones. A pesar de que el Centro Wilson es una organización no-partidista que tiene amigos en ambos partidos políticos, nos fue imposible convencer a la burocracia de que les otorgara visas a nuestros colegas cubanos para que viajaran a Washington, así que nos vimos forzados a llevar a cabo nuestro seminario en la República Dominicana. Debo agregar que el gobierno cubano no tenía ningún interés acerca de nuestro proyecto tampoco y ni alentaron la distribución de la versión en español del volumen (ver Tulchin, Lilian Bobea, Mayra P. Espina Prieto y Rafael Hernadez, eds. Cambios en la sociedad Cubana desde los Noventa (Washington, 2005).

Ya es conocido que el gobierno de Obama se ha comprometido a negociar con todos los regímenes, y presumimos que esto incluye a Cuba. También esperamos que las restricciones a los viajes no solo se suavicen, sino se levantan por completo, y que se alienten los contactos académicos legítimos y los culturales. Lo que deberá ser negociado es parte de la próxima sección. El bloqueo va a ser el tópico principal, pero eso no es parte de las negociaciones bilaterales, a no ser que EE.UU quisiera anotarse algunas victorias menores a cambio del levantamiento del bloqueo.

La pregunta clave es, ¿de dónde va a venir el apoyo para el levantamiento del bloqueo: de dentro del gobierno de EE.UU o de la opinión pública americana?

El poder de la vieja guardia reaccionaria que dirige la Fundación Cubano-Americana ya no habla con una sola voz ni tampoco tiene la potestad de influenciar la política hacia Cuba como en otros tiempos. Sin embargo, no hay ninguna voz alternativa en la comunidad cubano-americana, aunque las nuevas generaciones apoyan cada vez más relaciones más abiertas entre los dos países. Los políticos elegidos que representan a la comunidad cubano-americana, ya bien sea en la Florida o en Nueva Jersey son de la vieja escuela y están ferozmente opuestos a cualquier acomodamiento con el gobierno de Castro. A ellos se le van a tener que oponer los miembros del Congreso para los cuales este tópico es suficientemente importante para poderlos descabezar en ambas cámaras del Congreso.

En la primera administración de Clinton hubo un fuerte impulso por parte del sector privado para ampliar las relaciones comerciales, especialmente en los campos de agricultura y maquinarias. Esos intereses han sido silenciados por la administración de Bush y las dificultades económicas actuales hacen poco probable que estas firmas vayan a tener una posición pública prominente a favor de incrementar los lazos con Cuba, y además, aparte de unos pocos y pequeños grupos progresistas y de académicos, no hay apoyo público a un cambio significativo en la política actual. Una excepción a este informe es una reciente edición (febrero) de Cigar Aficionado, que presenta una carta abierta al Presiente Obama urgiéndolo a levantar el embargo. Además del editorial, también hay artículos de Julia Sweig, Peter Kronbluh y William LeoGrande, todos conocidos por sus puntos de vista progresista hacia Cuba. ¿Lograrán ellos atraer a los fumadores de tabaco de los Estados Unidos?

La posibilidad de un cambio temprano significativo de las relaciones EE.UU-Cuba se ven más reducidas debido a la naturaleza de la agenda política en relaciones exteriores con la cual el gobierno de Obama tendrá que enfrentarse. EE.UU está involucrado en dos guerras, se ha comprometido a tener un papel prominente para encontrar una solución al conflicto entre Israel y Palestina; ha prometido abrir el diálogo con Irán, tiene que lidiar con las manipulaciones de la moneda en China y no puede evitar trabajar duramente con las naciones de Europa para restablecer algo que se asemeje a estabilidad del sistema financiero internacional. Además, está la cuestión de una Rusia resurgente y agresiva, la expansión de la OTAN, el terrorismo, el fracaso de algunos estados y la guerra civil en al menos cinco naciones africanas. ¿Debo continuar con esta lista? No está claro donde está América Latina, como un todo, en esta agenda, mucho menos dónde podrían insinuarse las relaciones con Cuba. En los asuntos hemisféricos, lo más probable es que la energía de la nueva administración se dirija a los tópicos que atañen a las políticas domésticas, tales como la inmigración y el tráfico ilegal de drogas. En esto último, por suerte, Cuba ha jugado un papel pequeño aunque constructivo, y esto es la colaboración con la Guardia costera de EE.UU y con la Agencia de Control de Drogas, todo lo cual ha sido muy positivo, aunque totalmente no oficial, al menos durante la administración de Bush.

Hay una forma en la cual Cuba puede ser considerada en forma positiva sin forzar este tópico en el Congreso. La administración de Obama se ha comprometido a cooperar con las instituciones internacionales, y Obama, en sus discursos de campaña, dejó muy claro que él está en contra del unilateralismo de la administración de Bush. Si el nuevo gobierno cumple lo prometido, la Organización de Estados Americanos (OEA) podría dar mayor apoyo. Si esto ocurriese, el dinámico Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, podría tomar este nuevo mandato y crear una coalición de estados democráticos, como Brasil y Chile, los cuales han expresado su deseo de reincorporar a Cuba a la comunidad hemisférica, al igual que países como Venezuela y Bolivia, que han expresado su apoyo a Cuba. Esta maniobra podría permitir a la administración de Obama seguir a la OEA y darle la bienvenida a Cuba a la organización. Habrá condiciones que se le impondrán a Cuba para este tipo de estrategia, y éstas serán discutidas en la sección final de este capítulo.

 

Los temas de “nivel bajo” para negociar

Los tópicos más probables que la administración de Obama discutirá con Cuba serán los derechos a la propiedad y los tópicos legales pendientes o sobresalientes que ya están en el sistema judicial de EE.UU. A pesar de que estos temas son espinosos, estos son claramente definidos y basados en disputas sobre hechos y propiedades específicas y no en batallas ideológicas. Acá hay un pequeño grupo de ambos partidos de los EE.UU. que está trabajando para aclarar los asuntos en disputa, todo esto fuera del dominio público, y que han progresado en sus propuestas de formas de solución, tales como arbitraje internacional, y que debe ser bienvenido por el nuevo gobierno. Por otro lado, no sabemos si el gobierno cubano estará de acuerdo con las negociaciones de tales temas.

Otro tema de relativa fácil discusión en las discusiones iniciales será la facilitación de los requisitos de visas para viajes de familiares y expandir las relaciones culturales, y la clarificación de las reglas básicas para el comercio y las inversiones de empresas norteamericanas en áreas de la economía cubana que desesperadamente necesita apoyo exterior.

Hay un tema que puede servir como apertura para un diálogo más amplio entre los dos países, aunque es sumamente sensitivo para una porción de la comunidad cubano-americana. El gobierno de Venezuela le ha pedido al de EE.UU que extradite a Luis Posada Carriles por su participación en el derribo de un avión de Cubana de Aviación donde murieron 73 personas. Aparentemente parece que este es un tema que el nuevo gobierno estaría en disposición de negociar. Posada Carriles es un asesino, como inclusive Hugo Chavez ha dicho, un terrorista, y además entró a los EE.UU de forma ilegal, así que hay muchas bases sobre las cuales la administración de Obama puede ser convencida de negociar. Es un tema de alto perfil y el costo doméstico de entregar a Posada Carriles para que lo juzguen va a ser muy bajo, mientras que el beneficio internacional puede ser alto, o sea un buen cálculo para un gobierno pragmático.

 

Los valores dominantes de la nueva administración y el marco general de sus relaciones internacionales

Mientras que todo el mundo aplaude el firme compromiso de Obama de regresar al país a los tradicionales valores democráticos y a una postura de colaboración en su trato de los asuntos internacionales, este tipo de compromiso puede complicar las cosas y empujar a Cuba hacía una transición ligera, como trataron con los europeos en los 80´s y los 90´s. No está claro que Cuba, bajo Raúl Castro esté preparada para aceptar, explícita o implícitamente, condiciones para apuntalar los mandatos de la ley en la isla o tratar más abiertamente con aquellos que expresan desacuerdos con el régimen, o con inclinarse a un modo de gobierno más transparente y democrático. Los cambios en el gobierno ejecutados a principios de marzo dieron más poder al ejército y los veteranos más allegados a Raul.

Estos signos van a ser cruciales si se va a usar la OEA como medio de reintegración de Cuba a la comunidad hemisférica o si la Unión Europea se va a desempeñar como mediador entre el régimen y el nuevo gobierno en EE.UU. Inclusive Lula, el cual destacó mucho a Raúl Castro en una reciente cumbre en Brasil, estaría dispuesto a patrocinar ningún movimiento para legitimar al régimen de Cuba si este se niega a mostrar signos de tolerancia y apertura. Sin lugar a dudas, la creación de un bloque bipartidista en el Congreso para apoyar a Obama en sus esfuerzos para renovar las relaciones con Cuba requerirá de por lo menos algún gesto simbólico por parte de los cubanos para demostrar que ellos están dispuestos a amigarse con sus vecinos. ¿Estaría el gobierno de Cuba dispuesto a hacer esto?

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