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El mundo de la segunda mitad del siglo XX y de principios del XXI, se había acostumbrado –desde los medios masivos de comunicación hasta las expre-siones más sofisticadas política e intelectualmente–, a una interpretación bastante esteoretipada de importancia e influencia matriz y casi paradigmática del proceso cubano comunmente llamado Revolución Cubana sobre América Latina, las relaciones intra-latinoamericanas e interamericanas e inclusive sobre fenómenos y procesos extracontinentales.
Hay algo de cierto en esto, sin embargo hay que tomar en cuenta que la mente humana es muy adicta a fetichizar, simplificar y encasillar sus impresiones e imágenes del mundo exterior, y en especial ajeno, diferente o difícilmente entendible y penetrable. Y creo, que este es el caso de la llamada Revolución Cubana.
Es que, parece que impresionados con lo carismático de Fidel Castro, fácil-mente pasamos por alto que lo que en Cuba se exterioriza tan fuerte y abrupta-mente desde el 1ro de enero de 1959, y que en la realidad inicia en 1952, no es un proceso enajenado, ingenuo y original cubano de momento, sino que tiene sus antecedentes sociales y políticas en la Bolivia de principios de los cincuenta con una revolución social exitosa, en la Colombia de 1948, en la Guatemala de los cuarenta, en la Nicaragua de los treinta y en el México de la Revolución y de la época cardenista. Y que, por cierto, tampoco Cuba antes de 1952 era un paraíso de paz y tranquilidad política y social, ya que gozaba apenas de menos de tres décadas de proceso de estabilización democrática liberal. En 1898 finalizaba (se interrumpía por inter-vención ajena) la II Guerra de Independencia, luego las turbulencias provocadas por la Enmienda Platt, tensiones políticas post-independentistas, reclamaciones y levantamientos raciales (sangrientamente sofocados), la intervención militar estadouni-dense de 1906-1909, el levantamiento contra la dictadura de Machado (la llamada Revolución de 1933). Era, entonces, América Latina una región de efervescencia social y política, y Cuba, con sus recientes tradiciones libertarias, nacionales y revo-lucionarias no constituía una excepción. Carlos Alberto Montaner, el conocido ensayista y escritor cubano en el exilio plantea la tesis de que este convencimiento nacional cubano de la desobediencia y revolución armada como panacea a los males de la Nación había impedido entre 1902 y 1958 la solución pacífica de los problemas internos y una más sólida democratización en Cuba.1
Una segunda reflexión, importante para la presente iniciativa, es sobre la propia noción de la revolución cubana y de la revolución de Castro, como final-mente decidimos titular el proyecto, y en el que tan generosamente quisieron participar numerosos intelectuales y amigos. Cubanos, amigos personales y amigos de Cuba.
La importancia del proceso cubano (1959-2009) para la propia Cuba (para su sociedad en sentido amplio, cultural, político, demográfico, formativo, moral, etc.) y para su entorno geográfico-politico es harto evidente (y no hay contradicción alguna entre esta constatación y la reflexión anterior) y por si sólo merece una reflexión intelectual profunda. Y, tanto más, una reflexión desde una institución latino-americanista con evidentes lazos culturales cubanos y latinoamericanos y amplias experiencias de investigación tanto en la Isla como en la Región. Sin embargo, no nos pareció justo aplicar a este proceso el denominativo popularmente y corrientemente usado de la Revolución Cubana. La historia contemporánea de Cuba, la desideologizada y despropagandizada, enseña que la revolución cubana se dió entre 1952 y 1959, cuando, después del golpe de Estado del 10 de marzo, empieza el descontento popular convertido paulatinamente en una creciente onda de aceleración de procesos políticos y reacciones de resistencias, rebeliones y acciones militares urbanas y de campo, del Llano y de la Sierra, entre las cuales, indudablemente destacan el asalto al cuartel Moncada, las acciones del Directorio Revolucionario de José A. Echeverría, la guerrilla urbana de Santiago, de Frank País, la guerrilla de Fidel Castro en la Sierra Maestra, la guerrilla del Escambray de Eloy Gutiérrez Menoyo. Participaron en tal entendida Revolución Cubana numerosas y diversas fuerzas políticas y sociales, representantes de diferentes orientaciones políticas y estratos sociales. Lo demuestra la composición del gobierno cubano constituido en enero de 1959 con Manuel Urrutia como Presidente, José Miró Cardona como Primer Ministro y Fidel Castro como Ministro de Fuerzas Armadas y “Autoridad moral de la Revolución”.
En este sentido de participación pluriopcional, la Revolución Cubana iniciada en 1952 finaliza en 19592, cuando, desde julio, Fidel Castro toma el poder ejecutivo, reconstruye el gabinete de forma uniopcional, inicia el proceso de limpieza ideológica y política de cuadros y comienza una revolución de Castro que, a lo largo de las dos décadas siguientes convierte a Cuba al socialismo real de tipo soviético ortodoxo con pintas nacionales e internacionalistas (y hay quien dice que imperiales o mesiánicas tercermundistas).
De ahí, refiriéndonos a los 50 años del proceso cubano de 1959-2009, prefe-rimos llamarlo 50 años de la revolución de Castro en Cuba.
Una tercera reflexión debe referirse al contenido o el crisol temático de la obra. Lo define el subtítulo rezando: reflexiones en torno que se refiere a los efectos, contextos y proyecciones de los 50 años de la revolución de Castro. Inicialmente lo que más nos interesaba eran los efectos sociales (incluyendo las cuestiones de cambios tan importantes que se han dado en la formación de “paisajes sociales” o “espacios sociales” de Cuba), culturales y políticos internos y ciertos contextos internacionales, especialmente los interamericanos e intralatinoamericanos. En cam-bio, prescindíamos de una ambición de análisis económicos, partiendo de la ex-periencia del antiguo bloque socialista de la artificialidad de los datos empíricos efecto de la voluntariedad económica del sistema, y por extensión de las autoridades cubanas también. Además, conscientes de existir ya excelentes y muy recientes estu-dios de Carmelo Mesa-Lago sobre el tema.3
Pero, entre las buenas intenciones y la obra final el camino suele ser largo e inseguro. En efecto, se pudo tan sólo parcialmente cumplimentar las ideas iniciales en cuanto al examen de procesos endógenos, aunque, a cambio resultó interesante disponer de reflexiones muy competentes sobre otros aspectos del proceso cubano, como también documentación y análisis contextuales.
Cuando fue ideado el proyecto y lanzadas las invitaciones a colaborar, pensá-bamos, en Varsovia, por cierto pecando del excesivo optimismo, al igual que muchos en aquel momento, que el proceso iniciado en Cuba en 2007 y, aparentemente profun-dizado en 2008, iba a permitir la participación de autores cubanos, residentes en Cuba. Desgraciadamente, no fue así. Por lo tanto, participan en el proyecto y componen la obra los autores que son conocedores de Cuba, amigos de Cuba y cubanos residentes en distintas partes del mundo – el Viejo y el Nuevo. Geográficamente, por lugares de residencia, la representación intelectual es notable y, yendo desde las Américas hacia Europa incluye a México, EE.UU., Puerto Rico, España, Hungría, Rusia, Polonia, siendo el perfil generacional también muy importante: desde veinte y tantos hasta setenta y tantos años de edad, habiendo entre los participantes, testigos y observadores de la Revolución Cubana y de la revolución de Castro, y entre estos últimos mis tres jóvenes colaboradores, dos de ellos recientemente graduados de la Maestría en Estudios Latino-americanos del CESLA, y una estudiante de mi seminario de maestría.
La obra, tal como se entrega al Lector, tiene una sola función: participar en el diálogo universal y aportar puntos de vista, inclusive con enfoques a veces muy personales, sobre lo ocurrido en Cuba durante los cincuenta años en cuestión.
Por cierto, siendo un proyecto y una realización ideada desde Varsovia –capital de un país aliado de Cuba socialista durante tres décadas, cuyos cuadros americanistas tuvieron vínculos y experiencias empíricas cubanas y cuyas bases de memoria colectiva sobre Cuba fueron construidas en aquella época– la obra recoge estas experiencias y las refleja muy intencionalmente, siendo en sí y con la acep-tación benevolente de amigos participantes, un aporte de la Universidad de Varsovia al debate contemporáneo sobre Cuba.
Pero, y esto sí, es muy importante, un aporte posible de lograr sólo en un concierto bien armonizado de voces y pensamientos racionales, respetuosos y re-flexivos sobre lo cubano.
Para finalizar deseo agradecer a todos los Autores y Colaboradores del pre-sente tomo por su participación e informar que, el CESLA, en cumplimiento de su misión americanista y de latinoamericanismo a nivel nacional, prepara, para una publicación simultánea y con la participación de un grupo de estudiantes, una edición especial en polaco sobre 50 años de la revolución de Castro en Cuba que, con enfoques informativos y analíticos, debería constituir una referencia de impor-tancia sobre la temática en cuestión.
Notas del artículo:
1.- Montaner, Carlos Alberto, 2008, Cuba. La batalla de ideas, Firmas Press, Miami, p. 352.
2.- Tal vez, deberíase hablar de una revolución cubana que continua hasta 1965, cuando se eliminan por fuerzas gubernamentales los últimos focos anticastristas en Escambray.
3.- Mesa-Lago, Carmelo, La economía cubana en la encrucijada: legado de Fidel, debate sobre el cambio y opciones de Raúl (DT), DT No. 19/2008 – 23.04.2008, Real Instituto Elcano; www.realiinstitutoelcano. org/wps/portalrielcano/contenido?WCM_GLOBAL. Mesa-Lago, Carmelo, Problemas sociales y económicos en Cuba durante la crisis y la recuperación, Revista de la CEPAL, No. 86, 2005: 183-205.
Profesor de la Universidad de Varsovia, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos (CESLA), Presidente (2001-2007) del Consejo Europeo de Estudios Sociales de América Latina (CEISAL), Dr.H.C. por Universidad Autónoma del Estado de México (1985), coordinador del proyecto “América Latina del siglo XXI – nuevas semblanzas, nuevas estructuras, nuevas identidades (2009-2011)”.
E-mail: aadembic@uw.edu.pl