

A pesar de su muerte prematura, Reinaldo Arenas (1943-1990) legó a la literatura en lengua española una obra narrativa abundante y original. Nacido en el Oriente cubano, después del triunfo revolucionario de 1959 se traslada a Ciudad de La Habana para cursar estudios universitarios. Poco después comienza a trabajar en la Biblioteca Nacional “José Martí”, donde se vincula con su directora María Teresa Freire de Andrade y con el círculo de intelectuales del Grupo de Orígenes que laboraban allí, entre otros: Cintio Vitier, Fina García-Marruz y Eliseo Diego. También en la Capital hallará a sus maestros José Lezama Lima y Virgilio Piñera.
El ambiente y las influencias culturales recibidas debieron contribuir a su formación. Durante esta etapa, escribió la novela Celestino antes del alba, con la que gana mención en el Premio de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1965 y cuya versión definitiva publicaría en la década del ochenta. En el mismo concurso mereció menciones de novela y cuento en 1966 y 1968, por los cuadernos El mundo alucinante y Con los ojos cerrados. Con la primera de estas obras, que sacó del país de manera clandestina y azarosa, obtuvo el primer premio de Le Monde a la mejor novela extranjera publicada en Francia en 1968.
Su relación con la Isla natal terminaría en el exilio. Perseguido por sus ideas y sus demonios, en 1980 emigró a Estados Unidos por el puente marítimo del Mariel y, según relata en su autobiografía, cambiándose el apellido en el carné de identidad para no ser identificado. El Arinas por obra de una cerrada “e” y un camuflajeador punto, volvió entonces a ser Arenas y se estableció en Nueva York. Publicó numerosos volúmenes que había escrito en Cuba y otros que están marcados por sus opiniones cívicas y su homosexualidad militante. En 1987 le diagnostican el SIDA y a los 47 años, dejando lista su autobiografía, una nutrida bibliografía y una carta considerada su testamento político, decidió evitarse la agonía de la enfermedad y pasó la página de la existencia gracias a una sobredosis de drogas y alcohol.
Fecundo escritor, además de sus poemas íntimos y de corte político, Arenas legó al menos dos relatos magistrales, “Viaje a La Habana” y “A la sombra de la mata de almendras”. También la novela autobiográfica Antes que anochezca, que desde la hipérbole continúa la senda abierta por Carlos Montenegro con su impactante Hombres sin mujer y constituye su testimonio de escritor atormentado por el destino.
El poeta manifestó sus amores y frustraciones, para vencer a la muerte desde una lírica emotiva. Como narrador sobresale por la vívida caracterización de los personajes y el trabajo con el punto de vista, que desfoca la realidad potenciando el absurdo y su dimensión dramática. Su humor, ironía -a veces cinismo- aligeran el tono cruel de los acontecimientos relatados, que a menudo adquieren matiz tragicómico. El absurdo, la incomprensión, la necesidad de reconocimiento social y de legitimación como ser individual, sobresalen entre las obsesiones de Reinaldo Arenas. Más allá de cuestionamientos políticos, sus textos tienen el mérito de encarnar su condición de hombre marginado que se aferró al arte como única forma de espiritualidad.