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XIII
Cuando Berenice terminó su maestría, Ángeles decidió que era el momento de matricular el doctorado. Su labor docente continuaría inalterable en las mañanas y dedicaría el turno vespertino a tomar los cursos, completar las tareas y realizar las investigaciones que el posgrado exigía. Ante un reto que sabía importante para su desempeño profesional, pero muy sacrificado para su vida personal y familiar, pidió el apoyo de Berenice.
- Me preocupa Raquel, esa amistad tan obsesiva con el primo y ese otro muchacho... No quiero que esté sola.
- Precisamente hoy me confirmaron la plaza en el Colegio del Carmen - dijo Berenice-, pero no hay problemas, porque sólo tendré algunas horas en la mañana y el taller un par de veces a la semana.
- Tanta maestría en universidad cara para trabajar a esa escuelita pedorra... Preferiría que te quedaras ocupándote de la casa, atendiendo a Raquel...
- No soy tu ama de llaves, Ángeles... También necesito realizaciones profesionales. Para eso hice la maestría. Para eso haré el doctorado y cada vez irán apareciendo mejores trabajos, ya verás.
Para tranquilidad de su madre, por esos días Raquel pidió que la incluyeran como oyente en el taller literario. Así, Berenice fue conociendo, mediante sus intervenciones y los poemas que presentaba a la consideración de sus contertulios, todo un mundo de sentimientos que Raquel ocultaba o manifestaba sólo a medias. A medida que ganó confianza, los poemas fueron más explícitos y Berenice se apenaba de traspasar, de algún modo, el umbral de su intimidad.
- Creo que Raquel está enamorada... - le confesó a Ángeles.
- ¡Te lo dije! -gritó la madre- ¡Te lo dije! Que algo raro se traía... ¡No la conoceré!... ¿De quién?, ¿del tal Donato?
- No tengo la menor idea, pero es un amor atormentado, de te quiero pero no me pelas... Ha estado llevando unos poemas muy románticos al taller.
- ¡No será de Felipe!
- Pudiera ser, por eso de la imposibilidad... Ay, Ángeles, ¿cómo piensas esas cosas? Es su primo.
- Es un hombre y ella una mujer. Me intranquiliza tanta cercanía. No tiene amigas, no tiene novio, siempre anda con ellos.
Un largo silencio y algunos ajetreos domésticos parecieron disociarlas, pero unos minutos más tardes, Ángeles preguntó:
- ¿Cuando menos, escribe bien?
- ¿Raquel?... Como los principiantes: mucha adjetivación, muchas repeticiones, poco uso de imágenes...
- O sea, espantoso,
Berenice sonrió.
- Digamos que tiene madera, es muy lírica, muy apasionada.
- Hum, quién iba a decir que tenía corazón... A ver, enséñamelos.
- ¿Cómo crees, Ángeles?
- Enséñamelos - insistió
Berenice fue hacia el estudio. Ángeles la siguió de cerca.
- No me estés persiguiendo...
- ¡Enséñame los poemas de Raquel!
Con una sonrisa, sacó una hoja de su carpeta.
- Sólo tengo éste... No vayas a decirle que lo leíste, Ángeles, que esto es como un secreto de confesión.
- Muy secreto, muy secreto, pero me viniste con el chisme...- Ángeles tenía dibujada una sonrisa mientras leía- Pinche escuincla, igualita de dramática que su papá - terminó de leer y miró fijamente a Berenice-. No le digo nada, pero hay que vigilarla... no se vaya a estar acostando con ese chamaco y nos salga con una sorpresita.
Entre las clases en las mañanas y las ocupaciones vespertinas de cada una, las noches eran prácticamente los únicos momentos que tenían para conversar acerca de las cosas comunes y trazar los pocos planes que realizaban juntas. Una de aquellas noches, preparándose para acostarse, Ángeles anunció:
- En el cuep reabrirán aquel curso vespertino de los sábados, ¿te acuerdas? Lo voy a tomar.
- ¿En el cuepo? ¿Qué necesidad hay de eso? Tienes que salir a carretera, es más de una hora de camino... ¡Los sábados! ¿No te bastan los horarios tan matados del doctorado? ¿Cuándo vamos a descansar?
- Tú descansas casi todas las tardes.
- Todo en la vida no es trabajo, Ángeles. Cuándo vas a descansar, cuándo vamos a estar juntas, cuándo vas a cuidar a tu hija.
- Me basta con el domingo y a mi hija, tú la cuidas mejor.
- Pero no es mi hija. Necesita contarte cosas, recibir tu apoyo...
- No me vengas con dramatismos, por favor... Necesitamos ese dinero.
- Tenemos tu sueldo y el mío, lo de mis talleres. En todo caso, puedo buscar otro por la tarde... No le eches la culpa al dinero.
- No le echo la culpa. Sabes que disfruto mi trabajo y me conviene para el escalafón.
- Pero tendrás que dormir allá... ¿Y nosotras, Ángeles? ¿Cuándo vamos a hacer el amor? A veces me siento tan sola que me confundo...
- No exageres. La última corrida de autobuses sale a las doce y normalmente espera a los profesores. También irán Lulú y Mario. A la una y piquito estaremos aquí. No hay de qué preocuparse.
La tarde era fría y lluviosa. Las pesadas nubes amenazaron con romperse y lo hicieron con un estruendo de granizos que saltaban entre la hierba y golpeaban el vidrio de las ventanas. Había terminado la sesión del taller y Raquel le dijo:
- Felipe y Donato pasarán por mí, vamos a tomar algo por ahí, ¿vienes?
No era la primera vez que la invitaban. Mientras buscaba el pretexto que usaría aquella tarde, creyó ganar tiempo con una broma que tal vez empezara a aclarar el misterio del amor de Raquel:
- ¿Y seré la pareja de Felipe o de Donato?
Raquel la miró con cara de asombro.
- De ninguno, Bere... Ellos son pareja.
La cara de asombro fue entonces la de Berenice, que escuchó de los labios de Raquel toda la historia de amor de los muchachos en medio de un aguacero torrencial, bajo la marquesina de la escuela. Un rato después, sacudiéndose el agua, se acomodaban los cuatro en uno de los gabinetes de un iluminado y céntrico restaurante.
- ¡Hasta que se nos hace el milagro, mujer! -dijo Felipe, alargando exageradamente la erre final-. ¡Ya le habíamos pedido hasta a san Antonio!
Su manera de hablar y gesticular era mucho más amanerada de cómo se comportaba cuando había familiares. Estaba sentado junto a Donato, enfrente de ellas, con una sonrisa amplia.
- ¿Y por qué a san Antonio? - preguntó Berenice- ¿Ése no es el que busca novio?
Pareció nervioso de momento.
- Por nada, niña, es un decir - dijo recuperando la seguridad-. Tenemos meses pidiéndote que nos hagas el honor.
El café vino a calentarlos y atrajo una sucesión de temas que hicieron la plática más agradable. Al fin y al cabo, no había tanta diferencia de edad entre ellos, tenían intereses comunes y visiones parecidas.
- Acabo de enterarme de lo de ustedes - les dijo un rato después-, apenas las piezas van encajando en el rompecabezas.
- ¡No! - Felipe se llevó una mano a la frente-. Niña, ¿estás cegata? Estuviste en la playa...
- Te juro que no nos habíamos dado cuenta. Ángeles piensa que Raquel y Donato son novios.
- Ay, perra... - el primo golpeó levemente el brazo de Raquel y todos rieron mientras la mesera rellenaba las tazas.
- Estaba preocupadísima - continuó Berenice- de que fuera a embarazarla.
Sobrevino una nueva oleada de risas y bromas. Aprovechando la algazara, Raquel caminó hacia el fondo de la cafetería.
- Oigan - preguntó Berenice cuando la vio cerrar la puerta del baño de damas-, ¿Reich no tiene novio?
- La tontita lleva siglos enamorada de alguien que ni siquiera se da cuenta. ¿No has visto su poema de la declaración de amor? - Berenice negó con la cabeza-. ¿No te lo ha enseñado?
Los ojos de Felipe se abrieron con extrañeza, sacó una carpeta de su portafolio y extrajo de ella una hoja de papel.
- Léelo rápido - lo extendió por encima de la mesa-, que si nos ve...
Berenice leyó:
DECLARACIÓN DE AMOR A QUIEN NUNCA MESCUCHA
Perdida
casi ahogada por la niebla de estos años
pongo sobre tus manos mi inocencia
la historia muda de una niña
que ha esperado por ti
desde antes de saberte
desde antes de escuchar tu voz por vez primera.
Tú mi fantasma
mi duende
dentro de los cuadernos de la escuela
en todos los rincones de la casa
en la estampida
tú mi héroe y mi enemigo
las sombras y la luz
el único camino que deseo.
- Es bueno - dijo y le regresó la hoja, con la mirada fija en la puerta de los baños-, mejor que los que lleva al taller. ¿Por qué no me lo habrá enseñado?
- Le da pena. O teme que le digas a mi tía. Que no sepa que te lo enseñé, Bere. Deja que ella lo haga y date por enterada en ese momento, ¿ok?
- ¿Y quién es la persona? -preguntó.
- Ahí viene - respondió Felipe adelantando el mentón hacia la dirección por donde se acercaba Raquel y guardó la hoja en el portafolios.
Ángeles llegó muy tarde. Raquel había cerrado su puerta y ya no se sentía el televisor; Berenice estaba acostada en el sofá, leyendo un grueso libro, iluminada sólo por la lámpara de la mesita lateral. Después de besarla en la frente, Ángeles fue a la cocina y sirvió jugo en un vaso alto. Berenice puso al libro un marcador y lo dejó sobre el sofá.
- Siéntate - le dijo-, porque te vas a caer cuando te diga - Ángeles sonrió y exageró el movimiento de sentarse- . Felipe es gay.
El vaso del jugo quedó a medio camino.
- ¿Gay? - Berenice afirmaba con amplios movimientos de cabeza- ¿De dónde sacas eso?
- Me invitaron a tomar un café. Es más amanerado de lo que nunca te imaginarías.
- No juegues con eso, Berenice. Puede ser simplemente una impresión.
- No juego. Raquel me contó la historia de amor.
Los ojos de Ángeles, aunque cansados, parecían dos platos.
- A mi pobre prima le va dar un soponcio.
- Tres tazas de su propio chocolate.
- Así es... Pero comprenderás que a nadie le gusta que su hijo sea gay. Sólo de pensar en las injusticias, las agresiones, la discriminación y los problemas a los que tendrá que enfrentarse... Es muy difícil llevar una doble vida y a él no le va a quedar de otra, porque para Malena y Javier eso será una tragedia. Pobre Felipe, Dios mío, lo que le espera.
- Donato es su pareja.
- ¿De Felipe? - Berenice asintió- ¿Entonces los muchachos que fueron a la playa...? ¿Qué hace Raquel de lapa todo el tiempo con ellos? Berenice alzó los hombros.