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El ingenio fue también escenario y refugio de desacatos y excesos morales de una porción de la sociedad. El poder ilimitado del amo sobre sus esclavos: la vida ruda del campo, el calor, la humedad y las condiciones semiprimitivas de la existencia de estos hombres y mujeres brindaban un escenario propicio para los impulsos sexuales y las necesidades más rudimentarias y primitivas de la naturaleza humana. El carácter de dependencia de las relaciones colonizador-colonizado matizado con actitudes de depravación fue endémico en la vida del ingenio. Si el estado moral de la sociedad no permitía el desarrollo de crueldades y abusos sexuales de forma manifiesta en los espacios urbanos, el ingenio por el contrario fue el terreno abonado –bajo el régimen de esclavitud— para la crueldad, la lascivia, la soberbia y los excesos sexuales de los mayorales y hacendados sin que éstos tuvieran que responder a la ley u otros principios morales. De este modo, la micro-célula social que conformó el ingenio, rodeado por el batey, las casas principales, barracones y otras instalaciones, se convirtió en un ámbito de “tolerancia” al margen de las leyes, la religión o los derechos más elementales del hombre.10
No es de extrañar entonces, que el calesero Francisco, protagonista de la novela homónima de Anselmo Suárez y Romero, quien se ha convertido en un obstáculo para las aspiraciones amorosas de su amo Fernando, sea enviado al ingenio de la familia donde es azotado y torturado, casi hasta su muerte, con la finalidad de que Dorotea –la novia mulata de Francisco— acceda a la soberbia sexual de su amo. El ingenio que deviene una especie de “infierno” para los esclavos domésticos es también el destino final de Petrona, fruto de los abusos de Don Antonio quien la destierra a la plantación para ocultar las relaciones sexuales que ha tenido con la “esclava de mano” de su esposa. Como si fuera poco, su hija Rosalía correrá la misma suerte, al ser víctima de la soberbia sexual de su medio hermano Fernando. Ambas mujeres, “desterradas” de la vida doméstica mueren en el ingenio.
Con el advenimiento del siglo XX el ingenio es asistido por la tecnología estadounidense, convirtiéndose en central azucarero. El central, con sus potentes calderas y empinadas chimeneas es para entonces la institución económica nacional que rige los destinos del país. El azúcar convertido en símbolo económico, según reza la expresión popular: “Sin azúcar no hay país”, ha sido responsable de la perpetuación de aquellas ideas de los hacendados criollos, de su mentalidad sectaria, de sus intransigencias y sus ostensibles privilegios. Cuando en 1902 se establece la República Mediatizada, la elite cubana que asume el poder enarbola los ideales mambises, usa el discursos independentista martiano, pero en la práctica impone el proyecto Autonomista –una de las plataformas políticas esgrimidas por los hacendados criollos— en toda su extensión: beneficios económicos para un grupo, relaciones y dependencia con la metrópoli –Estados Unidos-- y una actitud de discriminación racial hacia la población negra y mestiza, como había ocurrido antes en el periodo colonial.
En 1959, al triunfar la revolución del 26 de julio, los dirigentes cubanos se valen del discurso revolucionario, recuerdan a los líderes mambises, utilizan las ideas martianas, pero ya en 1962 instauran “el proyecto Autonomista”: esto es, la dependencia con la desaparecida Unión Soviética, los privilegios para un grupo –los miembros del politburó— y el paternalismo con el negro, como divisas y norma de la nueva sociedad socialista. Esto es, el igualitarismo proclamado por la revolución si bien creó un espacio de convivencia social, supuso también una “igualdad” que en la realidad, dejaba al negro sin un margen de participación significativa en las esferas política y económica del país.11 Me inclino a pensar que, en última instancia, los líderes del 59 pertenecen a la clase terrateniente, al grupo de Arango y Parreño y José A. Saco, y que el rol que han desempeñado dentro de la isla ha sido liberal, solo en apariencias, si se tiene en cuenta que el país ha sido gobernado durante cincuenta años como una hacienda personal donde más del 60 por ciento de la población es negra y mestiza, porcentaje que no se ve reflejado en las esferas antes mencionadas.
Así por ejemplo, a finales de la década del sesenta en medio de una tensa crisis económica y social, Castro concibió la idea de producir 10 millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970, lo cual le permitiría al país salir del “bache” económico en que se encontraba. Una vez más –el ingenio, con su producto dorado--, regiría los destinos de la nación. Para acometer dicha cruzada se movilizó a toda la población en función del central, mientras el resto de las entidades productivas permanecían paralizadas. Meses después el “gran dirigente” reconocía la imposibilidad de producir semejante cantidad de azúcar. Curiosamente la movilización de los trabajadores urbanos hacia los cañaverales convirtió al país en una Plantación enorme en la cual sus habitantes volvían a revivir los rigores del “mayoral”, del cañaveral y del ingenio cubano. ¿No es acaso esta la actitud del terrateniente criollo, la mentalidad del hacendado azucarero, perpetuada hasta nuestros días?
De la dependencia económica y social generada por el monocultivo de la caña de azúcar ha dejado constancia Agustín Acosta (1886-1979) en un poema cuya voz poética expresa sus preocupaciones cuando exclama: “Vedlos: son los colosos, los gigantes, los dueños…/ No son obra gloriosa de ideales empeños, / sino la cristalización del latifundio…” (Acosta 129).12 Acosta, probablemente el primero en plasmar la realidad económica y social cubanas atrapadas en las centrifugas del poderoso ingenio, que en las primeras décadas del siglo XX está controlado por el capital norteamericano, advierte: “Son los pulpos diabéticos…los gigantes, los dueños…” (129). Su poema Zafra: poema de combate (1926) fue una premonición no sólo del destino económico que vivió el país en la segunda mitad del siglo XX, sus versos encierran –como las profecías del demiurgo— la necesidad de encontrar otras fuentes de riquezas e implícitamente despojarnos de la mentalidad de sacarócratas y hacendados que ha contribuido a la dependencia económica y los privilegios sociales generados por la plantación y su máquina, el ingenio. De ahí que el poeta al final de sus versos reclame la destrucción del ingenio: “Pido un gesto animal/que excluya la sumisión…/basta ya de sin razón/que fuerza el acatamiento:/la venganza está en el viento/y la chispa en el tizón” (150).
Latifundismo estatal o capitalista –en las Antillas no socialistas-- que ha sido una manifestación más del neocolonialismo, y que ha generado la importación y explotación de braceros y jornaleros (yucatecos, chinos, canarios, etc.) baratos que empobrecen aún más la labor de los trabajadores agrícolas nacionales. Hoy día la industria azucarera y su fábrica el central, con humos grises en sus chimeneas parecen anunciar su “retirada” ante el fuerte impacto de los sucedáneos del azúcar (la remolacha y los edulcorantes artificiales) que sustituyen el “grano dorado” que producido en las plantaciones con sudor y sangre ha sido fuente de riquezas, pero sin lugar a dudas erial de males.
Consideraciones finales:
El ingenio con su producción azucarera polarizó la sociedad del siglo XIX cubano. La dialéctica del quehacer económico colonial estuvo definida por la dependencia que tenían los sacarócratas de la mano de obra esclava y la necesidad de producir azúcar para obtener riquezas. Esto es, el quehacer colonial, en gran medida, fue el resultado de las contradicciones socioeconómicas que planteaba la presencia negra y la producción azucarera. No es posible referirse a las riquezas de los hacendados criollos, a las corrientes de pensamientos convertidas en tendencias ideológicas, a las clasificaciones raciales, ni a la literatura escrita en dicho período sin tener en cuenta las contradicciones del sistema esclavista que se revelan en última instancia en el ingenio: micro-célula de la sociedad colonial. Como sugiere un estudioso:
Las contradicciones entre los comerciantes y los “hacendados”, entre los intelectuales y los “hacendados” tienen por base fundamental la esclavitud, y no el patriotismo ni la nacionalidad como han pretendido hacernos creer los historiadores burgueses. (Carbonell, 77)
El incremento de la presencia negra (esclavos) justificada como el “engranaje esencial” para producir riquezas dividió a la sociedad colonial que estuvo enfrascada en interminables polémicas sobre los beneficios y perjuicios que éstos representaban. No obstante, la presencia de las grandes dotaciones de esclavos, entre otras cosas, produjeron: a) corrientes ideológicas como el reformismo, el anexionismo y el independentismo b) una junta para preservar el predominio de la población blanca en la isla, c) regulaciones que endurecieron el sometimiento y la seguridad de los esclavos, para evitar una sublevación, d)disposiciones jurídicas para clasificar a la población mestiza, e) una corriente literaria dentro de la que se insertan los textos antiesclavistas, f) conspiraciones de esclavos para destruir las relaciones de producción existentes, g) cimarrones y palenques, h) el usufructo y la dependencia de los hacendados, funcionarios, religiosos y comerciantes que se apropiaban de la riqueza producida por los esclavos.
El ingenio fue por demás “zona de tolerancia” donde los hacendados y mayorales durante el siglo XIX cometieron todo tipo de atrocidades con la impunidad que el entorno físico de la plantación les brindaba. La lascivia, las violaciones, las torturas físicas y los crímenes fueron prácticas comunes al margen de la ley y las normas sociales de la época.
Las riquezas generadas por el ingenio contribuyeron también a que los hacendados criollos --los de LA CUBA GRANDE-- comenzaran a reafirmarse como grupo social, lo cual los separaba de la Metrópoli, en tanto sus intereses entraban en conflicto con los de las autoridades coloniales, pero de igual modo se distanciaban del resto de la población: blancos pobres, pardos y mestizos libres, los cuales llegaron a tener riquezas y propiedades y, del resto de la población negra. Es así que estos criollos ilustrados se erigen como grupo hegemónico en la sociedad colonial del último tercio del siglo XIX, e imponen su discurso ideológico y sus intereses al resto de la sociedad. Desde esta perspectiva “la nación cubana” es vista como la concienciación que ha tenido de ella dicho grupo, que como “herederos legítimos” devienen custodios de su propio discurso, presentado como la “memoria de la nación”.
La plataforma político-social de los hacendados criollos del siglo XIX, la de los políticos de la República mediatizada y la de los líderes del 59 han sido excluyentes en términos económicos, políticos y sociales. El discurso de los hacendados criollos ha transitado desde el siglo XIX hasta nuestros días, perpetuando sus intereses de clase. La historiografía cubana se ha encargado de que la conciencia y la cultura de estos hombres sea vista como la conciencia y la cultura de la nación, dejando al margen –desde el siglo XIX-- un importante segmento de la población que no ha tenido participación activa en la formación del ideario nacional. Los negros, que desde el siglo XVII son llevados a Cuba como el “engranaje esencial” del ingenio, a finales del siglo XIX se han convertido en la columna vertebral de las guerras de independencia. No obstante, durante la República mediatizada son relegados del quehacer socio-económico del país, y aún en nuestros días siguen sin tener reconocimiento, ni participación significativa en las plataformas políticas y sociales dentro o fuera de Cuba.
Notas del artículo:
1.- Enrico Mario Santí. Fernando Ortiz: contrapunteo y transculturación. 141.
2.- De 1792 a 1804, el número de ingenios asciende de 237 a 416...Con la instalación, en la década de 1840, de los primeros evaporadores al vacío y la posterior utilización de las centrífugas, nace el ingenio mecanizado que es ya el germen de la gran industria azucarera. El Ingenio, I-223.
3.- Véase El Ingenio. Manuel Moreno Fraginal. 3 Vols. “El mercado legal de brazos negros (1792-1820)
pp. 259-274.
Entre 1789 y 1796 se construyen en la región occidental de Cuba 100 ingenios.
En 1817 la población negra constituía el 57%, de la cual el 36 % eran esclavos.
En 1841 la población negra estaba formada por el 58.5%, de la cual un 43,5% eran esclavos. Estas estadísticas pueden verse en José A. Saco. Colección de papeles científicos, históricos, políticos y de otros ramos de la isla de Cuba, ya publicados, ya inéditos.
4.- Véase a Francisco Arango y Parreño. “Discurso de la agricultura de La Habana y medios para fomentarla”.
5.- Sugiero ver las estadísticas de la producción de azúcar en El Ingenio. Vol. 3. Pp. 35-48.
6.- En Cuba, un solar es una vecindad de la población urbana más pobre. En él viven personas de diferente índole social. El origen del solar está asociado a la pobreza económica de un sector de la población rural, la cual emigra a las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades. En La Habana viejos palacetes coloniales o antiguos hoteles que por sus malas condiciones han dejado de funcionar como tal, se convierten en solares. El espacio central del palacete o el vestíbulo del hotel devienen área común: el patio del solar. Importante en él, es que sus habitantes viven en una relación estrecha –en contra de su voluntad— donde lo público y lo privado, con frecuencia, borran sus límites.
7.- Véase a William Luis. Juan Francisco Manzano. Autobiografía del esclavo poeta y otros escritos.
8.- Véase a Ivan Shulman. Juan Francisco Manzano. Autobiografía de un esclavo. Shulman sugiere que el grupo Delmontino era partidario de una abolición gradual de la esclavitud, contrario a la idea de eliminarla, por razones de intereses económicos.
De igual modo José Luciano Franco opina que el miedo al negro que alentaban muchos criollos pesó en las opiniones de los miembros de la tertulia.
Véase José L. Franco “La conjura de los negros”.
9.- Carta de Domingo del Monte a Alexander H. Everett, Filadelfia, 7 de Septiembre de 1843. Citado por Urbano Martínez Carmenate en Domingo del Monte y su tiempo, (348).
Coincido con William Luis, quien ha dedicado numerosos estudios a los textos antiesclavistas del siglo XIX cubano, con el marcado interés antiesclavista del grupo Delmontino. No obstante, me inclino a pensar que más allá de las señales que podamos rastrear y decodificar en los textos escritos por los contertulios y, de las actitudes asumidas por éstos al escribir sus novelas y relatos, estaba la existencia misma de estos ilustrados criollos que vivían inmersos en los conflictos y las contradicciones de su tiempo. Desde esta perspectiva la vocación antiesclavista de este grupo no estuvo necesariamente en contradicción con su condición clasista, desde la cual aspiraban a una sociedad blanca y a un desarrollo semejante al de las naciones europeas.
10.- Véase a Verena Stolcke. Racismo y sexualidad en la Cuba colonial.
11.- Véase el testimonio de Carlos Moore: Pichón: a memoir: race and revolution in Castro’s Cuba.
12.- Al respecto pueden verse las estadísticas que indican la dependencia económica del país en relación con la producción azucarera en La República neocolonial. Vol. 1, 165.
Destacado hispanista cubano. Es professor de la University of South Florida St. Petersburg.