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La figura de Fidel Castro forma también parte del fuerte simbolismo del cuento. En una alucinación causada por la fiebre el narrador ve a Luis, quien quita su cara como si fuera una máscara, e intenta ofrecerla a sus compañeros, en un acto de transmitir los insignias del liderazgo, no obstante, nadie quiere aceptarla. El relato abunda en varios motivos e imágenes simbólicos. Algunos poseen, evidentemente, un carácter intertextual, como por ejemplo, la imagen de Guevara recostado contra un tronco, que aparece en Pasajes de la guerra revolucionaria, y es reflejada por un cuadro semejante que alude, en las memorias del Che, a un cuento de Jack London. Es justamente, este párrafo que Cortázar cita en forma de epígrafe de su cuento y luego introduce al texto como un leitmotiv, acompañado de una expresión “boca arriba” que alude, metafóricamente, a dos imágenes, una, en forma de autocitación, que evoca otro relato de Cortázar - La noche boca arriba, y la otra, una visión alegórica del cuerpo muerto del Che. Otros símbolos los constituyen, aparte del título, la imagen de la copa de un árbol, el cuarteto de Mozart, la estrella azul, que se reiteran a lo largo del monólogo del narrador. Estos símbolos apuntan, por una parte, a las hazañas de los guerrilleros, así como a la vida del Che (la existencia de intelectual y la de guerrillero), por otra, en un nivel más alegórico, manifiestan el mensaje de Cortázar, su visión de la revolución cubana como una expresión de las máximas esperanzas y aspiraciones del hombre contemporáneo. Es una verdadera “consagración de la primavera”, la resurrección, la victoria de la vida sobre la muerte, y con este mensaje coincide tanto el cuento de Cortázar, como la novela de Carpentier.
Si los dilemas que enfrenta Cortázar se deben, en gran parte, a la disyuntiva entre la perspectiva humanista del intelectual de occidente y la praxis del socialismo real, en el caso de Alejo Carpentier la fórmula “literatura en la revolución y revolución en la literatura” manifiesta una ruptura en el marco de los conceptos literarios del escritor cubano. Por una parte, Carpentier declara su teoría de lo real maravilloso americano, que incluye una poética barroca, por otra, confiesa el modelo de la épica próximo al realismo tradicional, para no decir, el realismo socialista. La consagración de la primavera, la única novela de la revolución cubana en la producción literaria carpenteriana, demuestra notablemente dicha ruptura o contradicción entre dos poéticas opuestas.
Resumamos primero los conceptos literarios de Carpentier expuestos en Problemática de la actual novela latinoamericana (Tientos y diferencias, 1966) y en Razón de ser (1976).
En el ensayo Problemática de la actual novela latinoamericana Carpentier traza su teoría de los contextos - raciales, económicos, políticos, burgueses, de distancia y proporción, de desajuste cronológico, culturales, ideológicos. La teoría se fundamenta en una tesis de que el hombre vive en medio de unas circunstancias precisas y determinadas, de que entre el hombre y estas circunstancias existe una relación vital, dialéctica. Básicamente, estos contextos se refieren al tiempo histórico y al medio geográfico. La novela, reflejando la vida de los hombres, debe manifestar todas estas circunstancias. Para Carpentier la novela es un instrumento indagador de la realidad latinoamericana, y el escritor asume el rol de cronista de su época, que mira el pasado en términos del presente. Según Carpentier el mensaje social e ideológico en la novela cobra su verdadera dimensión gracias a unas circunstancias concretas, o sea, un contexto ideológico, una serie de acontecimientos políticos. Y por eso la revolución cubana, en primer lugar, “la épica de la Playa Girón” inspira al escritor, ofreciéndole un determinado contenido épico-social.
Razón de ser contiene diversos escritos de Carpentier -ensayos, comentarios y discursos- que desarrollan su visión literaria del libro anterior y, al mismo tiempo, enfocan el tema de la revolución cubana.
Carpentier resalta el rol decisivo de la revolución que lo formó tanto como persona, como artista: “(...) Creí que era mi deber poner mis energías, mis capacidades (...) al servicio del gran quehacer histórico latinoamericano que en mi país se estaba llevando adelante”. El escritor cubano confiesa: “¿(...) Qué más puede desear un artista, un escritor, que ser útil en esa dimensión sin tener que abdicar de sus tareas intimas, personales, de creación?”. Es de notar, que en este punto Carpentier y Cortázar comparten exactamente la misma idea.
Carpentier reiteradas veces declara: “En eso estoy, y en eso seguiré, en el seno de una revolución que me hizo encontrarme a mí mismo en el contexto de un pueblo. Para mi terminaron los tiempos de la soledad. Empezaron los tiempos de la solidaridad”. Carpentier con fervor anuncia la creación del mundo nuevo, que va a reemplazar a éste que simboliza la soledad, la violencia y el pesimismo de Macondo. Carpentier define su credo literario evocando un imperativo que va a determinar su vocación y la temática de su obra: “(...) No puedo ni podré sustraerme ya a la intensidad, a la fuerza, por no decir embrujo, de la temática revolucionaria. Hombre de mi tiempo, soy de mi tiempo y mi tiempo trascendente es el de la Revolución Cubana. Escritor comprometido soy y como tal actúo, donde mi comprometimiento responde a un proceso que he visto nacer (...)”. Por consiguiente, Carpentier declara la supremacía, si no una exclusividad del tema revolucionario como una obligación del escritor comprometido.
En Razón de ser Carpentier reitera la idea de la novela épica anunciada ya en Tientos y diferencias: “La nueva novela latinoamericana tiende hacia lo épico, y para responder a las aspiraciones de un tiempo épico habrá de ser épica (...). Nuestra novela deberá ser de acción “grande y pública”, multitudinaria diría yo, y en eso estoy después de haber escrito El siglo de las luces y El recurso del método, terminando La consagración de la primavera (...)”.
El tema de la revolución cubana seguía madurando en Carpentier desde 1964. En este año el escritor anunció la novela titulada El año 1959, que catorce años después tomará una forma definitiva de La consagración de la primavera. La novela, paradójicamente, constituye un resumen o repetición de temas y formas narrativas de sus novelas anteriores y, al mismo tiempo, en un nivel ideológico, un cambio radical, que se basa en una tonalidad optimista, en una fe en la realización de los ideales de la humanidad. Si en las obras anteriores Carpentier presenta la visión de la historia en forma de perpetua repetición, de eterno retorno al principio, en La consagración la historia por primera vez deja de ser un factor repetitivo. Dos novelas -El reino de este mundo y El siglo de las luces- inician el ciclo novelesco de las revoluciones.
En El reino encontramos un primer planteamiento del tema de la libertad desde un punto de vista ideológico. En la novela el ansia de la libertad de las masas de negros explotados y la lucha que libran para alcanzarla son más el producto de una impulsión natural que de una conciencia ideológica. En El reino la lucha por la libertad y por el mundo mejor es anhelo colectivo, en cambio, en El siglo de las luces la problemática de la libertad, de los ideales revolucionarios, es materia prima del drama personal de los protagonistas. A base de los destinos de Víctor Hugues, Esteban y Sofía el escritor cubano presenta toda la gama de actitudes ante la empresa revolucionaria, del idealismo al oportunismo, de la decepción a la lucha desesperada. De todos modos, en ambas novelas los protagonistas terminan en un torbellino del tiempo cíclico, en un ciclo repetitivo de revoluciones frustradas, enfrentando el destino de Sísifo, un motivo tan propio de la narrativa de Carpentier.
En La consagración de la primavera Carpentier reúne diversos tópicos: historia, música, arte, filosofía, política. Sin embargo, en la novela destaca un mensaje claro e inequívoco: la revolución cubana es una coronación del proceso histórico que incluye una serie de revoluciones y otros acontecimientos políticos del siglo XX. Carpentier, conforme a sus conceptos ideológicos y literarios, insiste en la proclamación del arte al servicio a la sociedad y en la apología de la revolución cubana como liberación del hombre, como la máxima expresión de la libertad artística y la igualdad social. Presenta una visión del nuevo hombre que rompe con el pasado por dos ideales fundamentales: la justicia social y el arte, o sea, resalta la necesidad del compromiso político social, unido con el compromiso con el arte. En este mensaje el simbolismo cobra una dimensión particular. El símbolo central que alude al ballet de Stravinski, concierne a la vida, la revolución como resurrección, la regeneración del pueblo cubano, la simbiosis entre el arte de la vanguardia europea con la transformación revolucionaria de la sociedad latinoamericana. Centrándose en dos protagonistas -la bailarina rusa, Vera y el arquitecto cubano, Enrique- Carpentier presenta la lucha de los personajes por el mundo mejor, la adhesión a la causa revolucionaria, dos caminos distintos hacia el compromiso.
Este canto épico a la revolución cubana determinó una estructura tradicionalmente realista de la novela, que contrasta con el barroquismo del lenguaje. Carpentier abandona la experimentación y vuelve a la narrativa más sencilla, donde el tiempo es cronológico y los personajes, unidimensionales y poco convincentes, sirven tan sólo para formular las tesis ideológicas. Porque La consagración es una novela de tesis, más, es una novela anticuada en que Carpentier en vez de mostrar, únicamente relata e instruye, según la oposición ejemplar entre el telling y el showing en la teoría literaria anglosajona. No sólo es cuestión de transmitir ideas o conceptos, de dialoguismo o polifonía, en el sentido bajtiniano de la palabra, que consiste en reunir diversos puntos de vista, diversas perspectivas a veces contradictorias, el recurso narrativo ya introducido a la narrativa hispanoamericana desde hace varias décadas. Carpentier, en vez de adoptar su concepto épico que connota plenitud, profundización, panorama, acude al estilo periodístico, anunciando hechos y acontecimientos, que no son narrados sino, justamente, resumidos. Este efecto lo corroboran las citas de los titulares de la prensa cubana que se refieren a las sucesivas etapas de la revolución castrista.
Los recortes de prensa, comentados por los protagonistas, convierten los determinados capítulos de la novela en un discurso pedagógico, lo que aún más abre una brecha entre un carácter intelectual de la novela y su mensaje propagandístico, entre el lenguaje denso, barroco, típicamente carpenteriano, y el contenido unívoco, de carácter social realista. En resumen, La consagración constituye una rara simbiosis de una novela del lenguaje y la novela de tesis. El mismo efecto periodístico o folletinesco producen todos los acontecimientos históricos presentados en la novela, casi desprovistos de fechas exactas. Lejos de una vasta perspectiva épica, éstos se manifiestan como si fueran tomados de un manual de la historia de la primera mitad del siglo XX: revolución soviética, guerra civil española, nazismo, segunda guerra mundial, guerra fría. Es sorprendente que la guerra civil, la cual el autor seguía de cerca como testigo, se nos presente más bien como un escenario simbólico de un encuentro entre dos protagonistas - una rusa y un cubano. En lugar de un panorama épico Carpentier presenta muy pocos acontecimientos y, además, restringe su visión únicamente a las Brigadas Internacionales, pasando por alto los debates, conflictos y luchas internas en el campo republicano.
El homenaje a los revolucionarios cubanos ocupa un lugar particular en la novela. Son estos párrafos en que Carpentier formula una especie de panegírico, una visión idealizada que hace pensar en los protagonistas de las novelas ejemplares. A partir del capítulo 26, donde comienza la epopeya de la revolución, Carpentier inserta la característica de los militantes, que forma parte de un escrito ideológico que, como un elemento agregado, propagandístico, produce fisuras en el mundo representado. En fin, son citas que aún más fomentan un carácter didáctico de la obra: “(...) Una generación nueva, ajena a las taras y lastres que en la vida pública se venían arrastrando desde los comienzos del siglo”; “(...) Un Ejército Rebelde que (...) pasaba ya de la defensiva a la ofensiva, en asombrosa resurgencia y prolongación de la gesta mambisa del siglo pasado”; “(...) Gente de otra raza - raza distinta (...). Acaso una raza nueva, capaz de hacer algo nuevo”; “(...) El Ejército Rebelde se me mostraba como algo limpio y puro”; “De los altos de una Sierra (...) habían bajado al llano esos -para mí- casi míticos personajes, que habían ido cobrando contorno, estatura, fisonomía y dimensión humanas, heroica o carismática (...). Parecían haberse constituido en una nueva categoría de hombres entre los de mi nacionalidad (...). Me parecían seres hechos de otra arcilla - de otra carne”.
A hombres nuevos y “a tiempos nuevos correspondía una palabra nueva (...)” - declara el autor, centrándose, a continuación, en los discursos de Fidel Castro: “Fidel pronunció un discurso absolutamente extraordinario”; “(...) Su voz neta, clara, algo metálica a veces (...); “(...) Su oratoria, desprovista de toda retórica, donde el habla llana y directa (...); estilo distinto, innovador, claro, dialéctico (...)”. Es de notar el paralelismo entre la novela de Carpentier y el cuento de Cortázar en lo que se refiere a la figura de Fidel Castro. En las dos obras el líder revolucionario personifica todos los ideales y virtudes de la revolución.
La última página de la novela sirve de un resumen ideológico, recapitulando en tres frases todas las ideas, mensajes, conceptos de esta vasta obra: “Yo [Vera], burguesa y nieta de burgueses, había huido empeñosamente de todo lo que fuera una revolución, para acabar viviendo el seno de una revolución (...). Enrique, burgués y nieto de burgueses, había huido de su mundo burgués, en busca de algo distinto que, a la postre, era la Revolución que volvía a unirnos ahora. Los dos girábamos ya en el ámbito de una Revolución, cuyas ideas fundamentales coincidían con las de la grande y única Revolución de la época”. Es un fragmento que sintetiza y, al mismo tiempo -recurriendo a las palabras de Cortázar- “anula y empobrece la parte literaria y se convierte en una especie de ensayo disfrazado”.
Resumamos. Por una parte, el “escritor nacional cubano”, un gran partidario de la revolución y funcionario del régimen castrista, autor de un ciclo de novelas históricas que giraban en torno al tema de la revolución, finalizado y coronado por la summa novelística - La consagración de la primavera. Intelectualista, músico, esteticista, que la mayoría de su vida la pasó en el extranjero, y cuya biografía, excepto una breve militancia en los años veinte, hasta el año 1959 no es sino una biografía estética, al estilo borgeano. Este sentimiento de un hombre apolítico, no comprometido, explica tal vez su ferviente adhesión a la revolución cubana. Por otra parte, el gran humanista, admirador de la patafísica, autor de relatos fantásticos y novelas metafísicas, acusado por unos por escapismo, por otros por deserción. Cortázar también ve en el triunfo de Fidel Castro la gran esperanza para la humanidad. Ambos escritores representan personalidades, poéticas, experiencias totalmente distintas. No es de extrañar, pues, que a pesar de la causa revolucionaria que los enlace, cada uno tiene una visión muy distinta de la fórmula “literatura y/o revolución”. Carpentier nunca cambiará su actitud dogmática ante la revolución cubana, en cambio, la postura de Cortázar sigue evolucionando, y aunque crecen sus dudas y aumentan críticas dirigidas contra sus compañeros cubanos, nunca llegó a volver espalda a la revolución cubana. Carpentier, dado sus cargos oficiales en el gobierno revolucionario y sus funciones diplomáticas, pertenece a elites del régimen castrista, o sea, simboliza la revolución institucionalizada. Cortázar nunca dejará de ser inconformista, un cronopio ejemplar, un idealista que cree en el mejor de los mundos. La novela del escritor cubano -La consagración de la primavera- en que intentaba, como admite, “expresar el epos de la Revolución Cubana”, se manifiesta como una obra inevitable, necesaria de un vate nacional. El cuento Reunión de Cortázar es tan sólo un bosquejo, nunca desarrollado, de la narrativa de la revolución, sin embargo, es una obra en que el escritor argentino trata de expresar, como comenta, “toda la esencia, todo el motor, todo el impulso revolucionario que llevó a los barbudos al triunfo”. Ambos textos manifiestan dos modelos diferentes de la literatura, más precisamente, dos conceptos opuestos de la “revolución en la literatura”. Si la obra de Carpentier es un producto de su teoría de la novela épica, un gran fresco histórico, aunque demasiado muralista, que exalta el triunfo de la revolución en Cuba, el cuento de Cortázar apunta a visión particular de la “literatura revolucionaria”, en que es necesaria una fusión total o síntesis entre el entusiasmo, el fervor revolucionario y la elaboración artística del tema mediante juegos narrativos, la poética de la “realidad otra”, la ficcionalización de un testimonio, la parábola, el simbolismo del pasaje.
Bibliografía
Alejo Carpentier, Tientos y diferencias, Ediciones Unión, La Habana 1966.
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Alejo Carpentier, Razón de ser, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1984.
Julio Cortázar, Reunión en: Los relatos, 3, Alianza, Madrid 1979.
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Ernesto Che Guevara, Pasajes de la guerra revolucionaria, versión electrónica en: patriagrande.net.
Oscar Collazos et al, Literatura en la revolución y revolución en la literatura, Siglo XXI, México 1971.
Roberto Fernández Retamar, Para una teoría de la literatura hispanoamericana, Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá 1995.
Profesor de la Universidad de Varsovia en el Centro de Estudios Latinoamericanos, Director del Instituto de las Américas y Europa de la Universidad de Varsovia, Embajador de Polonia en Colombia y Ecuador (1992-1997); estudios en literatura hispanoamericana, teoría literaria, traducción literaria, cultura colonial hispanoamericana, traductor de numerosas obras de literatura hispanoamericana al polaco.
E-mail: akelbano@uw.edu.pl