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Finalmente, se debe expresar que la decaída continua de la economía cubana y el deterioro de los servicios sociales que hicieron a la revolución cubana un símbolo del desarrollo igualitario fuera del modelo neoliberal, reduce la relevancia de Cuba en el plano internacional, e inclusive el modelo antiimperialista y anticapitalista que tanto fascinó a la gente por más de una generación , incluso después del final de la Guerra Fría, ha dejado de tener la resonancia que tenía hasta hace una década.
La severa (realista) pregunta es, ¿por qué los participantes en el sistema internacional deben apoyar el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos? Entre las fuerzas progresistas en América Latina que son las que tienen más interés en la reintegración de Cuba a la comunidad hemisférica, Venezuela y Bolivia, por sí solas, no tienen el nivel o la plataforma para lograrlo, sólo los socialdemócratas, como Lula y Bachelet tienen la legitimidad para plantearlo y ganar el apoyo, pero para ellos es lo más probable que insistan con los cubanos en la apertura como primera condición, al igual que es la posición de la administración de Obama. La única remota posibilidad es que Lula atraiga a Cuba como parte de su proyecto de liderazgo de Brasil en América Latina, pero inclusive en ese contexto, yo creo que hay otros riesgos menores que producirán mayores ganancias que Lula escogerá para poder establecer la base para la influencia y la nueva legitimad de Brasil.
Claro, queda también la posibilidad de que Obama levante el bloqueo por el hecho de que es lo correcto, y quizás él se decida a hacerlo. Sin embargo dada la importancia de la agenda relacionada con las crisis internacionales con las cuales el gobierno tiene que enfrentarse inmediatamente, y además dada la ausencia de un cabildeo fuerte que abogue por el acercamiento, es muy difícil ver donde Cuba encaja en el marco de las relaciones internacionales de EE.UU. al menos en el futuro a corto plazo. Sin una insistencia, en forma de presión política, ya sea dentro de la administración o por parte de algunos miembros de la comunidad internacional, el nuevo gobierno sencillamente tendrá que poner su atención en otras partes del mundo, lo cual no ofrece muchas posibilidades de una aceleración en el cambio en las relaciones entre EE.UU. y Cuba, salvo en detalles y cuestiones al margen de los problemas claves.
Doctor en historia, Senior Scholar del Woodrow Wilson International Center for Scholars, Washington; anteriormente Director de Latin American Program WWIC; otras experiencias docentes y de investigación: profesor de historia y director de International Programs de la University of North Carolina at Chapel Hill; profesor de historia en Yale University, consultor en U.S. Dept. of State, UN Habitat, USAID; publicaciones más recientes: Decentralization, Democratic Governance, and Civil Society in Comparative Perspective, co-editor (Johns Hopkins University Press, 2004), Latin America in the New International System, co-editor (Lynne Rienner Publishers, 2001).
E-mail: wwicslap@aol.com