

El afán del hombre durante todos los tiempos por escalar peldaños dentro de la sociedad, muchas veces ha ido acompañado de las más flagrantes miserias humanas: simulación, doble moral, traición, corrupción, prostitución, por mencionar las más comunes. El campo artístico ha comentado sobre el tema desde todas sus manifestaciones y en cada una de ellas la máscara ha sido un elemento recurrente para activar la reflexión. De ella se sirve José Luis Lorenzo al armar su discurso aleccionador donde lo humano se torna animal o viceversa; y que nos sirve para encarar las flaquezas que por siempre nos acompañarán.
Siempre interesado en los mitos, este artista ha acogido de manera muy especial el de la insularidad para hablar sobre temas candentes de su realidad inmediata. Es un eterno inconforme con la situación del cubano, pero su diatriba va dirigida hacia lo que frena la utopía desde dentro de ella misma: la autocensura, la dejadez, la pérdida del sentido de pertenencia, por parte de los ciudadanos que aspiran a una sociedad mejor. Constantemente nos hace jugadas de engaño. De ahí que prefiera parapetarse a través de sus personajes con máscaras para hacer comentarios de índole cultural, ecológica, social, y política.
Graduado de la Escuela Profesional de Artes Plásticas “Carlos Hidalgo” en Pinar del Río, recuerdo que tanto él como Elvis Céllez eran los preferidos de la primera graduación de la institución, después que ésta reiniciara su trabajo en el año 1993. Desde entonces se proyectaba como un alumno inquieto y con una notable capacidad de trabajo. En sus inicios comenzó a mostrar sus obras incluso fuera de los habituales espacios expositivos. La fábrica de ron “El Valle” fue uno de los lugares intervenidos para exponer algunas de sus pinturas, en un intento por tornar más accesible el arte a los ojos de la gente. Esta acción llevó por título Mito y realidad.
Lorenzo ha incursionado en lo pictórico, lo escultórico, lo instalativo y lo gráfico con similares resultados, aunque en el último de los géneros ha logrado depurar más su técnica, restándole sólo replantearse sus contenidos en aras de hacer más enjundioso el discurso. Todo su quehacer ha estado marcado por un interés en subrayar el drama que implica la sobrevivencia en la isla; enfatizado a través de la zoomorfización de sus personajes y la utilización de materiales naturales, pobres y reciclados, en muchas ocasiones, de sentido escatológico. Asfaltil, sangre, estiércol de caballo, tierra, yute, tronco y tripa de palma, le sirven para movilizar la reflexión en torno a lo precario.
Una de las primeras piezas del autor que causara sensación dentro del contexto pinareño fue la instalación El pensador, que luego se exhibiera en el Centro de Arte 23 y 12 en la capital. La misma consistía en una versión monumental de la obra del mismo título realizada por Rodin. En la pieza de Lorenzo el meditador personaje lleva cabeza de equino y ha sido confeccionado y vestido con materiales pobres, como es usual en su poética a la hora de abordar los volúmenes. El estiércol de caballo colocado alrededor del personaje connota el sentido parodiador de la pieza, a la vez que recontextualiza sus significados dotando al sagrado animal de ambivalencia sígnica: poder y detritus. La omnipresencia del caballo unida a su precariedad carga de innumerables lecturas a esta propuesta. Con ella ganó varios lauros gracias a la espectacularidad de la representación.
La máscara que a través de la historia ha sido usada con fines religiosos, festivos o culturales es retomada por José Luis a la usanza de la antigua cultura romana. En sus orígenes ésta era llevada por los actores en los cortejos fúnebres para que se reconociera y recordara el rostro del difunto, y luego comenzó a usarse por éstos para representar fielmente en sus obras los rostros de los personajes históricos que estaban interpretando. Con el tiempo se adoptó su uso en las fiestas saturnales en Roma, y se les comenzó a usar con carácter festivo, dando lugar a su utilización en los carnavales. En las historias de este artista los personajes aparecen con cuerpos antropomorfos y rostros de animales: de perro, gato, ave, tiburón, cocodrilo, gallo, oveja, por sólo mencionar algunos, en franco comentario sobre actitudes reprobatorias, en unos casos, y en otros como espectador cómplice sin espacio para censurar.
Los primeros años en la carrera del artista han transcurrido, sobre todo, abordando la instalación y la pintura, y dentro de la primera tendencia ha conseguido resultados felices con otras tres piezas que deben resaltarse además de la mencionada: El séptimo elemento, Apología de la abundancia, y Tres banderas (Homenaje a Jasper Johns). Las dos últimas mantienen la monumentalidad que ostenta El pensador, en virtud de comentar incisivamente acerca de tópicos caros a la inmediatez del cubano y su contexto socio-político. En ambas, la herradura se constituye en elemento recurrente portador de disímiles significados. Entre ellos, uno de los más cercanos es el conjuro de la suerte, relacionado con la creencia popular de que ésta es propiciadora de buenos augurios.
En Apología…Lorenzo construye un cuerno inmenso con sacos de yute y herraduras. Dentro de éste coloca un monitor de televisión a la vista de todos proyectando imágenes repetitivas de los productos usuales en la alimentación del cubano, y que constantemente se promueven en televisión: carne de cerdo, granos, viandas, vegetales, tratados con tonalidades sepias. El primer problema diario a resolver por los cubanos es ganar el sustento, que alcanza apenas para comer. Un tema tan cercano es abordado con sarcasmo al hablar de abundancia. Para muchos puede parecer una crítica mordaz acerca de las carencias de toda índole que pueden existir en un país bloqueado e inmerso en un “período especial” donde el alimento diario del cubano está limitado en calidad y variedad; pero realmente su reproche se dirige hacia la falta de iniciativa y “responsabilidad individual” de las personas que se benefician de un “Estado Paternalista”. Y en el caso de Tres banderas la herradura vuelve a adquirir protagonismo. Composición similar a la del norteamericano pero a escala monumental, y confeccionada sólo con herraduras. Fue premiada en el Salón “20 de octubre” de ese año y luego participó en el Salón de Premiados en La Habana. Constituye un homenaje a la resistencia y un conjuro a favor de la identidad cubana.
Quizás las mejores propuestas de Lorenzo estén planteadas a través de la pintura. En los primeros trabajos para remarcar la lucha por la sobrevivencia hacía énfasis en el carácter grotesco de sus personajes, los cuales procedían, sobre todo, de la mitología griega, pero metamorfoseados por el artista en híbridos con cabeza de animal y cuerpos antropomorfos. De manera similar a como ocurre en el teatro les coloca a estos protagonistas sus vestuarios, aunque en ocasiones aparecen desnudos en un comentario sobre el duro bregar de la vida en sociedad. Personajes que traicionan, que dimiten, que son comprados, que se prostituyen, que profanan, que mienten por placer, abundan en las telas y toda la producción de Lorenzo. Su discurso mantiene un rasero ético desde sus primeras incursiones. Quizás ya vaya quedando agotada la propuesta que ha explotado a partir de las manifestaciones mencionadas y se imponga la búsqueda de nuevas líneas de trabajo que aporten diferentes reflexiones.
Varias piezas merecen ser reconocidas dentro de su creación pictórica: No nos dejes de amparar, Paradoja de la ausencia, Metamorfosis interrumpida, El pescador de sueños, y El difícil arte del marionetero, pertenecientes a una primera etapa de trabajo; y dentro de las más recientes cuentan: Mal tiempo y Un grano de maíz, éstas últimas con un cariz humorístico no usual en la obra del artista. Cada una de ellas tiene el mérito de la síntesis y la sutileza, además de no estar exentas de lirismo, porque quien conoce a Lorenzo puede apreciar en él a un hombre entusiasta y creyente en las utopías.
Con el grabado le sucede que ha logrado esmerarse formalmente obteniendo en este sentido mejores resultados. Son piezas más limpias y con un dibujo minucioso. De manera similar se aprecian transformaciones en la pintura. Si en las primeras predominaban las tonalidades ocres, en las de ahora se advierte un apego al color que las vuelve más iluminadas. El tono crítico de los inicios se va tornando menos grave para dar paso a uno más lúdico. Otro aspecto que ha caracterizado a sus incursiones pictóricas sobre tela o yute han sido las texturas, logradas a través de la mezcla de materiales diversos, incluso extraartísticos.
Su más reciente muestra Probando fuerza, conformada por experimentaciones gráficas, en la Casa Oswaldo Guayasamín, resultó de lo más logrado dentro del quehacer del autor, quien hizo gala aquí de un dibujo excelente y un nivel de sugestividad en los planteamientos no experimentado en exposiciones anteriores. Una serie de actitudes habituales en su contexto, que se manifiestan a través de las relaciones sociales de poder, son puestas en tela de juicio bajo el prisma pasional del cubano, dado a los extremos a la hora de actuar y valorar. Cada trabajo escenifica una situación diferente donde los personajes compiten y se arriesgan pulsando sentimientos de todo tipo: placer, lascivia, lástima, abyección. Son personajes en situaciones límite, y Lorenzo acostumbra a erotizar las escenas recordándonos cómo el carácter voluptuoso del cubano mediatiza cada una de sus acciones, a la vez que garantiza un público para sus piezas.
El autor, quien tiene a su favor el trabajar diariamente muchas horas, ha logrado pulir su dibujo que antes adolecía de problemas de definición en las líneas, deficiencias en los escorzos y alguna que otra pifia en las proporciones de sus personajes. Ahora se proyecta con limpieza en el trazado y con un nivel de perfeccionamiento en los efectos de valor y tono que contribuyen a potenciar el dramatismo de las escenas. Su propuesta resulta un compendio de actitudes humanas, generalmente abordadas con erotismo y humor, quizá porque son las dos posiciones más habituales en el cubano, tan acostumbrado a revertir sus conflictos en situaciones favorables. Y Lorenzo lo consigue con perspicacia, colocándose incluso él mismo como termómetro de éstas contingencias. Con su propuesta parece recordarnos: ¿Qué cubano que es no es voluptuoso? ¿Qué cubano que es no es humorista? ¿Qué ha sido la historia de la civilización sino la lucha por el poder? El poder en las relaciones interpersonales, a nivel social, cultural, político, se consigue en ocasiones por la fuerza, otras sutilmente; pero Lorenzo quiere hablarnos de la primera opción, de la más primitiva y violenta, de la que generalmente impera a pesar de que nos consideramos cultos, independientemente del contexto en que se desarrolle el ser humano.
La impronta de lo pedestre y precario domina en estos planteamientos, enrumbando la reflexión alrededor de los valores humanos, puestos en tela de juicio todo el tiempo. Hay grabados que resaltan dentro de la muestra por sus contrastes tonales y de valor, aspecto que define mejor la tensión de las historias. Probando fuerza, Las féminas y el culto priapal, Sustracción, Uno y más, Divergencia de la metamorfosis y Dieciocho y más confirman la superioridad en la ejecución técnica de este género por encima del resto de su producción.
No por gusto Lorenzo ha sido ganador en tres ocasiones del Premio Cubaneo que otorga anualmente la Casa-Taller Pedro Pablo Oliva a las mejores propuestas de artes plásticas en la provincia, además de haber recibido varios lauros en salones provinciales y nacionales. Su obra se ha expuesto fuera de Pinar del Río en el Centro de Arte 23 y 12, Galería La Acacia, Villa Manuela, CENCREM, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y otras galerías del circuito de la capital. En los últimos años su quehacer se ha estado moviendo indistintamente dentro de la pintura y el grabado, apreciándose una evolución notable tanto en lo formal como en el abordaje de los asuntos, dirigidos ahora hacia una perspectiva que rebasa lo local. Probando fuerza ha venido a consolidar su imagen de artista infatigable, hacedor de fábulas capaces de hacernos cuestionar nuestra reciedumbre ante las pruebas que nos depara el destino.
Texto publicado en el suplemento noticias artecubano 5/07 y en su totalidad en la Revista Revolución y Cultura 2/2008.