

Antes del sueño, allá donde comienza la historia primigenia de los aconteceres del hombre, habita el rito. Ambos, rito y sueño, son los componentes esenciales que animan la imperiosa diégesis de toda obra de arte. Pues en ellos están retenidos los presupuestos entendibles de la creación artística. Basta aceptar que el rito, ese orden antológico, es en los sentidos posibles anterior a cualquier fenómeno que queda caracterizarlo. Más allá de una imitación humana, o un acto recurrente, el rito expresa una dialéctica del deseo y la repugnancia: deseo de fecundidad o victoria, repugnancia a la aridez, los enemigos. Pre-humano, pre-verbal y por supuesto, aceptablemente pre-humano; el rito parece vincular la vida con la decadencia biológica de las aves –entiéndase fauna- a sus danzas de acoplamiento: majestuosa sincronización nacida de esa paridad entre los seres y los ritos de su medio. El sueño, es en sí mismo aquel sistema de alusiones crípticas –ignotas, provocativas- de las cuales el soñador permanece parcialmente ajeno, es decir, resultan incapaces de una entrega significacional capaz de hacerse verificable.
Ahora bien, al unificarse rito y sueño como los elementos esenciales del curso poético, aparece la estructuración fundamental que alienta la obra plástica de José Luis Lorenzo: el mito, entendido como la conjunción de los factores del deseo y la recurrencia, con que cualesquiera de estos móviles pueda manifestarse. Lo cual promueve un acercamiento a un mundo caracterizado por conceptualizaciones propias, por demás, cercanas a los motivos primigenios que la fundamentan. El mito aísla los principios estructurales, los destina lejos de toda verificación real o naturalista, como una subversión del orden lógico del suceso convocado. José Luis Lorenzo, hábil hacedor de estas realidades, nos destina una interpretación del hecho artístico a través de los desplazamientos que animan el acontecer mítico. En su obra todas las estructuraciones están dispuestas como la introducción de un augurio o de un portento, como si cuanto trazara, fuese el relato de una profecía que ha de cumplirse justo al tiempo en que es enunciada. Tal recurso sugiere, en su proyección existencial, una definición de la fatalidad ineluctable o de una oculta voluntad omnipotente. Y este determinismo artístico le confiere a la obra una decisiva relación simétrica, donde la voluntad implicada se adentra en el suceso onírico tanto del autor como de quien la ve definirse, casi como la prolongación extasiada de sus trasmundos.
En la obra de José Luis Lorenzo, por tanto, el mito no sólo otorga significación al rito y narratividad al sueño, sino que se ve como la identificación del ambos, en la cual el rito se traduce como el sueño en movimiento.
Pinar del Río 11 de enero del 2001.