

El primer encuentro con la exposición “Convergencias y divergencias del establo y la metahistoria” de José Iván Morales y José Luis Lorenzo hace evidente la intención marcadamente distanciada de querer asumir las exigencias del mercado del arte internacional con fuerte incidencia en la creación artística cubana de los últimos años.
Para Iván el discurso estético se sustenta en un compromiso declarado con el regalo conceptual como parte de su expresión individual. La intelectualización de su obra se visualiza en el interés hacia fenómenos de tipo social y estético prueba de un énfasis consciente en la defensa y cuestionamiento de nuestra realidad sociocultural. Lo cubano se revierte en símbolos y metáforas que aluden directamente a fragmentos de nuestra memoria histórica como “El sueño del millón” con sus revestimientos históricos y dramáticos y su pluralidad interior o la búsqueda de lo nacional como concreción de la nacionalidad y el consecuente compromiso de las nuevas generaciones partiendo de su historia y los patrones éticos y estéticos asimilados.
La instalación es proyectada por ambos creadores como receptáculo y a su vez desencadenante de emociones sensoriales directas entre artista-obra-esplendor y su carácter polisémico no resulta escogido al azar ni como una manera de arreglárselas con lo que uno tenga a mano. El entrañamiento con el material ya sea caña de azúcar, saco, yagua, estiércol o madera de bagazo y su influencia determinante en el objeto creado, resulta una especie de gestación espiritual que trasciende el marco autorreferencial adoptando posiciones provocativas o aparentemente ingenuas de un marcado compromiso contextual.
José Luis Lorenzo asume una poética donde la parábola en el lenguaje, la mística del símbolo y su constante manipulación a través del material originan un discurso transgresor de espacios temporales y físicos, trocándose con una universalidad mutante, condicionada por la diversidad de tradiciones de representación. Sus piezas se hiperbolizan no sólo por el espacio que ocupan sino por el tono grandilocuente con que se abordan los temas: el caballo, imponente como símbolo de fuerza e imponente formato en “El pensador”, las dicotomías resultantes en “Tomemos la gloria” del estiércol como excremento que ensucia o como abono que nutre e impulsa hacia delante; el oportunismo y el conformismo o el pasado y el presente concluyen, chocan y se enfrentan como realidades de la existencia social del individuo.
`Los temas suavizados un tanto por la atmósfera mística o concentrada que fluye de la propia personalidad del artista se revierte en piezas donde la agudeza y la ironía interrelacionan una totalidad rica en significados.
Tanto Lorenzo como Iván recontextualizan y subvierten materiales pobres o extra artísticos asumiendo nuevos significados y funciones en artefactos que se destacan por una minuciosa facturación, esto sumado a cierta pretensión performática en la motivación y provocación al público de interactuar directamente con la obra hacen de la muestra un catalizador de intereses artísticos y conceptuales proyectados desde la experiencia socio cultural.