

A mal tiempo...justificado o cuestionable el rostro?
Entre tantas máscaras, la mía pudiera ser una más.
Máscara con aire de persona.
Entre tantas máscaras, la mía será quizás la suma de todas,
una máscara hecha de máscaras posibles...
José Pérez Olivares.
(Máscaras -Ensor-)
Parajes sombríos, esperanzados, de alguna luz o de fuego, de alguna pasión o de sacrificio. ¿Exteriores o interiores? ¿Todo? Fondos de apropiados matices, alusivos a las mixturas, a la confusión, al enredo. Espacios que de más similitudes que diferencias parecieran un mismo telón para cada acto a representar por cada óleo. Un entorno que se prolonga infinitamente, con breves variaciones que no pretenden grandes nuevos cursos, que prometen regularidad, que comprometen cada historia con la que sucede , antecede o se parece a la otra historia , que nos introduce a una especie de laberinto y nos obliga luego a tejernos nuestra propia salida. Entre sumisiones, disposiciones, distantes sueños engalanados de utopías e incesantes esfuerzos por lograr al menos el próximo paso, el hombre se proyecta desde las diversas relaciones que implican al poder, desde lo sexual, lo religioso, lo social, lo político, desde las increíbles variantes que su brutal o dócil otro yo puede brindar en su acepción animal más desconocida. Los disfraces conscientes o inconcientes que adopta el ser humano para subsistir o negociar. Los procesos y medios que pueden seducir , obnubilar, confundir, transportar al ser humano a dimensiones no solo físicas sino espirituales y desafortunadamente no siempre felices, a partir de la manipulación de los instintos más básicos .
Coches, ollas, tentaciones, persecuciones, mañas, concesiones, escenas del diario bregar. Este recrear las situaciones cotidianas no es más que un pretexto para dialogar sobre otras cuestiones más infelices y legendariamente enquistadas. Es por ello que los símbolos empleados no reducen la perspectiva al patio, trascienden porque las necesidades vitales de animales y hombres, las indispensables de saciar, son iguales en cada sitio del universo. Y el hombre vive, convive, se adapta, estalla, se moldea, se comporta más o menos dignamente, más o menos éticamente... sobrevive.
La contemporaneidad exige de ilimitadas incursiones, experimentaciones casi obligadas y constantes búsquedas. No descansa el artista de hoy hasta lograr un(os) discurso(s) que le facilite(n) el acceso a tal o más cual público, oficialidad o status. Cada vez es más complicado establecer un nivel apropiado de comunicación, por las inevitables fluctuaciones. El creador necesita teorizar, fabular y replantearse su obra (lo más honestamente posible), y en la conscientización de tales procesos yace gran parte de su consolidación. José Luís Lorenzo es uno de nuestros jóvenes talentos, cuya obra demuestra claramente estos presupuestos. Ha transitado por numerosas manifestaciones: instalación, grabado, performance, pintura. La indagación antropológica, el trabajo con diferentes modos y maneras, el singular estilo que ha ido logrando y su probada constancia, manifiesta en certámenes y premiaciones, lo hacen indiscutiblemente valioso para nuestra escena plástica.
Podemos asegurar hoy que la obra del artista está muy lejos de ser concluida, el espíritu de inconformidad se delata junto a los otros discursos subyacentes y la urgencia de cambio permanece latente con otras urgencias o sugiriendo sutilmente otros cambios. Lo que sí parece quedar claro es que sea cual fuere la versión de los hechos que nos proponga Lorenzo, habremos de percibir siempre la naturaleza bendita, precaria, voluble e inapreciable del hecho mismo de la existencia.
...Minotauro...Sobrecarga...Crusificción...?
Hay mal tiempo, se precisa de un gran sentimiento y una aparición para alcanzar la pata prometida...
Dime Ariadna...qué carnada...acaso el grano de maíz?
Febrero 2007