

Entre tantas máscaras, la mía pudiera ser una más. Máscara con aire de persona.
Entre tantas máscaras, la mía será quizás la suma de todas, una máscara hecha de máscaras posibles...
José Pérez Olivares.
(Máscaras -Ensor-)
La contemporaneidad exige de ilimitadas incursiones, experimentaciones casi obligadas y constantes búsquedas. No descansa el artista de hoy hasta lograr un(os) discurso(s) que le facilite(n) el acceso a tal o más cual público, oficialidad o status. Cada vez es más complicado establecer un nivel apropiado de comunicación, por las inevitables fluctuaciones. Se ha vuelto provechoso para el creador teorizar, fabular y replantearse su obra (lo más honestamente posible), y en la conscientización de tales procesos yace gran parte de su consolidación. José Luís Lorenzo es uno de nuestros jóvenes talentos, cuya obra demuestra claramente estos presupuestos. Ha transitado por numerosas manifestaciones: instalación, grabado, performance, pintura. La indagación antropológica, el trabajo con diferentes modos y maneras, el singular estilo que ha ido logrando y su probada constancia, manifiesta en certámenes y premiaciones, lo hacen indiscutiblemente valioso para la escena plástica pinareña.
Cierto espíritu de inconformidad se delata junto a los otros discursos subyacentes y la urgencia de cambio late con otras urgencias o sugiere sutilmente otros rumbos. Sus primeras instalaciones y performances auguraban ya la solidez de su propuesta, luego el grabado casi logra que sea reconocido por tal manifestación, pero lo cierto es que el artista no descansa. Ha sido en la pintura donde han residido sus novísimas incursiones, manejando códigos y metaforizando sobre situaciones y contextos, en una especie de provocación al diálogo, a la conversación urgente. Haciendo gala de una acertada asimilación de la gran tradición humorístico-satírica con que cuentan nuestras artes plásticas, no ha descuidado los detalles del más académico oficio, que con gran juicio ha empleado siempre ejerciendo criterios filosóficos, estéticos, históricos, religiosos o mitológicos.
En Mal tiempo, muestra individual de pintura -Galería Korda, 2006- nos enfrenta de nuevo a sus personajes. Nos obliga prácticamente, ante las embarazosas disyuntivas en las que fácilmente pudiéramos estar involucrados, a reflexionar sobre actitudes y acciones, sobre posturas y apatías, desde una postura abiertamente crítica, como la mayoría de su producción. En esta ocasión acentuando el espíritu escenográfico de la sociedad contemporánea, con sus luces, poses, rejuegos mediáticos y manipulaciones asociativas. Parajes sombríos, esperanzados, de alguna luz o de fuego, de alguna pasión o de sacrificio. ¿Exteriores o interiores? ¿Todo? Fondos alusivos a las mixturas, a la confusión, al enredo, pero sirviendo fielmente a la situación que cobra el primer plano, clarificando la puesta, propiciándole el gran crédito. Espacios que de más similitudes que diferencias parecieran un mismo telón para cada acto a representar por cada óleo. Un entorno que se prolonga infinitamente, con breves variaciones que no pretenden grandes nuevos cursos, que prometen regularidad, que comprometen cada historia con la que sucede , antecede o con la que se parece; que nos introduce a una especie de laberinto y nos obliga luego a tejernos nuestra propia salida . Los disfraces conscientes o inconcientes que adopta el ser humano para subsistir o negociar. El hombre que se proyecta desde las diversas relaciones que implican al poder con lo sexual, lo religioso, lo social, lo político; desde las increíbles variantes que su brutal o dócil otro yo puede brindar en su acepción animal más desconocida. Sumisiones, disposiciones, distantes sueños engalanados de utopías e incesantes esfuerzos por lograr al menos el próximo paso. Los procesos y medios que pueden seducir, obnubilar, confundir, o trasladar a los seres a dimensiones no solo físicas sino espirituales y desafortunadamente no siempre felices, a partir de la manipulación de los instintos más básicos.
Coches, ollas, tentaciones, herraduras, persecuciones, mañas, concesiones, escenas del diario bregar. Este recrear las situaciones cotidianas no es más que un pretexto para dialogar sobre otras cuestiones más infelices y legendariamente enquistadas. Es por ello que los símbolos empleados no reducen la perspectiva al patio, trascienden porque las necesidades vitales de animales y hombres, las indispensables de saciar, son iguales en cada sitio del universo .Y el hombre vive, convive, se adapta, estalla, se moldea, se comporta más o menos dignamente, más o menos éticamente ...sobrevive.
La obra de Lorenzo va explorando cada posibilidad que en el terreno de la creación aparece. Hoy se preocupa por lo que los formatos bidimensionales puedan ofrecerle; y pudiera parecer extraño un desenvolvimiento notable en las acciones o performances, luego la experimentación con el grabado y ahora la pintura, teniendo en cuenta que las preocupaciones artísticas más vanguardistas laten hoy, nacional e internacionalmente, en los terrenos de la interacción o el video-en sus diversas modalidades-. Pero una observación detenida puede tal vez mostrarnos un artista que más que rescatar los modos más académicos, o girar en círculos retroalimentadores, esté reacomodando sus propuestas desde enfoques más personales y experiencias más cercanas; que esté traduciendo toda la cosmogonía que se respiraba en las obras iniciales desde la perspectiva de sus propias memorias y con un lenguaje igual de apropiado, universal y elocuente, de lo que estaría floreciendo un arte igual de genuino. Lo que sí parece quedar claro es que sea cual fuere la versión de los hechos que nos proponga Lorenzo, habremos de percibir siempre la naturaleza bendita, precaria, voluble e inapreciable del hecho mismo de la existencia o la creación.