

A propósito de la reapertura del Fondo de Bienes Culturales de nuestra provincia, quedó inaugurada la exposición personal Encicloferia gráfica popular, de José Luis Lorenzo, uno de nuestros jóvenes talentos plásticos.
El tránsito por numerosas manifestaciones: instalación, grabado, performance y pintura; la indagación antropológica y una probada constancia, manifiesta en certámenes y premiaciones, lo hacen indiscutiblemente valioso para la escena plástica pinareña. Sus primeras instalaciones y performances auguraban ya la solidez de su propuesta, luego el grabado casi logra que fuera reconocido por tal manifestación; lo cierto es que el artista no descansa. Precisamente en la pintura han residido sus novísimas incursiones, manejando códigos y metaforizando sobre situaciones y contextos, en una especie de provocación al diálogo, a la conversación urgente. Haciendo gala de una acertada asimilación de la gran tradición humorístico-satírica en nuestras artes plásticas, no descuida los detalles del más académico oficio, que con gran lucidez emplea siempre, a partir de criterios filosóficos, estéticos, históricos, religiosos o mitológicos.
En esta ocasión, la muestra está conformada por experimentaciones gráficas de los años 2003 al 2005; se encuentra en modalidad de expo-venta y pende a manera de testimonio gráfico que permite asimilar, en alguna medida, el crecimiento del artista en el abordaje de algunos temas que le han asediado desde el principio de su carrera. Si en alguna exhibición previa nos obligaba prácticamente, ante las embarazosas disyuntivas en las que fácilmente pudiéramos estar involucrados, a reflexionar sobre actitudes y acciones, sobre posturas y apatías, desde una posición abiertamente crítica, como la mayoría de su obra, ahora Lorenzo nos enfrenta, con un estilo ya reconocible, a su galería de personajes metamorfoseados, a su hombre-animal transfigurado, de naturaleza dual: víctima-victimario, criminal-enjuiciador, dominado-dominador. Con un discurso a veces irónico, a veces harto claro, nos involucra en escenas de la más pura cotidianeidad, a la que el ser humano se lanza diariamente, intentando en no pocas ocasiones hacer trascendente alguna que otra circunstancia o vivencia. El hombre del día a día, el que pleno de señales, símbolos diversos y signos que se amontonan y fluyen por doquier, se dispone a sembrar, a luchar, a trasladarse en espacios horizontales y verticales, adorando sus dioses y potenciando cualquier fuente interna que le facilite los frutos de la salvación. El ser humano de la fuerza y el arrojo, el del sacrificio, el de los ideales y también el de los desaciertos, los vicios y las bajas pasiones.
La obra de este artista es una eterna puesta en escena, en que los fotogramas se suceden concatenadamente, protagonizada por cuanta extraña fisonomía animal pueda adjudicársele al humano, por cuanta postura o actitud pueda asumirse en circunstancias múltiples. Y en esa interiorización de las posibles aristas desde las que puede enfocarse o cuestionarse cualquier asunto que implique al hombre, vuelve a mostrarnos su claro intento de dimensionar la propia naturaleza humana, de entenderla, de hallar claridad en el análisis causa-efecto, y de situarse conscientemente en las dimensiones del otro; no para provocar juicios paternalistas o por el contrario sentencias críticas, sino simplemente para recrear ciertas realidades desde su personalísima versión artístico-estético-conceptual.
Publicado en la revista de arte y literatura La Gaveta, Año VI, número 17, Mayo-Agosto del 2007.