

La edición de Juan José Lanz, Poesía (1979-1996) subraya la importancia que La caja de plata tiene en la bibliografía de Luis Alberto de Cuenca. Es una entrega novedosa, escindida del enfoque novísimo; inaugura un ciclo denominado en algún texto teórico “Línea clara”. El aserto procede del lenguaje habitual del comic, concretamente de los tebeos franceses y belgas de Hergé o Edgar P. Jacobs, según precisa el autor. Posteriormente, el rótulo se utilizará en La vida en llamas para la sección inicial; en ella, una poética de igual título arremete con ironía contra lo abstruso y la vaguedad mística, disfrazada de metafísica. Nos hallamos ante una lírica sustentada en el trazo limpio y en una aspiración clarificadora.
Frente al poema intertextual, atestado de citas, que se impuso en Elsinore y Los retratos, con “Amour fou”, primera composición de La caja de plata, el poeta intuye una nueva perspectiva en la que renuncia al sustrato metaliterario y además resitúa el concepto surrealista del amor loco. Los versos se escriben con un sentido más narrativo y un planteamiento estrófico de corte tradicional. Según Lanz, hay “una clara evolución desde una estética nocturnal hacia otra netamente matinal, diurnal o diurética”, aunque considera que este cambio no está exento de continuidad y coherencia. Esta línea continua también es defendida por Luis Muñoz en la compilación Doble filo.
Por tanto, en el recorrido de Luis Alberto de Cuenca, el tramo epifánico participaba de un contexto expresivo generacional, cuyos signos encauzó la antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles. Hay, después, una etapa de transición que sirve de enlace, representada por Scholia y Necrofilia. A partir de La caja de plata - que logró en 1986 el Premio de laCrítica e hizo quela poesía del madrileño se convirtiera en una referencia continua para los jóvenes- se establecen pautas que, poco a poco, llevan a El otro sueño. Este libro es casi una continuación natural del anterior, lo que justifica la reciente edición conjunta. Las referencias culturales cambian; se abre paso la mitología del cine americano y la ambientación de la novela negra. Los poemas hacen de la ciudad un espacio habitable en el que el yo lírico es cronista puntual. Una actitud irónica se pone en boca de la voz enunciativa; establece una media distancia para las circunstancias biográficas; el intimismo se vela y lo confesional es una ficción verosímil. La reflexión atenúa el tono solemne.
El tránsito hacia El hacha y la rosa y Por fuertes y fronteras evidencia un perfil común. Resalta en la temática urbana una localización geográfica concreta y un sujeto poético instalado en la normalidad; lo cotidiano es sustrato natural. Se constata además que no existe una argumentación unitaria; los poemas se encadenan cronológicamente y comparten características técnicas.
Poesía es una cala importante en la lírica de Luis Alberto de Cuenca que invita a descubrir libros posteriores y que puede complementarse con el conocimiento directo de otras facetas, como el ensayo y la investigación. En Luis Alberto de Cuenca el ejercicio literario es un todo orgánico en constante diálogo.
(El Bohodón, Ávila, 1956) Es profesor en el IES Duque de Rivas, en Rivas-Vaciamadrid, ciudad donde creó la revista Luna Llena y coordinó la revista gráfica y de textos Prima Littera durante una década. Ha dirigido el periódico Señales de humo y en la actualidad es subdirector de la colección de poesía Cinco estaciones. Su obra poética, formada por siete poemarios, ha recibido el Premio Luis Cernuda, el Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, o el Premio Hermanos Argensola. Por el conjunto de su obra recibió el Premio Espadaña. Colabora en diferentes periódicos con ensayos breves y colaboraciones críticas. Ha publicado también el diario Reencuentros, el libro de entrevistas Palabras adentro y Protagonistas y secundarios, un conjunto de estudios sobre poesía contemporánea. Ha preparado ediciones de Joan Margarit, Luis Felipe Comendador y Herme G. Donis.