

Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) es uno de los poetas más representativos de las últimas décadas. Su trayectoria resulta paradigmática en cuanto a la evolución seguida por la poesía española en los años ochenta, y su influencia en muchos autores posteriores ha sido, sin duda, considerable; según Carlos Marzal, es el autor «que desata un evidente cambio de rumbo en la poesía española que se escribe mayoritariamente desde 1983 u 84». De ahí la importancia de una edición como la de Poesía 1979-1996, en una colección tan emblemática y consagradora como Letras Hispánicas (Cátedra, Madrid, 2006), rigurosamente preparada por Juan José Lanz. En ella se recogen, íntegramente, las versiones últimas de los cuatro libros fundamentales del autor, esos que constituyen el núcleo o ciclo central de su obra, esto es: La caja de plata (1985), El otro sueño (1987), El hacha y la rosa (1993) y Por fuertes y fronteras (1996).
De Cuenca se había dado a conocer en la antología colectiva Espejo del amor y de la muerte (1971), al cuidado de Antonio Prieto. Ese mismo año publica su primer libro, Los retratos, y, al siguiente, Elsinore. En esta primera etapa, su poesía conecta claramente con la vertiente más culturalista de su generación, la del 68 o de los novísimos. Tras un período de silencio, aparece Scholia (1978), donde ya se apuntan algunos de los rasgos de su futura poética, por lo que bien puede considerarse un libro de transición. Esto hace que, en su trayectoria, no pueda hablarse de ruptura con la escritura anterior, sino de evolución dentro de una cierta continuidad. El cuadernillo Necrofilia (1983) supondrá luego el primer arranque o manifestación de su nueva estética, que cuajará, de forma definitiva, en La caja de plata (1985), compuesto por poemas escritos entre 1979 y 1983.
Se trata, según ha visto Juan José Lanz, del paso de una estética nocturnal a otra diurnal, de la oscuridad a la claridad expositiva, la narratividad y el registro coloquial, de las formas y estructuras abiertas a las cerradas y ordenadas, de los escenarios cultos a los ámbitos urbanos, junto a otros rasgos, como el laconismo epigramático, el hiperrealismo, la ironía o la elevación de lo anecdótico a categoría mítica y su reverso, la encarnación del mito en la cotidianidad. De todo ello es bien sintomático el título de la tercera sección del libro: «La brisa de la calle». Pero la visión del mundo subyacente (la constatación de la escisión o disolución del sujeto moderno, la añoranza de un orden perdido…) sigue siendo básicamente la misma, lo que cambia es la óptica o la perspectiva, como fruto -entendemos- de la madurez y del paso del tiempo. El resultado es un poemario que abre caminos nuevos en la poesía finisecular. No es de extrañar, por tanto, que La caja de plata fuera galardonado con el Premio de la Crítica y acabara convirtiéndose en un «acontecimiento literario» y en un hito en la poesía de los ochenta.
Como muy bien dice su autor, El otro sueño es un libro «gemelo» del anterior; con él comparte numerosos aspectos, personajes y referencias, lo que contribuye a consolidar su poética. El otro sueño, nos dice Lanz en su Introducción, «es aquel que sueña imponer un orden, aunque sea onírico, al caos de la existencia, vivida como sueño». El hacha y la rosa es una obra más heterogénea; ya desde el título, presenta una estructura dual y dialéctica, como reflejo de una realidad escindida que el sujeto poético no consigue reintegrar, lo que explica su escepticismo y su tono melancólico. Por fuertes y fronteras es, de nuevo, un libro muy orgánico, con un claro desarrollo narrativo -estamos ante un «recorrido espiritual»- y una estructura circular, presidida por una mirada desengañada y elegíaca.
En la primera parte de su extensa y documentada Introducción, Juan José Lanz pasa revista a los cambios operados en la estética del autor, a través del estudio de sus declaraciones y poéticas, algo que, en este caso, tiene gran interés, puesto que nos encontramos ante uno de los poetas más lúcidos y conscientes de su generación; de hecho, algunas de sus formulaciones -como la de poesía de «línea clara»- han servido para caracterizar no sólo su propia obra, sino también algunas corrientes posteriores, que tienen a Luis Alberto de Cuenca como uno de sus principales referentes. Pero el grueso de su trabajo -que se completa con las abundantes notas a los textos- lo dedica a analizar de forma minuciosa e interpretar en toda su complejidad los cuatro libros aquí editados, poniendo de relieve no sólo su importancia histórica y su valor estético, sino también su vigencia y su profunda dimensión ética. He aquí, pues, una edición modélica de cuatro libros que ya han superado la primera prueba del tiempo.
(Zamora, 1960) es Profesor Titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca. Es Doctor en Filología Hispánica y Experto en Guión de Ficción para Televisión y Cine. Ha publicado numerosos artículos y varios libros de ensayo sobre literatura y preparado antologías y ediciones de grandes poetas españoles. Entre otros, ha recibido el Premio Fray Luis de León de Ensayo en 1999. Es crítico de poesía del suplemento ABCD las Artes y las Letras. Es autor de los libros de relatos Oposiciones a la Morgue y otros ajustes de cuentas (1995) y Muertos S.A. (2005). Sus cuentos han sido traducidos a varias lenguas y figuran en diversas antologías. Acaba de publicar, con gran éxito de público y crítica, su primera novela, El manuscrito de piedra (Alfaguara, 2008), protagonizada por Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, y situada en Salamanca a finales del siglo XV. De esta novela han aparecido ya cuatro ediciones, y ha sido finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León.