

Imágenes, imágenes, imágenes.
L. A. de Cuenca
Luis Alberto de Cuenca ocupa un lugar singular en la poesía española, que seguramente es en realidad la suma de dos lugares: es el poeta donde el culturalismo ha encontrado su punto más álgido, con referencias más rebuscadas y eruditas, y es también y al mismo tiempo el poeta donde la cultura popular ha encontrado asiento un asiento más pertinente. En sus textos, sin solución de continuidad, podemos encontrar citados a Gilgamesh y a Judy Garland; al Porfirogéneta y a las novias reales del vate, a los héroes homéricos y a los televisivos. No es casual que, ya en uno de sus primeros libros, Elsinore (1970), aparezca la referencia al mismo icono popular que usara en sus pinturas Salvador Dalí o que apareciera en la portada del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) de los Beatles: Mae West. El latín y el latón, los candiles y las candilejas, los eones y los neones se ayuntan en una poesía libérrima, promiscua, que a su manera intenta no dejar fuera ninguna de las referencias caras para el autor y considerados por este como imprescindibles.
De Cuenca es un autor forjado en el mito. De hecho, en 1976 publica su ensayo Necesidad del mito, donde repasa la historia mítica desde el Gilgamesh hasta la mitología marxista, intentando leer el continuo mítico. En algún lugar ha dicho que “son absurdos e inútiles los esfuerzos de la razón por eliminar el mito, entre otras cosas porque el mito está en la base de las especulaciones de la razón y porque la razón pura y dura, sin el hálito vital que le transfiere el mito, es completamente estéril”1. Este gran conocedor de los mitos grecolatinos (no en vano fue traductor de La metamorfosis de Ovidio, por ejemplo), ha intentado rejuvenecer a los mitos clásicos, tratándolos como si fueran personajes actuales (algo en lo que ha coincidido con poetas de edad similar, como Pedro J. de la Peña o Pedro Rodríguez Pacheco). Si es cierto que el mito es una metahistoria y una pregunta constante por la actualidad de sus tipologías2, no cabe duda de que de Cuenca es de los autores que más se han ocupado en la poesía española contemporánea de actualizarlos: en “Nausícaa” (incluido en El hacha y la rosa, 1993), presenta al personaje homérico en un ambiente que podría responder por igual a una corte del Mediterráneo antiguo o a una cachupinada en una playa gaditana de hogaño. En “Helena: palinodia”, la representación de Paris es la que sigue: “no te fuiste / precipitadamente de la fiesta / de nuestro aniversario, con los ojos / clavados en el bulto que emergía / de entre sus piernas, y con las narices / saturadas de droga”3. Quizá en esta desacralización del mito, en esta despoblación de sus resonancias de alta cultura4, encontremos uno de los mecanismos de oposición más hábil planteados por de Cuenca a la hora de distanciarse del férreo y alto culturalismo de los novísimos, la promoción poética anterior en cuyos límites emergió de Cuenca para luego distanciarse.
Dentro de esas interesantes mixturas altibajo-culturales de L.A. de Cuenca, una de las más significativas sea, quizá, la que el autor tiene con los cómics. Gran lector y reseñista del género, ha luchado durante años por revalorar el cómic y situarlo en el lugar que, a su juicio, le corresponde. En numerosos artículos se ha referido al tebeo como un arte a la altura de la literatura o el cine (siendo director de la Biblioteca Nacional española organizó, en 1997, una exposición titulada Cómic, el noveno arte), o como otra forma de hacer literatura:
Las relaciones entre literatura y cómic han sido ejemplares desde el principio. Entre otras razones, porque los cómics son, también, literatura sin dejar de ser arte. Literatura en imágenes, “arte secuencial” (como la definiera el maestro Will Eisner), la historieta aspira, como su propio nombre indica, a contar una historia, aunque sea pequeña, de la misma manera que el cine comme il faut, o sea, el norteamericano, ha aspirado siempre a contar historias y no a lanzar mensajes subliminales y tediosos a los “intelectuales” de turno.5
También en Elsinore aparece su primera mención al cómic y a los superhéroes, en concreto a Flash Gordon6; en el mismo poemario se referirá más adelante a Roberto Alcázar, el detective español de tebeo. En La caja de plata (1985) podemos leer en “Isabel” que en la casa de una suicida “sigue abierto un tebeo de Conan por la página / en que matan a Bélit, y otro de Gwendoline / con manchas de carmín en las dulces heridas”7. En el siguiente libro, El otro sueño (1987), regresa a Conan para dedicarle un poema a “Sonja la roja”, rival del héroe nórdico que entre 1970 y 1993 protagonizara una de las series de héroes más populares de la Marvel, a manos de Roy Thomas y Barry Smith. En su poemario Sin miedo ni esperanza (2002), corona su canto de amor al género:
TEBEOS
Los Karzenjammer Kids, Popeye, Blondie,
Little Nemo, Flash Gordon y Li’l Abner,
Mandrake, Daredevil y Prince Valiant,
Dick Tracy, Spiderman y Silver Surfer,
los Vengadores y esa Cosa tierna
y acorazada de ojos azulísimos
(me refiero a Ben Grimm),
sin olvidar una novela gráfica
del Ivanhoe de Scott,
¿qué haría sin vosotros?
¿Buscaría el amor?, ¿pelearía
con una espada por un territorio?,
¿marcaría ganado en las praderas
infinitas del Middle West?,
¿navegaría bajo las estrellas
con una Jolly Roger ondeando
en el palo mayor de mi navío?...
¿Qué haría yo sin mis tebeos?8
En la mayoría de las menciones, Luis Alberto de Cuenca deja caer a que parte de estas lecturas de cómic, como por ejemplo las de Little Nemo, son parte de su infancia, quizá la parte de su infancia que con más agrado recuerda. Y esta incardinación de lo infantil en la edad adulta es una constante, en realidad, de la lectura de cómics. A este respecto ha escrito Eloy Fernández Porta que “de ahí la paradoja del cómic para adultos, cuya lectura suele estar basada en una compleja serie de saltos desde una posición de crítica cultural hasta otra de goce infantil, y de ahí a ocasionales asunciones masoquistas: es una posición inevitable que no todos los lectores llegan a entender”9. En Luis Alberto de Cuenca ese salto se ha producido de una manera feliz, engastando la piedra preciosa del cómic infantil con las del cómic adulto dentro del collar mayor de la cultura, entendida de un modo posmoderno, sin separar alta y baja cultura. En ese proceso, luego generalizado, Luis Alberto de Cuenca es un precursor en la poesía española de finales del XX, y sería mezquino o grosero no reconocerlo.
Notas del artículo:
1.- L. A. de Cuenca, “Mito y poesía: alrededor de La Odisea”, conferencia pronunciada en Bilbao, 17/04/2000, accesible en http://servicios.elcorreodigital.com/auladecultura/luisalbertodecuenca1.html
2.- “El modo en que actúa el mito, se actualiza, es a través del rito. Es la repetición continuada que lo hace presente. Es el modo como el mito irrumpe en la historia desde otro tiempo, intemporal, el de la metahistoria. Cada época tiene su propia manera de oficiar esos ritos hermenéuticos en los que la tradición se hace presente, en que somos tradición de nosotros mismos. Para ello tiene una llave, y ésa es siempre la pregunta: ¿Qué tiene esto que ver con nosotros hoy?”; José Luis Molinuevo, Humanismo y nuevas tecnologías; Alianza, Madrid, 2004, p. 21.
3.- L. A. de Cuenca, “Helena: palinodia”, El hacha y la rosa; Renacimiento, Sevilla, 1993, p. 71.
4.- Cf. T. Malagrida, “Despoblar el mito”, Ré-Gaceta de creación nietzscheana, nº 3.
5.- L. A. de Cuenca, “Cómics y literatura”, http://labibliotecadelnautilus.wordpress.com/2009/01/17/comic-y-literatura-luis-alberto-de-cuenca/
6.- “Pero su pecho es una flauta, un be bop de azucenas, un laberinto de marfil, una película de Flash Gordon”; L. A. de Cuenca, “L.W.J.”, Poesía 1970-1989; Renacimiento, Sevilla, 1990, p. 32.
7.- L. A. de Cuenca, “Isabel”, Poesía 1970-1989; op. cit., p. 136.
8.- L. A. de Cuenca, Sin miedo ni esperanza; Visor, Madrid, 2002, p. 19.
9.- Eloy Fernández Porta, Homo sampler. Tiempo y consumo en la Era Afterpop; Anagrama, Barcelona, 2008, p. 172.
(Córdoba, 1970) Es escritor, gestor cultural y crítico literario. En la actualidad dirige el Centro del Instituto Cervantes en Albuquerque (New Mexico, USA). Sus últimos libros son la novela Circular 07. Las afueras (Berenice, 2007), el poemario Construcción (Pre-Textos, 2005) yel ensayo Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura (I Premio Málaga de Ensayo, Páginas de Espuma, 2008). Este año aparecerá el libro de poemas Tiempo (Pre-Textos). Su trabajo de crítica cultural puede encontrarse en http://vicenteluismora.blogspot.com.