OtroLunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Junio 2009. Antilde;o tres. Número ocho

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Datos de la revista, junio 2009, año 3, número 08
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Esbozo de Luis Alberto

 

Eloy Sánchez Rosillo

Hacer un dibujo contrastado -con sus líneas de luz y sus trazos de sombra- de Luis Alberto de Cuenca resulta tarea imposible para quienes no pertenecemos al círculo primero de la intimidad del poeta, o sea, para casi todo el mundo. Se me podrá decir que eso, en términos absolutos, pasa con él y pasa con cualquiera. Sí, sí, pero con el amigo Luis Alberto ocurre más que con nadie. La mayoría de los seres humanos, aunque intentemos evitarlo (salvo los muy exhibicionistas), nos revelamos en lo bueno y en lo malo a los ojos del prójimo no sólo por lo que de modo consciente hacemos y decimos, sino aún más por nuestros gestos imprevistos, por ciertos deslices verbales y actitudes involuntarias. A Luis Alberto no se le puede incluir de ninguna manera en esa mayoría. Posee un envidiable y muy controlado carácter compuesto de elementos apolíneos y joviales -Apolo y Jove nada menos-, fruto de la propia naturaleza y de una refinada educación, y no resulta nunca posible pillarlo en un renuncio. He coincidido con él muchas veces, en muchos sitios, a lo largo de muchos años, y lo tengo por un buen amigo. Pues bien, en las más variadas ocasiones y circunstancias siempre lo he visto mostrarse idéntico: cordialísimo, simpático, sereno, sin recovecos extraños, incómodas esquinas ni secretas galerías. Este don de saber mostrar invariablemente en sociedad sólo el lado mejor, evitándole a los otros nuestras oscuridades y neuras (que Luis Alberto sin duda tiene también, como cada hijo de vecino), es una bendición para las relaciones sociales, y ahí creo yo que reside el secreto de la firme unanimidad establecida en torno a la figura de nuestro poeta: todo el mundo opina que es hombre con el que da gusto tratar.

Al agrado general que concita la manera de ser de Luis Alberto de Cuenca contribuye también no poco su aspecto personal, elegante y desenfadado a un tiempo: elegante de cintura para arriba (chaquetas de buen corte, camisas buenas y alegres corbatas de seda); informal de cintura para abajo (infaltable pantalón vaquero y zapatos cómodos de esos que ahora llaman casuales). No hay en el porte de este hombre excesos ni atildamientos, pero tampoco ningún descuido. Muy característico asimismo de su imagen -sobre un rostro de frente despejada, facciones regulares y sonrisa pronta- es ese pelo suyo, ahora entrecano, siempre muy bien planchado hacia atrás con la ayuda de algún fijador. No creeré nunca a nadie que diga haberlo visto despeinado, por más que afirme que tal insólito hecho ocurrió en día muy revuelto y con un viento de mil demonios.

Todo el mundo sabe que Luis Alberto ha compatibilizado durante bastantes años su actividad poética e intelectual con el desempeño de muy importantes cargos en la administración pública y en la política. He de decir enseguida, porque es muy justo hacerlo, que ninguno de tales cargos ha podido con él. La percepción que he tenido del poeta cuando éste atravesaba las procelosas aguas de los altos empleos ha sido la imperturbable imagen amable, sonriente y cercana del Luis Alberto de siempre. El revestimiento solemne o la falsa naturalidad evidentísima con que tantos se muestran durante su tránsito por los puestos de mando no le afectaron nunca. Y por fortuna el desarrollo de su obra poética durante los años entregados al trabajo político ni se detuvo ni se resintió. Por lo que yo sé, y por lo que muchos me han referido, no utilizó el poder de manera sectaria. Logró pasar por la política sin que ésta produjera en su impecable aspecto feas ni deshonrosas salpicaduras (lo cual, en España, raya en la extravagancia).

Como poeta es, por el tono de sus composiciones y por el tratamiento de sus temas, uno de los más singulares de la generación a la que tanto él como yo pertenecemos. Tras los juveniles excesos culturalistas de las primeras publicaciones, vino a desembocar su poesía en La caja de plata (1985), libro en el que alcanza la madurez y que supone un giro importantísimo en su trayectoria. Ante todo, Luis Alberto de Cuenca se decanta a partir de ahora por un lenguaje poético transparente, coloquial, cotidiano y de fácil acceso para el lector (aunque las referencias culturales de todo tipo continúen estando siempre muy presentes). Se trata de la famosa “línea clara”, de la que el autor ha hablado tantas veces. El humor, además, habrá de ser en adelante elemento fundamental de su obra. Es éste un ingrediente a primera vista antipoético, más propio en apariencia de la poesía festiva o satírica que de la estricta poesía lírica, siempre tan sería y grave por estos rumbos. Con la incorporación del humor consigue Luis Alberto una poesía chispeante, vital, inteligente y amena, que sabe dibujar la sonrisa y hasta la risa en el rostro del lector. Baste recordar a este respecto, entre tantos otros, poemas como “La malcasada” o “Bébetela”, de una gracia y una efectividad antológicas. Pero la obra madura del poeta madrileño no sólo se mueve en ese deliberado registro ligero y frívolo; composiciones como “Nausícaa”, “En la tumba de Joker” o “El cuarto oscuro” demuestran que también es capaz de hondura y emoción en poemas sencillamente inolvidables.


Eloy Sánchez Rosillo

(Murcia, 1948) Obtuvo el Premio Adonais de 1977 con su libro Maneras de estar solo (Ediciones Rialp, Madrid, 1978), que lo dio a conocer como poeta. Ha publicado posteriormente otros seis libros de poemas: Páginas de un diario (El Bardo, Barcelona, 1981), Elegías (Trieste, Madrid, 1984), Autorretratos (Ediciones Península/Edicions 62, Barcelona, 1989), La vida (Tusquets Editores, Barcelona, 1996), La certeza (Tusquets Editores, Barcelona, 2005), al que se le concedió el Premio Nacional de la Crítica, y Oír la luz (Tusquets Editores, Barcelona, 2008). Su poesía completa ha sido publicada hasta la fecha en tres ocasiones: Las cosas como fueron (1974-1988), recopilación de los cuatro primeros libros del autor, con numerosas correcciones (Editorial Comares-La Veleta, Granada, 1992; segunda edición, revisada, 1995) y Las cosas como fueron (Poesía completa, 1974-2003), que recoge todos los títulos de Sánchez Rosillo (excepto La certeza), con nuevas correcciones y algunos poemas inéditos (Tusquets Editores, Barcelona, 2004). Hay también una antología de su obra, Confidencias, con prólogo y selección de Andrés Trapiello (Editorial Renacimiento, Sevilla, 2006), editada posteriormente en México con variaciones y bajo el título de El manantial del tiempo (Universidad de las Américas, Puebla, 2007).  Es profesor de literatura española en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia.

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Luis Alberto de Cuenca - Retrato

Fernando Vicente

Sumario

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Sin miedo: Poesía visual y poética textual en No tengas miedo Lulú y otros poemas

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Mestizo pese a todo

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Jorge Luis Borges y el otro imaginario

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El legado del ingenio azucarero en Cuba

Narciso J. Hidalgo Ph.D

Política y religión en Cuba a inicios del siglo XXI

Leonel A. de la Cuesta

Arte o barbarie

Luis Martínez- Falero

Cuando ya no importe, porque es eterno

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Cuba 2009:Reflexiones en torno a los 50 años de la Revolución de Castro

Cuba 2009 - Reflexiones iniciales

Andrzej Dembicz

Percepción cambiante de la (r)evolución cubana

Andrzej Dembicz

La Revolución Cubana explicada a los taxistas (fragmentos)

José Manuel Prieto

Despojos de lo soviético en Cuba: La estética del adiós

Jacqueline Loss

¿Literatura o revolución? Julio Cortázar y Alejo Carpentier ante la revolución cubana

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Cuba: de la reconversión comercial al nacimiento de la fuga

Ladislao Aguado

La diáspora cubana desde una perspectiva transnacional

Jorge Duany

La Nueva Administración en EE.UU., posibilidades de cambio de su política hacia Cuba

Joseph Tulchin

Unos escriben

Luis Alberto de Cuenca

Otros miran

José Luis Lorenzo Díaz (Lorenzo)

OtroLunes conversa

con Roberto Ampuero

“Hay distintas formas de ser latinoamericano”

con Jorge Majfud

“Todo gobierno es un mal necesario”

con Ángela Toro

Ángela Toro. En busca de una imagen

Punto de mira

La literatura de tema lésbico escrita por mujeres

Fuera del clóset

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A debate

Mabel Cuesta, Gisela Kozak e Isabel Franc

Botón de muestra

Amanda Castro, Rosamaría Roffiel, Damaris Calderón, Alina Galliano, Maya Islas y Dinapiera di Donato

Cuarto de visita

“La fama literaria casi no es fama”

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Ahogado

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Espejo de tres cuerpos

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Anatomía de un instante

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Cómo matar a un poeta

Manuel Jurado López

Hambre de forma (Antología poética bilingüe)

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Tigre Manjatan

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El viajero del siglo

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Espejo de tres cuerpos

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