

La primera vez que vi a Luis Alberto de Cuenca, fue en la sala general de la Biblioteca Nacional de Madrid, de la que era director. Iba acompañado de alguien que yo no reconocí; en cambio, sí lo era el entusiasmo que Luis Alberto exhibía al mostrar aquella hermosa sala de lectura. Luego volví a ver su figura montarse en el coche oficial en varias ocasiones. Por aquel entonces, yo iba a la Biblioteca Nacional por el puro deleite de escribir allí mis novelas, y me congratulaba saber que el autor de La Caja de Plata (Premio de la Crítica de 1985) y “El otro sueño” dirigía el mayor santuario de libros de nuestro país. Si menciono estos títulos de Luis Alberto de Cuenca y no otros es porque sendas obras se convirtieron para mí en reveladoras de algo que, por aquel entonces parecía imposible: que la poesía, desvestida de esa carga de profundidad que es la política, pudiera volver a ser poesía, ni más ni menos. Luego Luis Alberto fue nombrado Secretario de Estado de Cultura, labor que, para los que seguíamos encerrados escribiendo en la Biblioteca Nacional, ejerció de manera admirable. La razón de su buen hacer es bien sencilla: Luis Alberto no es un político, sino un hombre de la cultura, o casi sería más apropiado decir que entregado a ella. En 2006, con motivo de la publicación de mi primera novela para adultos, conocí por fin a Luís Alberto, quien se prestó amablemente a presentarla. Fue en la Fnac y él mismo se dirigió a mí con la naturalidad de quien ha pasado un millón de veces por el mismo trance. Luego comimos con las editoras y con Alicia, su mujer, y descubrí una nueva faceta de Luis Alberto: la de magnífico y ameno conversador. Pero aún hice otro descubrimiento más importante: detrás de Luis Albeto de Cuenca se esconde un gran curioso, una persona a la que cualquier manifestación artística le produce un inmenso gozo vital. De ahí sus devaneos como letrista, como gran conocedor del mundo de cómic o como crítico de cine. A aquella presentación le siguió una reseña en ABC. Él no lo sabe, pero aquellas amables palabras suyas ayudaron a que la novela acabara publicándose en veintitrés países y, lo más curioso, que alguno de los párrafos por él escritos fueran empleados como reclamo publicitario por mis editores extranjeros. Ahora, cada vez que viajo al extranjero para promocionar esta novela, siempre tengo presente a Luis Alberto de Cuenca, pues allí donde voy me veo su nombre unido al mío en el mismo libro. Todo un honor para mí.
El currículum de Luis Alberto como creador, investigador y servidor público, es directamente proporcional a la grandeza de su persona y, sobre todo, a su proverbial generosidad. Por cierto, Luis Alberto acaba de obtener el Premio de Poesía Manuel Alcántara, que se concede en mi ciudad, Málaga, y que es el de mayor dotación económica para un solo poema. ¡Enhorabuena!
Licenciado en Historia Moderna, trabajó en la editorial Cirene, de la que fue fundador. Ha sido gerente de una empresa de teléfonos y actor en sus ratos libres. En 1980 estudia cine en el taller de Artes Imaginarias y se aficiona a la fotografía. En 1985 ordena y cataloga parte de la biblioteca del Museo Arqueológico Municipal. En 1990 trabaja como documentalista en un proyecto de reconstrucción de la fortificación de Melilla, bajo la dirección del arquitecto Javier Vellés. En 1984 se licenció en Historia Moderna por la Universidad Complutense de Madrid. En 1989 fundó la Editorial Cirene. Se inició escribiendo ensayos históricos, como Historias de las Grandes Fortunas de España o Amores y desamores de Felipe II, y en 1995 comenzó a escribir novelas juveniles y cuentos para niños. Desde entonces ha publicado una docena de títulos, entre los que destacan La momia que me amó, Continúan los crímenes en Roma, Roma no paga traidores, El cielo encendido y otros misterios, El último crimen de Pompeya y El misterio de la habitación cerrada. En 2003 obtuvo la beca Valle-Inclán de la Real Academia de España en Roma. Su obra El mapa del creador, ha sido publicada en diversos países, entre ellos: EE.UU., Gran Bretaña, Noruega, Alemania, Holanda. Recibe, en el año 2008, el XIII premio de novela Fernando Lara por su obra El judío de Shanghai. Editada por Grupo Planeta.