

Años atrás abrimos una caja
de plata que encerraba extraños seres:
un látigo de hielo, algunos bucles,
un puñal junto al Támesis, palabras
de doble filo, el agua, toda el agua,
los mastines del odio, el abanico...
Debajo, al lado, en un armario acaso,
un vestido amarillo, y en la arena
sangre y perfume; al borde del lavabo
una brocha insidiosa; tras la puerta,
una mirada o ropa interior verde;
cartuchos, un cadáver en el baño,
déjame ser feliz ahora que beso.
Por el este la plata da a la calle:
tal vez la gabardina y el sombrero
proyectan sombra, o sueño de una sombra;
apócrifa o real, condona deudas,
como el rojo estrellero finge el alba;
hay lugar para todo: desembarcos,
huidas, perlas tristes, papelinas,
la daga del ingenio, las excusas,
extractos de tragedia, barras rojas,
una escoba galáctica, las venas
surcadas de ponzoña y pesadillas,
la piel de tigre de un impermeable,
la fe en el disparate, y sobre todo
esa envidiable ciencia de las manos.
Otros seres encierra el otro sueño,
o los mismos quizá, nunca se sabe:
la estela de una fuga, cuando el alba
baña de palidez la fugitiva,
ojivas y misiles salpicados
de seda oscura, yelmos relucientes,
un ejemplo de subliteratura.
Convocados están Sonia la Roja,
un chapero sin nombre, Rita ausente,
la malcasada, aquel perro alistado
a la legión helada de las sombras,
las torres sobre roca que forjaron
los sosegados héroes de Europa.
Las mañanas triunfantes nos ofrecen
los dedos de la aurora, que acarician
el patio de un benévolo teatro,
los contrarios por fin inconciliables,
el sol, las perversiones, la semana.
Ved las viñetas: contemplad la lágrima
que ha llegado rodando de la Edda,
los ojos de Teodora, el espatario,
un aroma lejano, el crucifijo
hecho montante en manos de cruzados,
un lugar triste y pobre, soleares,
el monstruo favorito, los ayunos
de roscas o la casa desolada;
y, antes de las trompetas, el embrujo
de un Castro que arruinó entre sus morrillos
el sabor del cocido maragato.
¿Cómo casar el hacha con la rosa?
La Diosa Blanca con su sombra leve,
disuelta en chicas, Venus y divanes,
cubre los adoquines de aquel barrio.
Un álbum de recortes empareja
misántropos e imbéciles, amigos
y puñales, olvidos y espejismos,
desengaños y amores espectrales.
Recordemos el polvo de las eras
y las nieves de antaño, la visita
descalza, los amores imposibles,
la evocación de cierto alejandrino.
No olvidaré el perfil de los Marcelos,
ni el de Walpole o Beckford, ni el de Helena,
y menos, entre todos los posibles,
el de la dulce, musical Nausica.
Si no pasas por fuertes y fronteras
no verás el confín del universo.
Entre todas las chicas que lo pueblan,
dejadme que prefiera a las que arguyen
al propio Hammurabi, a aquella musa
que acepta un par de copas y un mordisco
diminuto en el cuello, la que ofrece
curvas de Dánae en el Adeene,
y la virgen que no espera a mañana
para arrancar las rosas una a una
o mil a mil) desaforadamente.
Versos a quemarropa, voces góticas,
la triste realidad tras la nublada
noche de paraíso y los zapatos
de cristal pateándote la espalda
-la otra realidad no es de este mundo-,
el náufrago mensaje, el bronce viejo,
un pétalo reseco en algún libro
-tal vez el de las novias que pasaron-,
los ocasos, Heráclito y sus ríos,
equilibrados con Virgilio o Valle,
las líneas nunca escritas y otras flores
azules. Hay dragones y princesas,
ramas de oro, proverbios y misterios
que no denostaré. Cierro la Biblia,
mientras en otro libro nos visitan
insomnios y regresos, que a la lengua
catalana propuso Parcerisas.
28 de mayo de 2009
Ex director de Infantil y Juvenil en Anaya; ex director de Cátedra; ex filólogo; Premio Nacional de LIJ por Días de Reyes Magos...; Y, como solía decir en un CV de arquitectura poco usada, “coqueteos permanentes con la literatura quedaron atestiguados en cuentos y relatos dispersos, alguna obra de teatro inédita, ciertos endecasílabos. Unos Apócrifos del Libro lo confirman. Hace tres años recibió el XV Premio Glauka, que da la Asociación de lectoras de la Biblioteca de Cuenca, premio que, por ser de pura devoción y sin dotación alguna, es el más estimado. No sabríamos decir si es un buen lector, pero, lo mismo que de Borges, podría aventurarse que es un lector agradecido”.