

Luis Alberto de Cuenca es ya Patrimonio de las Letras Españolas. Nadie puede ser escritor, buen escritor, sin partir del conocimiento, de la cultura previa. Para poder mirar y traducir esa mirada al papel, o al espacio electrónico en el que también ahora nos movemos, hay que conocer el lenguaje, dominarlo en la expresión, cuidarlo en la confluencia. Eso lo hace como nadie este extraordinario escritor, de larga y siempre nueva andadura. Desde su sorprendente aparición en la que la crítica observó al poeta que enlazaba ruptura temática y referencias a los clásicos, hasta sus últimos escritos, capaces de taladrar la serenidad del discurso, y en los que las sensaciones discurren con fluidez y sencillez, a la vez que ofrecen una mágica complejidad en las sugerencias.
Es exacta y armónica la poesía de Luis Alberto de Cuenca. También llena de intenciones secretas. En ella la oscuridad se une a la luz en ese lenguaje, donde todo lo oculto trasciende más allá del misterio. Luis Alberto cambia de contenido y forma. Y siempre, como en las películas de su amado John Ford, su obra, que a veces también es juego e ironía, va más allá, está en la frontera. En esa idea, tan querida por él, de que sin la buena arquitectura de la palabra el poeta no existe, quiero que compartamos este poema.
El lenguaje
a L.A. de Cuenca.
Y así vamos.
Caminando.
Tratando de dejar
piedra en la piedra.
Escribiendo
un único poema colectivo,
infinito y eterno.
Ese poema es la Palabra.
La Palabra, que es todas las palabras.
El instrumento al servicio de la idea.
Que es la misma Idea.
¡Oh, poderoso lenguaje,
tu eres el Creador!
Pues, desde el miedo
y la necesidad,
creaste la conciencia.
Sin ti no hay referencia de lo Humano.
Sin ti tan sólo somos una mísera especie.
Tan extraña como las otras.
Tan animal como el nombre que les damos.
Es nuestra la Palabra.
Es de todos.
En el idioma de cada territorio.
En la forma de cada época.
Nadie puede adueñarse de su uso.
Aunque seamos nosotros,
los arrogantes esclavos de la vanidad,
los que le confiramos su valor.
El mamífero herido
por el rayo de Luz.
El ser que habla.
Capaz de crear con Ella.
De pensar.
De vivir.
De soñar.
Y que, en su pretensión de Eternidad,
desea ser habitado por su propio instrumento.
Y la guarda en sus códigos.
Para que el tiempo no le destruya.
Escritor. Crítico literario y cinematográfico. Ha escrito y publicado más de una decena de libros de poesía, filosofía y narrativa, entre ellos, Porlock, Compás de Espera, Diseño de la Noche, Navegación del Vacío, Anamarel, Diario Despertar, Destinos y Caballeros y Tomo Secreto. Profesor de Español en Tiverton y Crediton (Inglaterra) durante dos años, articulista, conferenciante y viajero por todo el mundo, actualmente vive en Madrid y es Vicesecretario de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y Director de su Departamento de Publicaciones.