

Javier Vázquez Losada me han pedido que escriba algo para un dossier literario sobre la poesía de Luis Alberto de Cuenca. Soy desmemoriada, pero creo que nunca nos hemos emborrachado juntos (Luis Alberto y yo), sin embargo, existen las palabras que han ido transitando del uno al otro, entrando en las cuevas más recónditas, haciéndonos íntimos en esta ciudad hueca y adorable. Perdona la confianza.
Es de mañana, hoy se anuncia un calor desesperante, ya he sacudido el amor de entre las sábanas, he regado mis verduras y ahora “…Voy a empezar contigo el desayuno”. Frente a la biblioteca busco tus libros y aquí están, naturalmente desordenados, entre mi favorito de Szymborska y un autor desconocido. Leo y regreso a sus títulos: Su nombre era el de todas las mujeres y Los mundos y los días. Hace tiempo que no me alimento con tus poemas pero recuerdo el sabor que dejan, ese agridulce del amor más próximo, esa familiaridad de la piel y de las perdidas. Elijo el primero “y nos besamos como en las películas, /y nos quisimos como en las canciones”. Todo parece tan fácil en este estado que olvidamos la fragilidad de los encuentros, esa forma de borrarse que tiene la alegría.
Sigo y voy encontrando mujeres licuadas, delirio de sombras, vestidos que se abren y caen, navajas de afeitar, ginebra, bosques, complicidad, perfume y risa. También hay trozos de barco, restos del amor y sus naufragios que a todos nos conciernen.
Ahora abro al azar y me detengo en “… el bikini/ amarillo, comido por las moscar,/ que tanto me gustaba, no se hable/más: se viene conmigo, a mi museo/de residuos, junto al esparadrapo/que te puse en la boca aquella vez/en que decías la verdad,…” La forma de las palabras, la alquimia del sonido, el campo de significaciones tienen energía propia. Y aquí estoy yo, emocionándome. Lo leo en voz alta para que me llegue desde lejos. Repito la operación una, dos, tres veces. Respiro. El poema contiene su propio silencio.
Soy un animal lento y este desayuno se prolonga un par de días. Mientras una lluvia generosa ha limpiado locuras y rincones, yo he buscado la forma de cerrar este texto. Anoche acudí a la invitación de José Luis Gallero amigo, poeta, editor y sabio. Después de los abrazos y del vino me regaló lo último editado por Árdora, Heráclito: fragmentos e interpretaciones. ¿Cómo no creer en la sincronicidad, si cuando abro el libro descubro un texto escrito por ti?
Yo que te había dejado en casa para luego, te encuentro en la fiesta, junto a la gente que quiero y hablando de Heráclito; este viejo cómplice que siempre va conmigo. Leo tus certeras palabras sobre el pensamiento del filósofo: …el corpus de fragmentos que ha llegado a nosotros funciona como un faro que ilumina nuestra mente e infunde en ella una extraña sabiduría, pues se parece más a la duda que a la incertidumbre, a la perplejidad que a la fe, y nos deja gloriosamente deshabitados…
Deshabitados, así me gusta vernos, expuestos a la fragilidad… “Somos bien poca cosa”, dice Octavio Paz sólo “somos un signo que alguien hace a alguien”. Pareciera que nos vamos escribiendo mutuamente, como si dejáramos la huella de nuestra mano pintada sobre el cielo raso y profundo de la vida… Mano que conoce los pliegues de este extraño placer de ser demasiado humanos.
Poeta. Tiene publicados los siguientes libros: Contactos, de poesía (Arnao Ediciones), Pintura sobre Agua, de relatos (Exadra de Ediciones) y Crónicas de Olvido, de poesía (Editorial Pamiela), La Isla (Mundos Posibles), Oficio de Frontera, de poesía. (Editorial Eclipsados). Y la reedición de Crónicas de Olvido (Libro y CD MUNDOS POSIBLES Ediciones). Sus poemas están incluidos en varias antologías entre las que destacamos: Ellas tienen la palabra (Editorial Hiperión), A Ciência do Adeus (Ediçoes pirata. Portugal), Feroces (DVD Ediciones), Antología de poesía erótica española e hispanoamericana (biblioteca Edaf), Campo Abierto (DVD Ediciones) y en la antología de cuentos: Pequeñas Resistencias (Páginas de Espuma).