

Era un día cualquiera, pero recordaré mucho tiempo cómo me sentí de bien, habitando en los poemas de mi amigo Luis Alberto.
Yo conocía a Luis Alberto hacía años, pero no había leído su poesía, pues de oír tantos- hoy pienso que “tópicos” sobre la misma... “si pertenecía a la poesía de la experiencia”, “una poesía desposeída de duende”...- no me apetecía abrir ninguno de sus libros.
Pero Luis Alberto educado, cortés, generoso y elegante donde los haya, un día me regaló su antología: Los mundos y los días (Poesía 1970-2002) con una dedicatoria amistosa: “Para mi querida amiga Juana Vázquez con la admiración y el cariño de Luis Alberto”. Madrid, 3 agosto 2007.
Nobleza obliga, y yo que viajo casi todos los días en metro desde La ciudad de los periodistas hasta Príncipe de Vergara, y que tengo fobia a este trasporte, pensé: bueno, ya que mi amigo me regaló esa antología me entretendré con ella en el trayecto. Y así sabré de primera mano, de que va su poesía. Además me olvido de este entorno tan cutre e impersonal del metro, y cuando lo vea le comento algo sobre la misma. Es de biennacidos ser agradecidos.
Abrí el libro y... ¡¡¡wwwooowww!!! entré en otro mundo, un universo en el que el misterio de lo cotidiano se ensamblaba con lo literario creando mundos a los que nunca había tenido acceso, y que eran un puro deleite, perturbador e inquietante. El poeta Luis Alberto había conseguido llevar la magia a lo del día a día, a lo culto, a lo libresco, a lo clásico, a lo maldito, a lo amoroso, a lo mítico, a lo erótico,... ¡¡Demasiado!! puedo decir, que cada vez que veía que me quedaban menos páginas para terminar la antología me entristecía, aquel placer se me agotaba, se me hacía corto, y eso que la obra tiene 452 páginas. Pues bien salí a cincuenta cada día, ya que cuando llegaba a mi cita, que es el Café Gijón- para una vez allí escribir- dejaba la escritura de lado para otro día, con el objetivo de seguir leyendo y releyendo sus poemarios. Me encontraba tan a gusto en aquel ambiente, que la mayoría de las poesías eran leídas siete y ocho veces, y es que era tan feliz en ese pequeño universo poemático que yo, de sí melancólica, me olvidaba de todo lo que me rodeaba. Fue una semana en la que viví en una dimensión gozosa y deseada. Gracias querido amigo, por esa parte de felicidad que te debo.
Hoy voy a señalar algunas de esas poesías que batieron el record de lecturas. Claro está el espacio que tengo para hablar de ellas me hará que aluda a unas pocas, cuando fueron centenas. Así de traidor es el espacio, por eso lo haré al azar, no quiero ser infiel a la inmensa mayoría de mis preferidas. Y obvio, he pensado volver a llevarme de nuevo la antología al metro, y eso que tengo compromisos con libros que deben ser leídos para futuras entrevistas, pero al ojear la antología me he enganchado de nuevo. Así que dejaré atrás “el debo” y lo cambiaré por “el quiero”. Es fuerte el deseo de vivir en esos mundos tan tentadores y a la vez tan reconocibles y cotidianos.
Sin más, voy a dar unas pinceladas de lo que fueron mis más intensas emociones en estas poesías.
Del libro La brisa de la calle: “La huida a Egipto”. “La pagaba para que me matase”...Seguí leyendo el poema y me transformé en esa mujer a la que el poeta quería convertir en su asesina. “Cogí un mapa de Egipto y las llaves de su coche”. Metida en el poema una lluvia roja quemó mi corazón. Me sentí otra.
Del mismo libro: “Sobre un tema de J.M.M”. “No quiero ser feliz. Estoy enfermo de haberlo sido tanto. Me fastidia/ que la gente me quiera y los dioses/ me protejan...” Os cuento: tuve unos días en que gocé mucho con mis acompañantes fieles, que son la tristeza y la desesperanza. Todos se transformaron en placeres. Dichoso poema, ojalá te quedaras en mi corazón clavado.
Del libro Los invitados: “La malcasada”. “Me dices que Juan Luis no te comprende/ que solo piensa en sus computadoras/ y que no te hace caso por las noches/ y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?/ ¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?/...Te quise como un loco. No lo niego./Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo/ era una reluciente madrugada/ que no quisiste compartir conmigo/...Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,/ píntate más, alisa tus arrugas/ y ponte ropa sexi, no seas tonta.” Y después de leer este poema yo me fui de tiendas y pensé en amores imposibles antiguos, y gocé mandando SMS a aquellos que me amaron y me monté una historia de desamor, e incluso casi casi pensé en un estúpido Juan Luis, y me dije que me pondría sexi por mi amor antiguo. Fue un tema inquietante, tenía cristaleras que daban hacia el palacio de Oriente, y se oían los cascos de los caballos cuando venía algún presidente o autoridad extranjera. Que bien se estaba sentada y tomando un gin tonic en este poema.
La herida oculta: “Vamos a ser felices”. “Vamos a ser felices un rato, vida mía,/ aunque no haya motivos para serlo, y el mundo/, sea un globo de gas letal...Felices porque sí.” Quizá no me entendáis, pero os juro que desde que viví en este poema por unos segundos, he sido feliz con su filosofía “de andar por casa” que es la mejor y más útil, y que he cerrado muchos días el balcón de la vida para no oler a gas letal y seguir instalada en la felicidad más allá de “diez minutos seguidos”.
El enemigo oculto: “El velo protector”. “Ha amanecido con nosotros dentro/ la vil realidad, y eso no puede ser bueno....que regresen las noche y sus estrellas a envolvernos/ en su velo fantástico y a darnos/ la sensación inútil de estar vivos.” Y ¿sabéis?... Desde ese momento no me encontré sola en el tedio de los días, y se abrieron las puertas de la noche, y dialogué con el poema. Así le dije: No, eso no. Hay que tragarse la noche con alcohol y humo ... Que me sirvan una copa y muchas más... que me sirvan la noche “desvelada” para guardar el velo y ponérmelo a la mañana siguiente, los días hay que tragárselos velados, sino se te atragantan.
Que no son los mejores poemas de Luis Alberto...claro que no, ni mucho menos. Que como estos tiene decenas y quizá centenas... Obvio. Pero tenía que darle cancha al azar, y quien sabe si estos poemas tienen entre sus versos balconadas interiores que no hemos visto...¡¡Ah, con esto de los duendes y los versos hay que andarse con mucho cuidado!!... Donde menos se piensa... salta “la belleza”.
(Salvaleón, Badajoz) Es doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid. Catedrática de Lengua y Literatura, ha publicado varios libros, entre ellos, una edición crítica de San Juan de la Cruz, El Madrid de Carlos III, El costumbrismo español del siglo XVIII, Zugazagoitia precursor de la novela social, y La Literatura del siglo XX. Asimismo, ha publicado los siguientes poemarios: Signos de sombra, En el confín del nombre, Nos+otros y Gramática de Luna. Su último libro, la novela Con olor a naftalina (2008). Por otro lado, ha colaborado en la Colección Historia de la Literatura Española e Hispanoamericana, en el libro Historia literaria en el siglo XVIII en el ensayo colectivo: El Quijote en clave de mujer/es, etc. Asimismo, ha sido crítica literaria en el suplemento Culturas de Diario16 y, en La Esfera, de El mundo, (suplementos desaparecidos). Lo fue también de ABCD, Cultural y de Tribuna en ABC. En la actualidad da clases de postgrado en la Universidad de Alcalá de Henares, y colabora en Cuadernos del Sur, Tribuna y Babelia de El País.