

Cada persona es muchas personas a la vez y de ellas sólo tenemos fragmentos, unas veces diamantinos y otras no. Así las aceptamos y las rechazamos, las amamos y las odiamos. Como en una secuencia fotográfica la persona va adoptando posturas y su imagen es alterada por el movimiento de la luz sobre esos fragmentos. Luis Alberto de Cuenca no es una excepción y desde que lo conozco he visto como sus muchas personas se correspondían –aunque- diferentes con el poeta, y eso me ha permitido acercarme siempre a él con la misma intensidad y distancia, sin ambigüedades ni ambages, sabiendo en todo momento que de todas sus personas nunca faltaría aquella más radiante, la del poeta.
En mi relación con él, que va siendo vieja como nosotros, siempre nos hemos visto “con Gastón al fondo”, inevitable, incluso cuando no tenía que estar. La primera vez fue a través de un hecho en el cual él no participaba. Gastón me mostró un artículo que había escrito a raíz del nombramiento de Luis Alberto como director de la Biblioteca Nacional española y me expresó su duda de publicarlo por los elogios que emitía. Temía que sus palabras fueran interpretadas como un gesto oportunista. No recuerdo en aquel entonces si ya se conocían, tampoco se lo he preguntado a Luis Alberto, lo que sí sé es que Gastón había conocido al padre de éste y tenía una alta consideración del mismo como intelectual y persona. No obstante el viejo poeta sí conocía el trabajo de Luis Alberto y rebosaba de alegría al reconocer en el vástago la imagen del padre.
Luego, cuando ya Gastón nos había dejado en 1997, Luis Alberto fue uno de los amigos que más apoyo dio a los reclamos por impedir que el autor de “El viajero” se fuera silbando solo La Barcarola de Los Cuentos de Hoffmann desde su exilio madrileño. El otro amigo fue Fernando Rodríguez Lafuente. Entre los tres se forjó una complicidad emocionante, sensible y productiva que permitió reunirnos en torno a Gastón en muchas ocasiones.
No recuerdo si llegamos a enviar el artículo al diario ABC que era adónde iba dirigido y tampoco he podido buscarlo en la papelería, sin embargo siento que desde algún lugar donde se encuentre, el eterno viajero Gastón Baquero nos acompaña en este homenaje a Luis Alberto con aquellas palabras escritas con su peculiar caligrafía, que describían a un hombre y a un poeta por encima de cualquiera de aquellas personas que llevamos a veces como membretes. El periplo ganador que ha realizado la poesía de Luis Alberto es el que nos muestra su mejor perfil viniendo hacia la luz, como los héroes griegos, y eso pareció verlo ese brujo que, como me apunta Luis Alberto en una dedicatoria, siempre se halla en el fondo de nuestras conversaciones.
(Cuba, 1957). Escritor. Ha publicado Coordenadas (poesía, La Habana, 1982); La cara en la moneda (poesía, La Habana, 1987); Los pies del invisible (poesía, La Habana, 1988); Preguntas a Dios (poesía, Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993) (poesía, antología, Madrid, 1993); Cuerpo divinamente humano (poesía, Madrid, 1999); La semana más larga (novela, Madrid, 2007). Ha ganado, entre otros, los premios David y Julián del Casal, ambos de la UNEAC. Dirigió la revista La Gaceta de Cuba, en La Habana. Es director editorial de la Revista Hispanoamericana de Cultura Otrolunes.